Nos reúne san Isidro, amigo fuerte de Dios, que expuso su vida para mostrar el rostro de Dios. ¿Cómo? Os voy a hablar de la alegría, de esa alegría que se siente cuando experimentamos la misericordia de Dios. Cuando escuchamos esta palabra, misericordia, todo cambia; pues un poco de misericordia hace que nuestro mundo y nuestras relaciones sean menos frías y más justas. Os invito hoy a todos los madrileños a comprender en esta fiesta de san Isidro lo que es la misericordia de Dios. Con su vida y sus obras nos la muestra y nos la regala este amigo fuerte de Dios. La misericordia no es entregarse a una emoción pasajera y dulzona que nada cambia en la vida.
Cuando la misericordia es la de Dios y se recibe de Dios, se nos pone en condiciones para hacer de este mundo una gran familia, que vive el calor de hogar, que se hace menos duro y más respetuoso con cada persona, pues se impregna todo del amor incondicional de Dios a todo ser humano, esté como esté. Captemos este amor. Creamos o no, Dios se acerca a nuestra vida. Dios no ha muerto, está vivo, ha resucitado. Yo no os hablo en nombre de un muerto que vivió hace XXI siglos, os hablo del Dios vivo y verdadero revelado en Jesucristo que por gracia me hizo su testigo. Este rostro de amor misericordioso quisiera que lo experimentarais hoy todos los que estáis conmigo en la colegiata de San Isidro (o en la pradera). Misericordia es la palabra que revela verdaderamente a Dios mismo. Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. El rostro de la misericordia es Jesucristo, que nos llama y quiere que nosotros seamos sus rostros. La misericordia es la manera que Dios tiene de mirar al hombre y de tratar con él en todo lo que le constituye, le mantiene y le hace ser.
Mirad y contemplad al Santo, a san Isidro. En san Isidro descubrimos que la misericordia de Dios es don sin reserva de sí mismo, que se da al hombre, le da su existencia, su libertad; le cura del pecado y le hace participar de su propia vida. Nos viste de su misericordia. ¿No es este vestido el que encontraban en tiempos de san Isidro quienes llegaban a este lugar y veían las obras que Dios realizaba a través de él?
Hoy nos reúne la fiesta de nuestro patrono de Madrid, san Isidro Labrador. Hacemos memoria de un amigo fuerte de Dios, que dejó una huella de tal calado que ha traspasado fronteras. Su trabajo en el campo, las relaciones mantenidas con quienes se encontraba y con quienes venían en ayuda suya, convirtieron su casa y sus campos en un lugar de encuentro, en una casa común, en la que quien llegaba no se sentía forastero, advenedizo o un estorbo; sentía y percibía que era de su familia. Hizo verdad, lo que muchos siglos después, con palabras muy bellas, nos dice el Concilio Vaticano II: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo».
En san Isidro se revela que es amigo de Dios por la fuerza que en su vida tiene la acción del Espíritu Santo. En su persona se revela Pentecostés. Entre otras cosas por el conocimiento vivo que tiene de Jesucristo, que le hacía vivir en tono pascual y que se manifiesta estas realidades: a) Sabe vivir teniendo las puertas de su vida totalmente abiertas para que todos pudieran entrar; b) Precisamente por ello, nunca tuvo miedos; bien sabía él que los miedos llegan a la vida cuando queremos guardar algo por nuestras fuerzas, él todo lo ponía para que lo guardase Jesucristo, de ahí su generosidad y caridad absoluta para todos los que se acercaban a su vida; c) Era este modo de entender la vida, que le daba Jesucristo y la fuerza del Espíritu Santo, que tenía y daba paz, la que tiene un rostro que es Cristo; d) Su vida estaba llena de alegría que contagiaba a quienes vivieron con él, una alegría que no venía de sí mismo, sino de saberse salvado, querido, ayudado, conformado por Jesucristo; e) Y todo lo anterior le hizo vivir como discípulo misionero; su trabajo, su tarea, su familia, quienes se acercaban a él, todas sus relaciones y trabajos, los vivía como alguien que se sabía enviado por Cristo para regalar la Buena Noticia.
Os invito a contemplar a este amigo fuerte de Dios que es san Isidro en tres dimensiones de su existencia:
San Isidro siempre estuvo viviendo en comunión con Jesucristo. El mismo Jesucristo que se hace ahora presente en el misterio de la Eucaristía. De lo que él se alimentaba daba. Se alimentó de Jesucristo y dio a Jesucristo. Creemos como san Isidro en Madrid una cultura inédita, la del encuentro, donde todos tienen espacio y lugar y donde todos miramos a quien más lo necesita. San Isidro, ruega por nosotros. Amén.
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