Alocuciones

Martes, 09 junio 2026 11:03

Discurso del cardenal José Cobo en el Encuentro con los Voluntarios con el Papa León XIV

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Santidad:

Gracias es la mejor palabra y la oración con la que le despedimos Santo Padre. Al concluir estos días intensos llenos de encuentros y de intensidad, venimos aquí para elevar una acción de gracias con muchos de los voluntarios y voluntarias que han hecho posible cada momento. Nos sale del corazón hacer nuestras las palabras de María con toda nuestra diócesis: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador».

Ese es hoy nuestro canto. Cuando María canta no habla primero de sí misma. Habla de lo que Dios ha hecho. Y eso queremos hacer hoy nosotros. Es el canto sencillo de quienes se han atrevido a alzar la mirada y han dado lo mejor de sí desde el momento en que se les comunicó que el Papa venía a visitarnos. Por eso hemos podido vivir realmente una experiencia de Iglesia misionera y en comunión.

Durante estos días hemos visto rostros emocionados, jóvenes buscando sentido, familias rezando juntas, sacerdotes entregados, voluntarios felices desde primera hora hasta el final de cada jornada. Y hemos alcanzado a ver algo muy importante: que la Iglesia vive cuando sirve, cuando se entrega y cuando lo hace unida mirando juntos al mismo horizonte misionero. Por eso hoy queremos presentar las maravillas que el Señor hace cuando damos con gratuidad, y cuando servimos a los otros en lo escondido alzando la mirada.

Como María en Nazaret, aquí habéis venido una representación de los muchos que habéis trabajado en silencio, sin buscar reconocimiento, pero haciendo posible el milagro del encuentro, de la acogida y de la comunión, y poniendo en el centro a las personas concretas, especialmente a las más frágiles y olvidadas. Gracias a vosotros proclamamos la grandeza del señor y sus maravillas porque Dios mira lo pequeño y lo oculto. Sabemos que quizá lo más evangélico de esta visita no ha sido lo que apareció en las pantallas, sino la cantidad de amor escondido que la sostuvo por medio de vosotros, voluntarios.

Así, Santidad, hemos tenido, una vez más, la gracia de contemplar el rostro más hermoso de la Iglesia: el de unas manos que sirven con alegría. Gracias por ayudarnos a levantar la mirada y ver la grandeza del Señor. Gracias por recordarnos que el Evangelio sigue teniendo fuerza para tocar el corazón de nuestras ciudades y abrir caminos de fraternidad en medio de un mundo cansado de divisiones y ruido.

Ahora seguimos caminando como diócesis, siendo «más pueblo» gracias a su paso entre nosotros. Como María guardamos lo vivido en el corazón y nos ponemos en marcha con todos los procesos que se han emprendido Rece por esta Iglesia que camina en Madrid, para que nunca pierda la alegría del Evangelio ni la sencillez de los pequeños. Nosotros no dejamos de rezar por usted y su ministerio, y ahora con más fuerza, pues el encuentro de estos días ha reforzado nuestra vinculación a Pedro.

Santidad:

Cuente siempre con nosotros y gracias por poder proclamar juntos la grandeza del Señor.

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