CRUCIFICADO DE LA
BUENA MUERTE
OBRA DOCUMENTADA
1621
TALLA EN MADERA POLICROMADA
170 CMS
CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE LA CONCEPCIÓN LA REAL DE LA ALMUDENA MADRID
La iglesia del Colegio Imperial de Madrid, así llamado por ser fundación de la emperatriz viuda María de Austria, hermana de Felipe II, se construyó en el siglo XVII prácticamente en el mismo emplazamiento de la primitiva iglesia jesuítica madrileña. Diseñada por el padre Bustamante en 1562 fue consagrada cuatro años después para inaugurarse solemnemente en 1567, año en que se instaló el retablo mayor.
Tradicionalmente la imagen del Crucificado se atribuía al jesuita Domingo Beltrán. Poseemos noticias añejas acerca de su persona, incluso de autores contemporáneos aunque, a pesar de ello, su formación artística sigue siendo hoy en día algo oscura. Se sabe que nace en Vitoria en 1535 y que ingresa en la Compañía de Jesús en el Colegio de Alcalá de Henares en abril de 1561. Las primeras noticias de su quehacer artístico las poseemos entre los años de 1564 y 1570, donde trabajó como escultor en el Noviciado de Medina del Campo, sitio al que fue trasladado. Este dato puede documentarse pues en los catálogos su oficio se considera de «entallador», «escultor» o «imaginero». Su obra denota un claro gusto por lo italiano y el clasicismo aunque no parece verosímil que se formase en Italia, al menos antes de profesar como jesuita. Sin embargo consiguió su aspiración de viajar a Italia en el año 1569. De sus obras conocidas en Medina del Campo, Alcalá, Toledo o Murcia, se desprende que el estilo del Crucificado de Madrid no encaja con el Hermano Beltrán.
El docto investigador López Martínez puso en relación aquel contrato con la imagen del Cristo de los Desamparados que preside la capilla sacramental del templo conventual hispalense del Santo Ángel de la Guarda, aunque Hernández Díaz la cree obra de Martínez Montañés y fechada en 1617. Esta atribución resulta definitivamente descartada tras el estudio de Mrs. Proske, que confirma su tradicional adscripción a Montañés. Además, en el contrato se especifica que ha de entregarlo «en su cruz tosca y con su diadema».
La primera persona en atribuir firmemente la imagen al escultor cordobés Juan de Mesa fue Mª Elena Gómez Moreno quien lo compara con dos de sus obras sevillanas, el Cristo del Amor, al que se parecen las silueta y el sudario, y el Cristo de la Universidad, conocido también como de la Buena Muerte –la Universidad se ubicó en la antigua Casa Profesa de Jesuitas-, en base a la similitud que presentan sus cabezas. Esta historiadora plantea la hipótesis de que el Cristo de Madrid corresponda al que se le encargó a Mesa en 1621 conforme al de la Casa Profesa de esta ciudad, refiriéndose a Sevilla, en el contrato efectuado con el pintor Jerónimo Ramírez, quien debió actuar de mediador; en este sentido cree que el estilo resulta acorde con la fecha –inmediata a la del Cristo de la Buena Muerte- y que al ser un encargo para la iglesia de la Compañía de Jesús lógicamente se tomase como referencia el de la Casa Profesa de Sevilla.
Anteriormente, sólo Elías tormo abrió las puertas a una nueva discusión sobre este Crucificado al relacionarlo con el ambiente andaluz cercano a la personalidad de Juan Martínez Montañés, aún cuando no descarta totalmente la tradicional atribución a Beltrán.
