|
• Bienvenido, Santo Padre Artículo del Emmo. Cardenal Rouco para suplemento del ABC - 3 NOVIEMBRE 2010
Documentos:
• Web de la C. E. E. de la Visita del Papa Benedicto XVI
Bienvenido, Santo Padre ARTICULO DEL EMMO. CARDENAL ROUCO PARA SUPLEMENTO ABC - 3 NOVIEMBRE 2010
Estamos a punto de recibir la segunda visita del Papa Benedicto XVI a España, cuando nos preparamos ya también para la tercera, que será, Dios mediante, en agosto de 2011, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid. ¡Cuánta gratitud sentimos por el desvelo y el cariño del Vicario de Cristo por nosotros, por esta porción de la Iglesia Católica que peregrina en nuestra Patria! En el corto espacio de cinco años, Benedicto XVI se habrá acercado tres veces a nosotros para confirmanos en la fe.
En 2006 le recibimos en Valencia, para el V Encuentro Mundial de las Familias. La Jornada de agosto de 2011, en Madrid, también será una convocatoria de alcance universal. Pero ahora el Papa viene particularmente para España. Donde está el Sucesor de Pedro, está siempre también toda la Iglesia. Sin embargo podemos considerar que los próximos días 6 y 7, en Santiago de Compostela y en Barcelona, es a nosotros a quien se dirige especialmente. Acojámosle y escuchémosle con amor particular.
El Papa viene a Santiago con motivo del Año Santo Compostelano. Su presencia, como peregrino, a los pies del Apóstol refrescará la conciencia del hondo sentido jacobeo de nuestra historia como Iglesia y como Pueblo. España, en efecto, no se entiende sin Santiago. De aquel gran Amigo del Señor recibimos la fe cristiana; una fe que, tras las vicisitudes de la Alta Edad Media, recobró vigor en la recuperación llevada a cabo por los reinos cristianos, que culmina en una nueva concordia y unidad política, de trasfondo católico, y en la proyección de la cultura hispana al Nuevo Mundo, como parte integrante de una de las mayores empresas evangelizadoras de la historia de la Iglesia.
Ciertamente, lo español no es lo mismo que lo católico. La verdad propia de la fe cristiana ha exigido siempre, aunque con diversas expresiones históricas, la distinción entre la ciudad de Dios, o el ámbito religioso, y la ciudad terrena, o el ámbito de las realidades seculares. Es necesario dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Por eso, promoveremos siempre modelos de convivencia que respeten la justa autonomía del orden temporal y, por tanto, la libertad religiosa. Pero también sabemos que, si se quiere servir de verdad al ser humano, ninguna sociedad puede prescindir de su alma espiritual. Mirando a Santiago propondremos siempre de modo renovado el Evangelio de Jesucristo, que nos llegó por el Apóstol, como el trascendente aliento vital de nuestra cultura para hoy y para el futuro.
En Santiago es patente que la cultura española no puede entenderse más que en el marco de la europea, así como “Europa nace peregrinando”, en particular, a Santiago. Los peregrinos que llegaron a ella - hoy representados por el Papa peregrino - venían desde todo el Continente para reencontrar las fuentes de la justicia, de la libertad y de la vida eterna que los primeros misioneros procedentes de Roma o de Bizancio habían hecho brotar por todas partes en el suelo europeo. En Barcelona Benedicto XVI consagrará el templo expiatorio de la Sagrada Familia, obra cumbre del genial arquitecto, el siervo de Dios Antonio Gaudí. Los ocho esbeltos campanarios de las fachadas del nacimiento y de la pasión dibujan un perfil bien conocido en todo el mundo. A ellos se unirán los cuatro de la fachada de la gloria, completando el simbolismo de los doce apóstoles. Y superando a todos estos en setenta metros - hasta alcanzar los ciento setenta - se elevará sobre el crucero la torre de Jesucristo, acompañada, sobre el ábside, por la de la Virgen María.
En el origen de esta maravilla se halla la fe viva de una iglesia local cuajada de santos, entre los que hay que mencionar a san José Mañanet, fundador de los Hijos e Hijas de la Sagrada Familia. Ellos sintonizaron con el magisterio de León XIII que precisamente en 1891, cuando se terminaba la cripta que hoy alberga la tumba de Gaudí, publicaba su encíclica Rerum novarum. El mismo Papa que, en 1893, instituye la conmemoración litúrgica de la Sagrada Familia.
Es urgente la comprensión y la difusión de la doctrina social de la Iglesia acerca de la familia. La concepción natural y cristiana del matrimonio y de la familia permite asentar bien las bases del orden social en justicia y libertad. En la familia es convocada cada persona a la vida y en ella encuentra el ámbito adecuado para configurar su identidad personal. El Estado y la Iglesia deben reconocer la prioridad de la familia y ponerse a su servicio, sin preterirla ni suplantarla.
“El individualismo y el colectivismo, extremismos ideológicos sufridos por el siglo que termina - decíamos los obispos en 1999 al echar una mirada de fe al siglo XX - han atenazado a la familia dificultando notablemente su desarrollo equilibrado.” Y pedíamos el perdón de Dios por este grave pecado, acerca del cual todos hemos de hacer un serio examen de conciencia.
La situación no parece que haya mejorado entre nosotros. Este año se han cumplido cinco años de la nueva regulación del matrimonio en el Código Civil, que ha dejado de reconocer y de proteger al matrimonio en su especificidad propia, en cuanto consorcio de vida entre un varón y una mujer. También este mismo año ha sido aprobada una nueva ley que supone un serio retroceso en la protección adecuada de la vida de los que van a nacer.
En el misterio de la familia de Nazaret se encierra la revelación del amor divino que llega a cada ser humano de un modo particular a través de las relaciones humanas básicas de esponsalidad, paternidad, maternidad, filiación y fraternidad. Es necesario celebrar con una belleza semejante a la que resplandece en el templo barcelonés la alegría de ese misterio divino y humano.
Gracias, Santo Padre, por venir de nuevo a nosotros. Escucharemos sus palabras como escucharíamos al mismo Señor. Celebraremos con honda alegría el misterio de la fe, presididos por el Obispo de Roma, centro de la comunión de toda la Iglesia en la caridad y en la doctrina apostólica. ¡Bienvenido, Santo Padre!
|