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Lunes, 26 abril 2021 08:17

Félix Martínez, capellán de los centros para menores infractores: «El más evangelizado soy yo»

Félix Martínez, capellán de los centros para menores infractores: «El más evangelizado soy yo»

A finales del siglo XIX, el capellán de la prisión de El Dueso (Santoña, Cantabria), el padre Luis Amigó vio claro que no era bueno que adultos y chavales estuvieran juntos en la prisión por los abusos que los mayores ejercían sobre los menores. «¿Qué hacer con esos chicos?», se preguntó. Su respuesta inspirada fue fundar la Congregación de los Religiosos Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, conocidos como los amigonianos.

En ellos se fijó el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, para encargarles, hace cuatro años, la atención pastoral de los menores con medidas judiciales de los centros El Lavadero y El Laurel, gestionados por la Comunidad de Madrid. «Nuestro carisma principal es atender a menores con problemas», explica Félix Martínez, en quien recayó la atención pastoral de los internos. Con 40 años a sus espaldas de trabajo directo con este perfil de chicos, 27 de ellos en la Casa de los Muchachos de Torrelavega, este sacerdote lo tiene claro: «La sociedad criminaliza mucho a estos menores, pero hay chavales que también buscan a ese Dios misericordioso».

Tanto, que el padre Félix está preparando ahora mismo a uno de ellos para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Primera Comunión. «Me lo pidió él», igual que todo lo que tiene que ver con su trabajo en el centro. La iniciativa de verse con el capellán parte de los propios chicos, que lo tienen que solicitar por escrito. «El viernes viene el cura, ¿quién se apunta?», se animan entre ellos. Y aunque no suelen ser muchos –en 2020, teniendo en cuenta las rígidas restricciones por la pandemia, fueron nueve–, todo compensa.

Sobre todo, la experiencia del sacramento de la Reconciliación, que al padre Félix le gusta llamar «la fiesta del perdón». «¡Confieso más que en el colegio en el que estoy!», exclama, porque son ellos mismos los que se lo piden y «no cabe duda que están deseosos de encontrarse con un Dios que para ellos sea un Dios misericordioso». Y esto «les ayuda a crecer desde una dimensión humanizadora y humanizante». Muchos, cuenta, «agachan la cabeza, reconocen sus faltas, todos los conflictos en los que se han metido», y algunos incluso le piden: «Si me puedes ayudar, ayúdame». Y entonces el sacerdote les orienta «a que sean capaces de dejarse acompañar en su vida por la figura de Jesús».

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La importancia de la fe de niño

Cuando el padre Félix pregunta a los chavales por qué quieren verle, ellos siempre se acuerdan de cuando eran pequeños (más pequeños): «Por el colegio, por la catequesis que hayan podido tener algunos, esa imagen del hijo pródigo y del Dios misericordioso la tienen presente. Y es importante, desde la dimensión pastoral, revivir en ellos todos estos sentimientos que en algunos han sido trabajado incluso por los abuelos». «Yo es que me acuerdo de mi abuela, que cuando me levantaba por la mañana y me acostaba por la noche, rezaba alguna oración conmigo», le dijo una vez uno, o «yo me acuerdo que una vez hice de monaguillo», le contó otro.

Por eso, al padre Félix le gusta contar su experiencia a catequistas abatidos o desmotivados porque no ven frutos. «Lo importante es sembrar», les recuerda, y esto se puede hacer «simplemente haciendo ver a los a niños que contamos con Dios, que Él para nosotros es importante».

«Dan problemas porque tienen problemas»

Los centros de menores con medidas judiciales albergan en régimen de internamiento cerrado o semiabierto a quienes han cometido un delito y han sido juzgados conforme a la Ley del Menor, que aplica a chicos de entre 14 y 18 años. El sacerdote destaca con sorpresa que también los hay por violencia hacia sus padres. «El factor educativo es muy importante», y es precisamente uno de los que influye en que estén allí. Pero hay un denominador común que sobresale por encima de todos: las carencias afectivas.

Sin olvidar que es un hecho que estos chicos han delinquido, con lo que se queda la sociedad es con eso, con que «han tenido conductas disruptivas, y los criminalizamos». Pero «ellos tienen tales problemas que no son capaces de dar respuestas positivas», indica. Problemas que son, por su experiencia, además de los educativos y afectivos, «laborales y de vínculo social». Ellos mismos se excluyen al sentirse señalados.

Y también, problemas familiares. En las charlas que da sobre su experiencia, el capellán siempre plantea una cuestión: «Si a nosotros nos hubiese tocado nacer y vivir en el seno de estas familias, no sé dónde estaríamos». Muchachos de «familias desestructuradas» que tienen una respuesta «a nivel social según lo que ellos han vivido y han aprendido». «Estos chicos dan problemas porque tienen problemas», resume. La respuesta social pasa por «afrontar su problema principal» desde «las carencias que ellos han vivido».

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Trivial y Comunión

El servicio de acompañamiento pastoral en estos centros consiste en un encuentro semanal de una hora, los viernes, que el padre Félix se prepara muy bien. Se reúnen en una salita, siempre en presencia de uno de los educadores, y comentan cómo ha ido la semana. «Me cuentan si les han aislado, si les han tenido que hacer alguna contención, si han tenido problemas con otros chicos...». Leen el Evangelio del domingo y lo meditan con vídeos y cortos que ya lleva el padre Félix preparados. Incluso con una especie de Trivial de preguntas religiosas y cartas, «y así van aprendiendo signos y palabras». También canciones, cuentos... Todo para descubrir a Jesús «con esa dimensión humanizadora, de una manera especial para quienes lo están pasando peor».

«Intento hacerles ver que el Jesús en el que nosotros creemos, y sobre todo en este tiempo pascual, nos ofrece un mensaje de paz». Y les dice que van a ser «mucho más felices» si son capaces «de escuchar a este Jesús». Los chavales están en el centro «muchas veces estresados, nerviosos, con ganas de salir», pero el capellán les recuerda que «si estáis aquí es porque os habéis metido en problemas». Para hacer frente a esta situación personal «es importante que adquiráis y viváis una paz interior». Y oran para que «esa paz interior que puedan adquirir desde el encuentro con Jesús les ayude a ser capaces de vivir la paz también exterior».

El capellán también lleva la Comunión a quienes lo hayan pedido, confiesa también a quien lo solicite y charla con ellos, que van siempre «queriendo saber algo de Dios, tienen muchas dudas y me las plantean. Incluso que por qué soy sacerdote, si no tengo hijos…», ríe. Ha preparado a chicos para recibir el Bautismo, la Primera Comunión... En ocasiones especiales celebran una Eucaristía, como el día de Todos los Santos, y entonces los muchachos rezan por sus difuntos.

Pidiendo todos los permisos oportunos, les lleva algún regalo el día de Reyes, «unos calcetines» o lo que necesiten; el día de su cumpleaños el capellán lo celebra llevando también unas pastas, también con todos los permisos. Esto es quizá lo más complicado de sortear. El padre Félix reconoce que le da vueltas a cómo hacerse presente y que le vean más en los centros. Le gustaría estar con ellos en sus ratos de ocio, «les organizaría campeonatos, jugaría con ellos... Me gustaría llegar a más». Es difícil por las medidas restrictivas, pero «dentro de lo que hacemos, estoy contento. A veces el más evangelizado soy yo cuando salgo de allí», concluye.

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Para conocer más sobre la labor de la Iglesia en los centros de menores, puede visitarse la web de transparencia diocesana.

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