Venid a adorarle. Noviembre de 2012

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Noviembre de 2012
ADORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

Adoración Eucarística Noviembre 2012


Congregado el pueblo, que puede entona, algún canto si se juzga oportuno. el ministro se acerca al altar. Si el Sacramento no se conserva en el altar en que se va a tener la exposición. el ministro, cubierto con el paño de hombros, lo traslada desde el lugar de la reserva, acompañándole algún ayudante o algunos fieles con cirios encendidos. Expuesto el santísimo Sacramento, si se emplea la custodia, el ministro inciensa al Sacramento.

1. Canto para fa Exposición

Quédate con nosotros,
la tarde esta cayendo.
Quédate con nosotros, quédate.

¿Cómo te encontraremos al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros, la mesa esta servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

2. Lectura de un texto bíblico

Del evangelio según san Juan In 18,33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
-«¿Eres tu el rey de los judíos?»
Jesús le contestó:
-«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mi?»
Pilato replicó:
-«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó:
-«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
Pilato le dijo: -«Conque, ¿tú eres rey?»
Jesús le contestó: -«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

 

1. Oración en silencio

2. Canto

Majestad, adora a su Majestad,
a Jesús sea honra gloria y poder.
Majestad, Reino y Autoridad, Luz y esplendor,
manda a su pueblo a Él cantar.
Adamad y proclamad el Nombre de Cristo,
magnificad, glorificad a Cristo el Rey.
Majestad, adora a su Majestad,
Cristo murió, resucito y de reyes es Rey

5. Lectura de un texto del Magisterio de la Iglesia

De la Constitución Apostólica del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes (nQ 39)

Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el sgino de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso tempoal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordnar mejor la socidad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrar los limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: “reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz”. El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección.

 

1. Oración en silencio

2. Preces

Invoquemos a Cristo. presente en el sacramento eucarístico. por nuestras necesidades y las de todo el mundo: Kyrie, eleison.

Por la Iglesia. para que busque en todas sus decisiones la expansión del Reino de Dios y la santidad de sus miembros. Kyrie, eleison.

Por todos aquellos que no tienen trabajo. para que no pierdan los ánimos y reciban el apoyo de todas las instituciones sociales. Kyrie, eleison.

Por los que sufren por cualquier tipo de enfermedad. la soledad. la pobreza…, para que encuentren la presencia de Cristo a su lade en los hermanos que les acompañan. Kyrie, eleison.

Por los que gobiernan. para que busquen siempre el bien común y el desarrollo de la persona humana. Kyrie, eleison.

Por los frutos de la Misión Madrid. para que los fieles de nuestra diócesis se sientan animados a colaborar en esta llamada del Señor a anunciar con atrevimiento el evangelio a nuestros fa mil iares. amigos y compañeros. Kyrie, eleison.

Padre nuestro

Oh Dios,
tu has querido compartir nuestra debilidad,
haz que podamos participar de tu reino;
concede tener parte en tu gloria
a aquellos a quienes te hiciste cercano
al asumir la naturaleza humana.
Por tu gran bond ad. Dios nuestro.
que vives y todo 10 gobiernas.
por los siglos de los siglos.
R/.Amen.

AI acabar la adoración el sacerdote o diacono se acerca al altar, hace genuflexión sencilla. y se arrodilla a continuación, y se canta un himno u otro canto eucarístico. Mientras tanto el ministro arrodillado inciensa at santísimo Sacramento, cuando fa exposición tenga lugar con la custodia.

8. Canto eucarístico

Cantemos al Amor de los Amores, cantemos al Señor.
Dios esta aquí.
Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor.
¡Gloria a Cristo Jesús! Cielos y tierra, bendecid al Señor
¡Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria!
¡Amor por siempre a Ti. Dios del Amor!

9.Oración

Oremos.
Que los sacramentos con los que te has dignado restaurarnos, Señor, llenen de la dulzura de tu amor nuestros corazones y nos impulsen a desear las riquezas inefables de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

10. Bendición y reserva

Dicha la oración, el sacerdote o diácono, tomando el paño de hombros, hace genuflexión, toma la custodia o copón y hace con él en silencio la señal de la cruz sobre el pueblo.

Acabada la bendición, el mismo sacerdote o diácono que dio la bendición, u otro sacerdote o diácono, reserva el Sacramento en el sagrario y hace genuflexión, mientras el pueblo, si se juzga oportuno, hace alguna aclamación y finalmente el ministro se retira.

11. Aclamación

Christus vincit, Christus regnat, Christus Christus imperat!

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