Venid a adorarle. Octubre de 2012

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Octubre de 2012
ADORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

Adoración Eucarística Octubre 2012

 

1. Canto para la Exposición:

 

Que la lengua humana cante este misterio:
la preciosa sangre y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen, Rey del universo,
por salvar al mundo dio su sangre en precio.

Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo
de una casta Virgen; y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado la palabra al pueblo,
coronó su obra con prodigio excelso.

 

2. Texto bíblico: Juan 6, 25-35

 

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»

Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»

Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."»

Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»

Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.»

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

 

3. Silencio para la adoración personal

 

4. Canto:

 

Fue en la última cena -ágape fraterno-,
tras comer la Pascua según mandamiento,
con sus propias manos repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce para su alimento.

La palabra es carne y hace carne y cuerpo
con palabra suya lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino, y, aunque no entendemos,
basta fe, si existe corazón sincero.

 

5. Texto del Papa: Benedicto XVI, Motu proprio Porta Fidei, 13

 

A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.

Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.

Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf.Hch 1, 14; 2, 1-4).

Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.

Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).

Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.

Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19).

Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.

También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.

6. Silencio para la adoración personal

 

7. Preces:

 

Oremos a Dios, nuestro Padre, por medio de Jesucristo, que está presente en el sacramento eucarístico y que intercede ante el Padre por nosotros. Digamos juntos: Kyrie, eleison.

 

-          Por la Iglesia, para que escuche la llamada del Espíritu a la Nueva Evangelización y promueva de forma obediente respuestas que atraigan a todos a la fe. Kyrie, eleison.

-          Por todos los gobiernos, para que busquen con sus decisiones el bien común y la promoción humana en todas sus circunstancias. Kyrie, eleison.

-          Por los que sufren cualquier forma de persecución por la fe. Para que se mantengan fuertes en el Señor y confiados en la victoria definitiva de Cristo. Kyrie, eleison.

-          Por todos los que sufren a causa de la crisis económica y social, los que han perdido el empleo, las familias divididas, etc., para que encuentren pronto, con la ayuda de la sociedad, lo necesario para paliar su sufrimiento. Kyrie, eleison.

-          Por nosotros y por toda nuestra diócesis, para que el comienzo de la Misión Madrid recibamos la ayuda del Espíritu que nos haga testigos valientes y audaces de Jesucristo en los diversos ambientes en los que vivimos. Kyrie, eleison.

 

Concluyamos orando como el Señor nos enseñó: Padre nuestro.

 

Estamos, Señor, ante el viático que nos has dejado,

pero esperamos con toda la fuerza de nuestro deseo

el cumplimiento de tus promesas;

pues quienes hemos recibido como alimento aquel cuerpo

con que te humillaste en la tierra,

deseamos verte en el cuerpo con que has sido glorificado.

Ahora vemos confusamente como en un espejo,

entonces podremos ver cara a cara tu gloria,

allí donde nadie buscará comida,

porque no habrá quien tenga hambre;

nadie acogerá a un peregrino,

porque todos vivirán en la patria;

nadie visitará a un enfermo,

allí donde subsista la herencia de la salud eterna;

nadie cubrirá a un desnudo,

porque todos estarán revestidos de luz perpetua;

nadie enterrará a un muerto,

allí donde todos viven para siempre.

Por ti, Dios nuestro,

que eres la paz verdadera y la caridad perpetua,

y reinas por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

 

 

8. Canto para la incensación:

 

Adorad postrados este Sacramento.
Cesa el viejo rito; se establece el nuevo.
Dudan los sentidos y el entendimiento:
que la fe lo supla con asentimiento.

Himnos de alabanza, bendición y obsequio;
por igual la gloria y el poder y el reino
al eterno Padre con el Hijo eterno

y al divino Espíritu que procede de ellos.

 

9. Oración:

 

Oremos. Oh Dios, que nos diste el verdadero pan del cielo,

concédenos, te rogamos,

que, con la fuerza de este alimento espiritual,

siempre vivamos en ti

y resucitemos gloriosos en el último día.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

10. Bendición y reserva

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