En base al estudio histórico-artístico realizado por Teresa Gómez Espinosa, previo a su restauración en Madrid, realmente, al encontrarnos ante esta imagen de Cristo resulta difícil creer que sea obra del siglo XVI. Sin embargo, estamos de acuerdo con Mª Elena Gómez Moreno en que responde por sus características al estilo y a la manera de hacer de Mesa. Hernández Díaz opina lo mismo y cree también que debe identificarse con el encargado a Mesa por el pintor Ramírez el 16 de marzo de 1621, contrato del que publica algunos fragmentos: … la hechura de una escultura de Jesús Crucificado, del natural…, que se haría en el plazo de seis meses y su precio sería de 122 ducados, de lo que abonaron 300 reales de plata al contado, la misma cantidad que se abonaría … en estando que esté devastado y en buen punto para acabar…, dejando el resto a pagar cuando la escultura estuviese finalizada. El Cristo debía ir sobre una cruz tosca (arbórea) y llevar diadema. Se especifica en las condiciones que debía ser como el de la Casa Profesa y termina diciendo que se acabase conforme pide el arte, como suele ser habitual en estas tipo de conciertos.
Recapitulando, el pintor Jerónimo Ramírez pactaba con Mesa –el 16 de marzo de 1621- la hechura de una escultura de Jesús Crucificado, del natural, en plazo de seis meses, precio de 122 ducados (de ellos se abonaron 300 reales de plata al contado, otra cantidad igual «en estando que esté devastado y en buen punto de acabar» y el resto cuando se rematase), cruz tosca y diadema. Gran impacto debió ejercer el Crucificado de la buena Muerte de la capilla Universitaria –modelo que se impone-, pues además de éste, se exigió su imitación en otro concertado entre Mesa y el pintor Antonio Pérez, en 1627.
Seguramente, este Cristo fuera realizado para don Francisco de Tejada y Mendoza, presidente de la Casas de la Contratación entre 1616 y 1618 pasando posteriormente a ser miembro del Consejo de Castilla y residir en Madrid, siendo el pintor Ramírez un mero mandatario. Esto es comprensible pues tanto él como su familia mantuvieron estrecha relación con los jesuitas e, incluso, el padre Juan Bautista de Poza dedica una publicación de 1629 titulada Práctica para ayudar a bien morir en la cual recomendaba la imagen del Cristo Crucificado. Poco después, en 1633, Francisco Tejada decide fundar una capilla en la iglesia del Colegio Imperial y ubicar en ella la imagen que poseía en el oratorio privado de su vivienda.
Esta capilla era la tercera del costado de la Epístola y fue trazada por Juan Bautista Crescenzi, quien la dota de un camarín como ubicación de la escultura. Sin embargo, hasta que los jesuitas no tomaron por propia esta capilla, esto es, en 1671, no se remata su construcción y ornato con lienzos de Francisco Ricci y pinturas al fresco de Claudio Coello. Es más para compaña del Santo Crucificado se encarga a Pedro de Mena las efigies de la Virgen Dolorosa, San Juan y Santa María Magdalena. Prueba del aspecto del retablo que debía ofrecer la capilla de Cristo es el grabado de Bernabé Palomino, todo ello con el marco ostentoso de un retablo barroco de columnas salomónicas, ángeles niños desnudos, dos arcángeles y Dios Padre bendiciendo sobre el gran arco que cobijaba al Cristo.
En 1708 y 1767, la Congregación de los Dolores y de la Buena Muerte ejecutaba sus ejercicios en la capilla. Por ejemplo, en la «Descripción de la Real Colegiata de San Isidro hoy Catedral de Madrid» se dice al respecto, cuando se describe la Capilla de los Dolores: … Dentro de la cancela se encuentra el magnífico retablo dorado aunque muy recargado de adornos. Al final de las gradas, que por cierto no corresponden, al conjunto del altar, se encuentra un grandioso Calvario, ejecutado por el hermano Beltrán y por Pedro de Mena y lo compone la imagen de Nuestro Señor en la Cruz, la Magdalena arrodillada a los pies del Salvador, la Santísima Virgen llorosa y con una espada en el pecho y San Juan Evangelista siendo todas las figuras de tamaño natural, llamando justamente la atención por la expresiva actitud de cada una.
