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Miércoles, 14 abril 2021 15:41

«El profesor de Religión deja huella, no cicatrices»

«El profesor de Religión deja huella, no cicatrices»

Antonio Salas es el profesor de Religión que más tiempo lleva ejerciendo en la Comunidad de Madrid: 40 años que le hacen ser «no el más viejo –matiza bromeando–, sino el más veterano». Siempre comprometido, trabajó en el Ministerio de Educación entre los años 1985 y 1989 en la comisión para desarrollar el currículo de la asignatura de Religión de la LOGSE, y ha seguido muy de cerca los avatares de las sucesivas leyes educativas en estos años de democracia en nuestro país. Docente de instituto y de la Universidad Pontificia Comillas, es también supervisor de Religión en la Delegación Episcopal de Enseñanza de la archidiócesis de Madrid.

Con toda esta experiencia acumulada, Salas aborda con filosofía el cuestionamiento de la asignatura de Religión en la ley Celaá: «Peor fue con la LOGSE, cuando había una intención muy clara de que desapareciera... Ahí se pasó muy mal, pero logramos que la demanda siguiera por parte de los padres». Por eso, más allá del debate político –«si solo te fijas en esto, te desmoralizas»–, él anima a los profesores: «Sigamos dando clase con pasión, desde nuestro ser y desde nuestro buen hacer...».

Como él dice, «nosotros somos sembradores, no recolectores, y esta es la profesión del profesor de Religión: sembrar, la recolecta ya la hará otra persona y en último término, la sociedad, porque habrá mucha gente de bien que esté por estos mundos». A los alumnos «les proporcionamos no recetas para la vida, sino criterios desde los que vivir».

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«Dicen que Dios no puede entrar en el aula», pero la realidad es que sí lo hace porque los niños, explica Salas, tienen interrogantes básicos a los que la asignatura de Religión «da razón de sentido». Algo que en este tiempo de pandemia se ve con claridad, como indica el profesor: alrededor de los cientos de miles de fallecidos por la COVID-19 hay menores a los que se les plantean las grandes preguntas de la vida. «Lo que aprenden en Religión les da respuestas que les ayudan a no pensar que todo se acaba con las cenizas».

Junto a esto, también les hace situarse en el ámbito de la tradición cultural de nuestro país, que es cristiana. «La historia, el arte, la literatura, la música, no se pueden explicar si no es desde ella», y si falta, surge el «analfabetismo cultural», que va en aumento. Lo reconoce Salas, que en uno de los institutos en los que estuvo trabajando tenía apuntados a su clase solo al 4 % de los alumnos, «y los padres de los que no, se jactaban de ello».

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Huella, no cicatrices

Como dice el docente, «el profesor de Religión deja huella, no cicatrices». Y por eso, invita a los profesores a seguir «educando en la Belleza, la Bondad y la Verdad, y en decir gracias, por favor y perdón, como expresa el Papa»; a educar a los chavales para «que miren en 360 grados» y que se inserten «críticamente» en la sociedad. Un tarea en la que «somos unos privilegiados, porque llevamos al aula una Buena Noticia, que es que Cristo ha resucitado». Y por eso, «los alumnos descubren en nosotros algo que les hace seguir eligiendo la asignatura de Religión, a pesar del caramelo de la nada» que se ofrece como alternativa.

Frente a esta nada, «el milagro sigue existiendo: más de cuatro millones de padres y madres eligen la asignatura para sus hijos». Y además, la pandemia ha favorecido «que la Religión haya entrado en las casas» y que las familias hayan conocido «lo que hacemos y el bien que les hace la clase a sus hijos». Los alumnos, por su parte, descubren con la Religión que «conocen a Dios, que se les hace una oferta de sentido, que lo que aprenden les es útil en su vida y para relacionarse con los demás».

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25 años de la revista Aldebarán

Como parte de su acompañamiento a los profesores, Salas fundó en 1996 la revista Aldebarán, que dirije desde entonces y que cumple este año su 25 aniversario (en la imagen inferior, las portadas de los dos últimos números). La cabecera es ya toda una declaración de intenciones: significa el que sigue en árabe. Es un proyecto «muy humilde pero que, por el eco que tengo, gusta mucho». A través de los artículos de redactores y colaboradores –en el último número, de este mes de abril, escribe el obispo de Lugo y presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la CEE, monseñor Alfonso Carrasco–, la revista «informa y forma, pero también da pistas de posibles actividades».

Lo importante, destaca el director, es «que los profesores piensen, que descubran nuevos horizontes y formas de hacer». En esto les ayuda una nueva sección incorporada recientemente, Frases de fundadores, que se suma a las de Biblia –que trata sus personajes en primera persona–, arte, mitología, cuentos... La revista, editada por Vicens-Vives, se distribuye entre profesores y colegios de toda España mediante suscripción gratuita.

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