Sigue su huella

Queridos hermanos:

Cuando se acerca el día de la Ascensión del Señor, recordamos que ese día en el que Cristo se despide de los que han sido sus compañeros, sus amigos, sus confidentes, es sin duda para Él un momento de nostalgia y para los apóstoles fue un momento duro, en el que quizá se preguntaron cómo afrontar la vida sin su Señor.

Al vivir el Evangelio, siguiendo a Cristo, a su Maestro, habían encontrado una alegría y una paz que los mantendrían y ayudarían a vivir las dificultades y contrariedades de la vida. El Señor hizo de ellos discípulos y los invitó a seguirle, desde sus limitaciones pero también con ánimo y generosidad, renunciando a todo los que les ataba en esta vida. Le siguieron y se convirtieron en testigos valientes de Él.

Desde del día de la Ascensión, los apóstoles llevaron el mensaje de su Maestro hasta los confines de la tierra y predicaron incansablemente, a tiempo y a destiempo, con su palabra y con su vida, la buena noticia del amor de Dios por la humanidad. Fueron constituidos misioneros, portadores de la paz y de la misericordia del Señor.

Hoy, los misioneros son esos apóstoles que escucharon la invitación de Jesús a seguirle y, siguiéndole, descubren que vale la pena dedicar la vida entera a llevar la luz de la fe a todos los hombres, de cualquier raza, color, cultura, condición. Los misioneros, como aquellos primeros, han puesto la vida entera en manos del Señor que los está conduciendo por situaciones y condiciones que nunca hubieran podido esperar.

El día de la Ascensión del Señor es, en Madrid, el día en el que recordamos de modo particular a nuestros misioneros, a los que han partido de nuestra diócesis. Son más de 600 repartidos por todo el mundo. Cada uno de ellos es un don con el que el Señor ha querido bendecir a los hombres a los que han sido enviados, pero también lo es para nosotros, que nos admiramos y nos alegramos de su trabajo generoso y, muchas veces, complicado. Cada uno de ellos es un milagro de la gracia; contando con sus limitaciones y pobrezas, son verdaderos instrumentos de la paz y del amor de Cristo.

Este año se nos propone este lema Sigue su huella. Seguir la huella del Señor que nos llama a avanzar por donde El avanza. Pero también se nos invita a seguir la huella de los misioneros que le siguen ya y andan por delante de su gente indicando el camino para llegar a Dios.

En esta jornada sentid todos los madrileños la urgencia de rezar por ellos y por su misión. Dad gracias a Dios por su vida y por su trabajo. Ayudemos a nuestros misioneros con su tarea apostólica, con nuestra oración, pero también con nuestra aportación económica.

¡Cuánto me gustaría que los jóvenes madrileños contemplaseis con ilusión la vida de estos hombres y mujeres que van por delante y, con la ayuda de la lglesia y de la oración, descubrieseis vuestra vocación al apostolado y a la evangelización de nuestra diócesis! Pero al mismo tiempo, pensad que Dios sigue necesitando de hombres, de mujeres que, dejándolo todo, salgan de nuestra tierra para llevar a los confines de esta tierra, a las periferias de nuestro mundo, la luz y la alegría de la fe. Ved esta invitación como una vocación a la misión que viene de Dios.

Ponemos esta jornada de Madrid con sus misioneros en manos de la Virgen, nuestra Señora, bajo la advocación de la Almudena, Ella es la Reina de las misiones y de los misioneros. Cuida, Virgen María, a aquellos que dejándolo todo han decidido convertirse en el mundo en dadores y continuadores de la labor más grande, como es llevar a los hombres el mensaje de su Hijo Jesucristo.

Con gran afecto os bendice,

Carlos Card. Osoro Sierra. Arzobispo de Madrid.

Sigue su huella

Mis queridos misioneros y misioneras madrileños:

Se va acercando el fin de este tiempo de Pascua, en el que estamos descubriendo en cada uno de nosotros la presencia de ese Dios que está vivo y que nos hace vivir.

Durante este tiempo, ¡qué bien nos viene contemplar a Jesús que nos enseña a avanzar en el camino de la santidad! Es en este tiempo en el que cada uno de nosotros nos reafirmamos al encontrarnos con Jesús Resucitado en el camino de nuestra vida, que nos dice soy yo, y que nos pregunta: «¿Por qué tenéis miedo y duda? ld y anunciad que he resucitado».

Jesús quiere discípulos misioneros. Vosotros, los misioneros madrileños que estáis por todo el mundo, sois unos privilegiados a la hora de entender ese deseo: sois misioneros porque sois sus discípulos, pero también sois sus discípulos porque sois misioneros.