En 1936, debido al estallido de la Guerra Civil, se incendia la iglesia, sufriendo la capilla grandes pérdidas como el conjunto figurativo de Pedro de Mena que acompañaba al Crucificado. Éste, sin embargo, sufre daños irreversibles en las piernas, llegando a perderlas casi íntegramente aunque se salvó milagrosamente de la quema total ya que fue desplazada desde el camarín a un lugar de importancia secundaria.
La cuarta representación que ejecutó Mesa de Cristo en la Cruz se apoya formalmente en la realizada para los jesuitas de Sevilla, dato, por otro lado, muy recalcado en el contrato con el que la imagen se identifica. Al igual que el hoy titular de la hermandad de los Estudiantes, la cabeza, ya inerte, cae hacia su derecha ostentando el rostro una belleza comedida sin expresar en su totalidad el patetismo de su reciente óbito. Se sostiene a la cruz arbórea mediante tres clavos, nota común en la representación Mesina del Crucificado. Éste sí poseyó en origen la corona de espinas tallada sobre el bloque craneal, a diferencia con el comentado de la Buena Muerte de Sevilla. Así mismo la cabellera de la zona izquierda se mostraba muy despejada y con un mechón que, tras su intervención, se comprobó que no era original. Esta misma situación acaeció en con las piernas. Destacable es el comentario de la conservadora y científica Areaceli Gabaldón acerca de esta parte de la hechura: «cuando el Cristo llegó, en 1993, los restauradores notaron algo raro en las piernas, como si la calidad fuera distinta. Ese detalle era imperceptible para un profano, pero la radiografía desveló que la talla ya había sido restaurada».
El sudario está constituido por abundantes y elaborados pliegues. Se recoge con un grueso nudo en la cadera derecha y queda equilibrado a la izquierda, creando un efecto de gran movimiento. Está relacionado con el que Mesa, en 1619, coloca en el Crucificado del Amor.
Gracias a la sistemática restauración realizada en 1993, hoy en día podemos asegurar que la zona de las piernas desde las rodillas a los pies no son originales pues fueron sustituidas en algún momento que no podemos concretar tras el incendio acaecido en 1936.
Este Crucificado se ha destinado hoy a ocupar un lugar preferente, presidiendo el presbiterio de la madrileña Catedral de la Almudena.
APÉNDICE DOCUMENTAL
Sevilla, 1621, marzo, 16
Contrato entre Juan de Mesa y Jerónimo Ramírez, vecino de Sevilla en la collación de la Magdalena, para la hechura de un Cristo conforme al de la Csa Profesas de la Compañía de Jesús de dicha ciudad
Archivo de Protocolos Notariales de Sevilla, oficio 22
(LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: Desde Martínez Montañés a Pedro Roldán, Sevilla, 1932, Pág. 76)
yo juan de mesa escultor uezino en la collación de san martin otorgo en favor de geronimo rramires uezino en la collación de la madalena y digo que por quanto yo soy convenido y concertado con el susodicho de hazer una hechura de un chisto del natural conforme al questa hecho en la compañía de jesus en la casa professa desta ciudad de seuilla acabado de toda perfeccion conforme pide el arte en presio de ciento e veinte e dos ducados y me obligo de lo dar y entregar al dicho eronimo rramires de oy dia de la fecha en seis meses cunplidos e destos 122 ducados abeis de ser obligado de me dar a pagar luego de contado tressientos rreales de plata en presencia del escribano publico e testigos desta carta – y otros tressientos rreales en estando queste desbastado y en buen punto para acabar y lo demás rrestantes luego como lo tenga acabado – y la dicha echura de xpo que ansi tengo de hazer la tengo de dar puesta en su cruz tosca y con su diadema todo en la perfeccion y como dicho es y si a el dicho plazo no cunpliere y obiere acabado de hazer la dicha hechura el dicho geronimo rramires a de poder mandar hazer otra hechura de xpo en la parte o lugar que les paresciere o buscar persona oficial o maestro que lo acabe y se concertar por ello en la cantidad o cantidades que le paresciere e por ello e las cosas me a de poedr executar con solo su juramento o de quien su poder obiere

