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Lunes, 24 noviembre 2014 00:00

Monseñor Carlos Osoro: “El drama más grande que ha sucedido en esta tierra es que se cuestione la vida del ser humano” Featured

Las Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre han celebrado durante este año el 75 aniversario de su fundación. La clausura de esta efemérides en Madrid se celebró este sábado, 22 de noviembre, en la casa que las Hermanas tienen en la ctra. Fuente El Saz, km 155, de Algete. Los actos comenzaron a las 10,30 horas con la celebración de una Eucaristía, que presidió el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, en la Capilla del centro. En su homilía, afirmó que “estamos viviendo un momento singular y especial: 75 años de fundación de la Congregación de las Hermanas Servidoras de Jesús son 75 años en los que el Señor quiso, a través de la Iglesia, plantar en este mundo un santuario de la vida, del amor, de la libertad, un santuario vivo de lo que es la dignidad del ser humano, un santuario en el que se hiciese verdad y se alabase a Dios en las imágenes que ha puesto en este mundo, que somos cada ser humano”.

Reconoció que “en estos 75 años han cambiado muchas cosas. Pero el Padre Daniel y sus fundadores fueron profetas para este mundo, porque en estos últimos años el drama más grande que ha sucedido en esta tierra es que se cuestione la vida del ser humano, sea en el inicio, en el final o en el intermedio, porque a veces los que piensan sólo desde sí mismo tienen unos parámetros para descubrir qué es la vida que ciertamente no son los de Dios”.

Dirigiéndose a las Hermanas, “servidoras de Jesús del Cottolengo”, señaló que “queréis poner otro parámetro distinto, y nos lo queréis regalar a nosotros… Este encuentro se celebra en un santuario de la vida, donde Dios nos ofrece a todos los hombres, y a nuestra Archidiócesis de Madrid, esta oferta de amor y de cariño, para que nos demos cuenta de qué somos los hombres para Dios y qué debemos ser los hombres para los demás, en el respeto absoluto que tiene la vida, de la que solamente es dueño Dios”.

En alusión a la Palabra proclamada, dijo: “quiero acercar a vuestras vidas tres cosas: Una pregunta y dos afirmaciones que me parecen esenciales. La pregunta: ¿quién eres tú, Señor?. Lo habéis escuchado en el Evangelio. El Señor nos dice quién es y quiénes somos nosotros. Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis…, porque cada vez que lo hicisteis con uno de mis hermanos, con uno de estos, conmigo lo habéis hecho. Qué maravilla que hoy el Señor nos diga a cada uno de los que estamos aquí: ‘tú eres imagen de Dios’. Esto es lo que explica esta obra, el Cottolengo”. “En los razonamientos que, a veces, tenemos los hombres, en las medidas que realizamos para construir la historia y este mundo, prosiguió, hacemos rápidamente descartes … Dios nos dice hoy que todo ser humano es valioso: desde el inicio de la vida es hijo de Dios, imagen de Dios. Por eso, qué maravilla que después de 75 años de esta fundación podamos decir que todos los que estamos aquí y los que nos encontremos por la vida son esa fotografía de Dios mismo”. Por eso, manifestó su agradecimiento a las Hermanas “no sólo por lo que hacéis, sino por lo que nos dais: sois un referente que cuando uno lo mira, cambia los parámetros de su vida, su manera de existir y de ver las cosas. La pregunta ¿quién eres tú Señor?, la respondéis con vuestra vida, y nos la hacéis responder a nosotros, cuando venimos aquí”. Dios es amor, manifestó, “y, por tanto, todos somos ese amor que tenemos que mostrar y regalar a los demás”.

Imágenes de Dios
A continuación, al hilo de las lecturas proclamadas, afirmó que: “regalamos la justicia y la misericordia. No es una afirmación nuestra, es de Dios…. Las grandes virtudes de todo ser humano son las que Dios nos muestra. Es justo y misericordioso, pero no con la justicia de los hombres”. Los hombres, añadió, no nos merecemos nada, y Dios nos da todo. “Su justicia es distinta a la de los hombres; es la justicia de un Dios que nos abraza permanentemente, que nos quiere entrañablemente, de un Dios que se fía de nosotros, que ha venido a este mundo y se ha hecho historia, ha mostrado rostro de hombre y nos ha dicho aquello que dijo en la cruz: ‘perdónales, no saben lo que hacen’... Si somos imágenes de Dios, ¡regalemos la justicia y la misericordia de Dios!”. “Este santuario de la vida, apuntó, tiene que ser un lugar donde estemos dispuestos a dar y a regalar a este mundo la justicia y la misericordia de Dios. Este mundo se transformará, cambiará el rostro, los caminos, el devenir histórico y el corazón del ser humano, si estamos dispuestos a ser realmente lo que Dios ha hecho con nosotros: imágenes de Dios que regalan la justicia y la misericordia de Dios”.

La segunda afirmación fue: “el Señor nos dice: ‘dad mi vida, que es la que yo os he dado’… Nos apremia ese amor que se nos ha dado. Aquí no estamos por casualidad. El cristiano no está en la vida y en la historia por pura casualidad, sino porque Dios lo ha puesto ahí y tiene que ser rostro mismo de Dios”. Por el bautismo, dijo, “somos criaturas nuevas. Lo viejo ha pasado y lo nuevo ha comenzado. Lo nuevo es el santuario de la vida del Cottolengo, lo que hace que los hombres se interpelen constantemente. Lo nuevo es Jesucristo, mostrar el rostro de Dios, verificar con obras que Dios vive, que ama, que quiere, que transforma, que restaura los caminos de este mundo, que agranda el corazón del ser humano”, subrayó.

“Somos benditos, afirmó, sólo y en la medida en que tenemos este corazón de Jesucristo, que se da y que se reparte, que no guarda nada para sí mismo. Una vez más, nos lo muestra el Señor en el misterio de la Eucaristía”. “Gracias, queridas hermanas, por este día que regaláis a la archidiócesis de Madrid y a mi ministerio episcopal”, concluyó.

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