Este año, para el día en el que la diócesis de Madrid os va a recordar de modo particular, en el día de la Ascensión del Señor, la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal propone como lema: Sigue su huella. Vosotros habéis seguido la huella del Maestro, y os ha constituido sus discípulos. Vosotros un día oísteis su voz diciendo: «Ven y sígueme>» y vuestros grandes ideales, junto con las limitaciones propias de todo ser humano, os pusisteis en camino, siguiendo sus huellas. Gracias por vuestra entrega. Gracias por vuestra pasión por Cristo. Gracias por contagiarnos el deseo de salir de nosotros mismos, caminando siempre hacia los demás. En vuestro trabajo misionero estáis invitando a los hombres y mujeres con los que os encontráis a seguir la huella del Señor. Por eso sois misioneros, nos os conformáis con seguir a Jesús, sino que con vuestra vida y vuestra palabra animáis a todos a seguir esa huella que nos llevará a todos a la plenitud.

Ojalá hoy, en nuestra querida diócesis de Madrid, muchos jóvenes quieran seguir vuestras huellas. Ojalá muchos corazones jóvenes rompan con la inercia de mirar desde la barrera, como dice el Papa Francisco, para ver lo que hacéis y trabajáis, y sigan vuestro ejemplo de vida y de entrega al Señor.

Es cierto que Madrid y los madrileños somos generosos con la tarea misionera de la lglesia. Así lo reconocen quienes trabajan en el campo de la animación misionera en España y en Roma. Pero no podemos bajar los brazos, porque una tercera parte del mundo es misión. Es verdad que hoy hay más de 600 madrileños trabajando en todos los continentes por llevar el Evangelio a los hombres, pero no podemos dejar de pensar que cada vocación misionera es un regalo que el Señor hace, no solo a quienes son enviados, sino también a nuestra diócesis que tendrá en aquel sitio una mujer, un hombre, al que se sentirá profundamente unido.

Con esta carta quiero deciros, como padre y pastor: gracias. Sí, gracias por haber seguido la huella del Señor con valentía y generosidad. Gracias por llevar al mundo la luz de la fe y de la alegría del Evangelio.

Os encomiendo a la Reina de las Misiones, bajo la advocación de Santa María la Real de la Almudena, a quien vamos a dedicar un año santo, muy especial, a partir del mes de junio, con motivo del XXV aniversario de la consagración de la catedral. Encomendadme a mí, a mis obispos auxiliares, al delegado diocesano de Misiones y sus colaboradores, y a nuestra diócesis madrileña.

Con todo afecto os bendice,

Carlos Card. Osoro Sierra. Arzobispo de Madrid

Sigue su huella

Queridos padres y familiares de los misioneros y misioneras madrileños:

Uno de los compromisos que tomé desde que llegué a la diócesis es escribiros a todos vosotros con motivo de la Jornada del Misionero Madrileño, que como sabéis es el domingo de la Ascensión del Señor. Es un compromiso que hago con gusto, porque para un pastor de la lglesia no hay un peso tan bonito como el de saber que, hijos de nuestra diócesis, como son los misioneros y misioneras, están trabajando para llevar la alegría del Evangelio a los hombres y llevar a los hombres a Dios.

Vuestros hijos, hermanos, sobrinos, son un tesoro para la lglesia y lo son también, en este caso, para la diócesis de Madrid. Ellos han escuchado la voz del Señor cuando  justo antes de ascender a los cielos, envía a los apóstoles a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Ellos escucharon su voz, su mandato y le respondieron con alegría y generosidad. Porque me lo cuentan ellos, sé cómo les cuesta regresar a su patria y abandonar su trabajo allá en la misión. Son hombres y mujeres que desean gritar y anunciar con su vida lo que para ellos es su mayor tesoro: Jesucristo.

Sigue su huella es el lema elegido para la jornada de este año; realmente es una invitación a seguir al Maestro que los misioneros están viviendo con fortaleza y disponibilidad, pero, en su caso, lo grande no es solo que están siguiendo la huella del Señor, por caminos lejanos, sino que han hecho de su vida una llamada a todos los hombres a seguir esa huella y convertirse todos en discípulos de Jesús. Los misioneros, nuestros misioneros, vuestros familiares que están en la misión, son apóstoles de apóstoles. Su apostolado es una invitación constante a hacer nuevos apóstoles que sigan a Jesús y le lleven allí donde van. Mucho tenéis que ver vosotros en esta misión. Gracias.

Vosotros, cuando recibís a estos misioneros que vienen de paso, de vacaciones, de descanso por Madrid, también estáis haciendo ese recorrido, ese seguimiento que os exige ser generosos y desprenderos no de cosas, no de bienes, sino de vuestros seres queridos a los Que echáis de menos, pero estoy seguro de que estáis orgullosos y alegres de saberlos trabajando por el Reino de Dios y por el Evangelio.

Os pongo en manos de la Virgen de la Almudena, Reina y Señora de las Misiones. También yo cuento con vuestras oraciones por mí, por mis obispos auxiliares, por el delegado diocesano de Misiones y sus colaboradores, y por los proyectos de la diócesis.

Con gran afecto os bendice,

+ Carlos Card. Osoro Sierra. Arzobispo de Madrid

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