Hablar de la Virgen de la Paloma sin hacerlo de Mari Pepa de Chamberí sería dejarse algo. Cada año, esta artista castiza como pocas le canta a la patrona popular de Madrid para sus fiestas. Lo hace siempre en la Misa del 15 de agosto y uno de los días de la novena.
Hablamos con ella poco antes de la de este 2026, este martes 11 de agosto, en que se rezará por los castizos y por todos los madrileños.
—¿Quién es Mari Pepa de Chamberí?
—Una mujer que desde muy pequeña ha amado la música y ha tenido siempre la ilusión de cantar, de componer, y ser el día de mañana una artista con el afán principal de llevar sus sentimientos al público.
Sí. La música la lleva Mari Pepa en la sangre. Su padre era cantante de tangos, y su madre y su abuelo, amantes de la zarzuela. En su casa estaba «todo el mundo cantando», así que «te empapas de esa cultura». «Cuando seas mayor de edad, decides», le dijeron de chiquilla ante sus ímpetus musicales, y ella ahora lo agradece, porque esta «no era vida para niños» y así su carrera se consolidó de una manera más profesional y madura.

«Gata de varias generaciones»
Igual que la música, la Virgen de la Paloma está inscrita en su ADN. Su madre nació en el número 17 de la calle de la Paloma. Su padre, también de Madrid. Y sus cuatro abuelos, así que «soy gata de varias generaciones». La Paloma «era una más de la casa», y la parroquia, «como mi casa».
Y también san Isidro, el patrón de Madrid. De pequeña, cuando iban al cementerio de san Isidro, a la niña Mari Pepa le daba la sensación de que «era como otro abuelo mío».

Música de Madrid
Marí Pepa se inició en el mundo de la música con el folclore latinoamericano e incluso grabó tres discos en Holanda, donde estuvo viviendo tres años, de baladas adaptadas de temas de Mozart y Beethoven a los que puso letra. Pero ella tenía una «vocación muy pura y muy clara a poner en el candelero la música de Madrid».
Más de 35 años lleva dedicándose a la música tradicional y popular madrileña: pasacalles, chotis, pasodobles, cuplés… Y, siempre, pensando en la gente joven, llamando la atención «hacia lo nuestro». Así, su música y sus espectáculos se presentan para «atraer a las nuevas generaciones, no solo a los mayores». Y se ha ganado al público: «Me llena de orgullo ver en mis conciertos a gente muy joven, ataviada con ropa castiza».

Cantarle a la Paloma
«Yo a la Paloma la he amado desde siempre» y así cantarle cada año en su fiesta «es una emoción a veces incontrolable». «De un año para otro ya la echo de menos».
Hace cinco años, Mari Pepa grabó una Misa completa para la Virgen de la Paloma, una obra que se llama Música y Liturgia, con diez cantos más dos canciones dedicadas a la Paloma y a la Almudena (tradicionalmente conocidas como las patronas popular y oficial de Madrid, respectivamente).
Es la forma de orar que ella dirige a la Paloma para que intervenga en tiempos con tantos problemas sociales, para que haya «unidad y paz». Y ahora que va pasando la vida «le pido que me dé otro año más para poder ir a verla».

Cuando la artista se sitúa en el coro de la parroquia para cantar la Misa solemne, siente una emoción doble: porque le canta a la Virgen, y por la explosión de casticismo. Como canta-reza su Salve a la Paloma:
Este choti es un rezo en mi garganta
es la salve de organillo y de mantón
Virgen de la Soledad madre querida
a tus plantas con cariño y devoción
este pueblo de Madrid que te venera
los chulapos que te vienen a cantar
Por ser tú la más castiza y verbenera
Paloma, Paloma
por ser tú la más castiza y chulapona
Paloma, Paloma
Porque nuestro corazón a ti te nombra
La Reina de Madrid
En el caso de Mari Pepa, amor lo expresa con el arte. La música, afirma, llega más allá de las palabras y, además, se queda para las generaciones futuras. «Estoy orgullosísima de poder intervenir cada año» en las fiestas de la Paloma que ya se han convertido en una «gran familia».

Más gente de año en año
Mari Pepa da fe de que cada año hay más devoción a la Virgen de la Paloma. «En la procesión no cabe un alma y todos con muchísimo amor; la Paloma es algo nuestro y se la quiere de manera diferente». Y relata cómo «la gente le dice cosas que se dicen a un ser muy querido».
«La Paloma no está llena de perlas, rubís y mantones de oro; no tiene trajes de lujo». Es un cuadro». Y cómo se puede amar a un cuadro, le preguntan algunos. «No es el cuadro, es lo que hay ahí; esa Virgen tan humilde».
Esa Madre que, como señalaba el párroco, Gabriel Benedicto, al comienzo de estas fiestas, «no se cansa» de sus hijos y «vuelve a entrar por otro lado en nuestra vida». La Virgen quiso mirar a sus hijos y «se las arregló para estar en la calle de la Paloma», en un lienzo que fue encontrado por unos niños en un corral de La Latina lleno de trastos viejos.
Por eso, Mari Pepa anima a todos a acercarse estas fiestas a ver a la Virgen. «Como sea, vestido de castizo o de calle, con mayores, con pequeños para que esto continúe». Que vayan. «Hay que estar para sentirlo».

Mari Pepa de Chamberí en las fiestas de la Virgen de la Paloma
Martes 11 de agosto
- 20:00 horas. Canto de la Misa de la novena dedicada a los castizos
Sábado 15 de agosto
- 13:00 horas. Canto en la Misa mayor.
- 19:00 horas. Salve ante el cuadro de la Virgen
- 00:00 horas. Salve en la Plaza de la Paja
