Homilías

Viernes, 20 febrero 2026 13:33

Homilía del cardenal José Cobo en la Eucaristía del Miércoles de Ceniza (18-02-2026)

  • Print
  • Email
  • Media

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. No es un recuerdo lejano, no es una tradición más en el calendario. Es el Señor que pasa, que llama, que toca la puerta del corazón en cada momento de nuestra vida, estemos como estemos.  Y, para prepararnos a recibirla con ojos nuevos, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Pero esta Cuaresma surge en tiempos complicados. Vivimos en una cultura que nos susurra —a veces nos grita— que cambiar es imposible. Que ya somos así. Que no vale la pena intentar ningún cambio. Que lo sensato es encerrarnos en lo que somos, fortalecer nuestras decisiones, asentarnos en nuestras certezas: leemos lo que nos ratifica, escuchamos solo a quien es como nosotros, nos reafirmamos constantemente en nuestras ideas…  Pero eso nos hace insensibles a la escucha y, a poco que nos dejemos, se nos olvida dejar espacio a la voz de Dios y a la de los hermanos.

Y, entonces, al inicio de este camino que tiene como meta la gran conversión a la Vida con mayúsculas —la Pascua—, surge una pregunta incómoda, directa, evangélica: ¿Estás dispuesto a dejarte cambiar? ¿Estás dispuesto a dejarte interrogar por Dios en la manera que Él elija?

Porque la conversión no es un maquillaje espiritual, no es ajustar detalles. Es dejar que Dios nos descoloque un poco. Es permitirle que entre allí donde hemos cerrado con doble llave.

1.- Hoy recibimos la ceniza. Y la recibimos en la frente. No es casualidad. La ceniza se coloca allí donde un día fuimos signados en el Bautismo. Allí donde el Padre, el buen Dios, pronunció nuestro nombre. Allí donde fuimos marcados con la cruz de Cristo y se nos dio la Vida eterna de manos de Jesucristo.

La ceniza nos recuerda quiénes somos: criaturas frágiles. Pero también nos recuerda quiénes estamos llamados a ser: hijos en el Hijo a pesar de nuestros barros.  Solo es necesaria la humildad de reconocer que somos así.

De ponerse en marcha con los hermanos procesionalmente, como se hace para la comunión. Con otros, reconocer que Dios nos busca y que queremos volver al don bautismal. Ese es el camino de Cuaresma que termina con la profesión de fe y la renovación de nuestro bautismo el día de Pascua.

Este camino se inicia con una pregunta silenciosa: ¿qué caminos hemos emprendido que “queman” o embarran el don bautismal? ¿En qué momentos hemos dejado que el fuego de la soberbia, del egoísmo o de la indiferencia cubra la gracia recibida? La ceniza no humilla. La ceniza despierta. Nos dice: vuelve a tu Bautismo. Vuelve al amor primero.

2.- Es un camino interior

La Cuaresma y la Semana Santa tienen su exterioridad, y es hermosa. Los ritos, las imágenes, los cantos… todo habla. Pero es grande el riesgo de que todo quede en la coreografía; de que admiremos la escena y no dejemos que nos atraviese. Por eso este es, ante todo, un camino interior.

Un tiempo precioso para el cuidado de nuestra vida y de nuestra fe. Si vivimos al amparo del Evangelio, los signos alimentarán nuestra experiencia creyente. Si no, se quedarán en superficie.

Este camino interior comienza por algo muy sencillo y muy difícil: aceptar que somos ceniza y, como ella, frágiles. No somos autosuficientes. No somos impecables ni tenemos siempre la razón. Estamos necesitados de gracia y de ayuda.

Cambiar duele, sí. Duele soltar viejas seguridades. Duele reconocer errores. Duele pedir perdón. Pero estancarse duele más. Endurecer el corazón duele más. Vivir anestesiados o encerrados en egos, duele más. Sobre todo cuando desde nuestras atalayas olvidamos mirar a los ojos a los otros, especialmente a los pobres y a los que necesitan nuestra ayuda.

Pero Dios no trabaja con magia instantánea. Trabaja en procesos. Inicia caminos largos. Tiene paciencia. Nos acompaña paso a paso. La conversión no es volverse otro de golpe, sino empezar de forma nueva a ser, poco a poco, quien Dios espera que seamos, pues reconocemos que esa es nuestra verdadera felicidad.

