Querido Santo Padre; queridos hermanos en el episcopado, autoridades, amigos de la cultura, la universidad, la empresa y la sociedad, querido pueblo de Madrid:
Como si de una gran vidriera se tratase, si miramos a cada uno de los cristales no encontramos el sentido del color y de la belleza, pero si alzamos la mirada y vemos el conjunto, entonces todo cobra sentido. Hoy somos como esa vidriera inmensa atravesada por la luz.
Alzamos la mirada animados por su presencia, Santidad, para salir de nosotros mismos e intentar hacer un mundo mejor, más justo y bello.
Nuestro tiempo presenta una grieta peligrosa: la falta de preguntas y de sentido. Frente a esto, Santidad, somos llamados a buscar respuestas juntos; a unir fragmentos dispersos de la realidad —como piezas de esa gran vidriera— para devolver la luz a la humanidad. En definitiva, la auténtica misión de la Iglesia es anunciar la alegría del Evangelio y testimoniar la convicción de que esta casa está siempre abierta para todos.
La pregunta se vuelve concreta: ¿qué significa alzar la mirada al Evangelio en vuestros ámbitos? Con el Evangelio y la luz de su encíclica lo entenderemos mejor.
Ante las crisis y amenazas que minan la Civilización de los Derechos Humanos y la Democracia queremos dejarnos animar por usted, Santo Padre, para seguir aprendiendo a estar, sirviendo y alabando al estilo del Evangelio.
Este acto, Santo Padre, es un paso más. Es fruto de muchos encuentros anteriores en cada espacio. Hace meses lo estamos preparando con encuentros y diálogos en todos los ámbitos. Diálogos que con su palabra seguiremos manteniendo, mirando siempre la dignidad de cada persona, la justicia que no excluye, la fraternidad que persevera.
Aquí, Santo Padre, su voz resuena como una nota clara. Gracias por convocar a este grupo diverso de buscadores.
Y a todos los que hoy habéis decidido alzar la mirada, gracias. Vuestro paso es semilla. La Iglesia de Madrid la acoge y la cuida, para que este diálogo sea estilo, no instante; camino compartido.
Gracias por ayudarnos a alzar la mirada y contemplar esta tarde esta gran vidriera iluminada por la luz que nos trae el Santo Padre.