3.- Es un camino para ir detrás de Jesucristo

No se trata caminar para ser perfectos o más correctos. Ni para sentirnos mejor.  Este camino no es para mirarnos a nosotros mismos, ni lamentarnos de nuestras heridas. El camino es atrevernos a mirar a Jesús y que sea Él quien nos diga cómo vivimos. Él es quien va delante y nos hace mirar fuera con los ojos del Evangelio. Una mirada con más misericordia, más justicia, más humanidad.

La fe que este tiempo ponemos delante no es una idea, es una persona. Es Jesús. De Él hay que partir y a Él hay que volver; a su manera de mirar el mundo y los que nos piden algo.

Y especialmente es tiempo de volver a la centralidad del amor. A ese amor que no retrocede ante el dolor. A ese modo de dar vida cuando todo parece muerte y cuando todos le persiguen.

Ir detrás de Jesús no es admirarlo desde lejos. Es dejar que marque el ritmo. Es permitir que su Evangelio nos descentre y nos hagan sensibles a cuanto pasa para reconocerlo en nuestro mundo. Es preguntarnos: ¿qué haría Él en mi lugar? ¿Cómo miraría Él a esta persona? ¿Cómo respondería Él ante esta herida? ¿Dónde se vive la pasión hoy?

Solo de su mano comprenderemos lo que se nos ofrece y se nos pide en este tiempo.

4.- Es un camino de humildad para ir con los que el Señor quiere que caminemos

La Cuaresma es tiempo de introspección, sí, pero también es tiempo de salida. No hay conversión auténtica que no nos lleve al encuentro del hermano.

El peligro siempre acecha: el mirar a ese mundo cerrado que cada uno se crea nos vuelve tibios, el pesimismo estéril que nos roba la esperanza, la tentación de pegar fuerte y arremeter con violencia a quien no piensa como yo, las pequeñas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que nos hace vivir de apariencias.

Hoy nos pondremos en procesión, todos igual, compartiendo barro y ceniza, sin gestos distintivos, sin signos que digan: soy más que otros.

Comenzamos con la humildad de la ceniza. La humildad que nos iguala. La humildad cuaresmal es reconocer que necesitamos a los otros, que no caminamos solos, que la fe se vuelve estéril cuando no se traduce en misericordia concreta.

Eso nos pone en el disparadero de la conversión como la manera de salir de la indiferencia. Es dejar nuestros reductos confortables y bajar a la calle. Es mirar al que está todos los días a mi lado. Aprender a mirar al pobre, al herido y reconocer allí el rostro de Cristo.

Tres interrogantes: pregunta del ayuno, la limosna y la oración

Jesús nos habla hoy de tres caminos para ir con Él: oración, limosna y ayuno. Pero nos advierte algo esencial: nuestro lugar no es que nos vean o me sienta yo bien. El lugar es lo secreto, la intimidad del corazón. allí donde solo el Padre ve.

Lo que está en juego es cómo nos situamos delante de Dios y nos dejamos buscar por Él: el Padre que ve en lo secreto.

La oración nos desenmascara.

La limosna nos recuerda que el otro es mi hermano.

El ayuno nos desarma. Debilita nuestra violencia interior.

Estas tres prácticas no son obligaciones pesadas. Son medicina. Son pedagogía del corazón.

No perder el horizonte de la Pascua nueva y renovadora

No caminamos hacia la tristeza. Caminamos hacia la Pascua. Hacia la Vida nueva. Hacia la luz que no se apaga.

La ceniza que hoy marca nuestra frente no es el final, es el inicio de un itinerario. Es memoria de nuestra fragilidad, pero también promesa de que Dios nos rescata en la Pascua.

Porque al final, la gran pregunta no es si somos perfectos. La gran pregunta es si estamos disponibles a cambiar y dejarnos encontrar por Dios.

Que el Señor nos conceda un corazón humilde, despierto y disponible. Y que esta Cuaresma nos conduzca, renovados, a la alegría de la Pascua. Amén.

Arzobispado de Madrid

Sede central
Bailén, 8
Tel.: 91 454 64 00
contacto@archidiocesis.madrid

Cancillería

info@archidiocesis.madrid

Catedral

Bailén, 10
Tel.: 91 542 22 00
informacion@catedraldelaalmudena.es
catedraldelaalmudena.es

 

Medios

Medios de Comunicación Social

 La Pasa, 3, bajo dcha.

Tel.: 91 364 40 50

infomadrid@archidiocesis.madrid

Informática

Departamento de Internet

C/ Bailén 8
webmaster@archimadrid.org

Servicio Informático
Recursos parroquiales

SEPA
Utilidad para norma SEPA

 

Search