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Domingo, 02 mayo 2021 09:47

Hija de la venerable Amparo Portilla: «Hizo y aceptó la voluntad de Dios»

Hija de la venerable Amparo Portilla: «Hizo y aceptó la voluntad de Dios»

Los vecinos de Amparo Portilla se pueden referir a ella, cada vez con más propiedad, como la «santa de la puerta de al lado». El pasado fin de semana, un decreto de virtudes heroicas aprobado por el Papa Francisco la declaraba venerable, lo que supone un paso decisivo en su camino hacia los altares. También una «confirmación de lo que ya pensábamos», cuenta Amparo, una de sus hijas. «Nosotros ya teníamos esa certeza de santidad, no solo al final, durante la enfermedad, sino durante la vida». Por eso, para la familia ha sido una «alegría inmensa».

La nueva venerable nació en Valencia en 1925. A los 25 años se casó con Federico Romero, y el matrimonio se estableció en Madrid. Tuvieron once hijos. Fue una «santa moderna», como la definían sus compañeras de colegio. Una mujer de su tiempo, que había estudiado Magisterio y Puericultura, algo que que «nunca ejerció, remuneradamente me refiero, porque en casa...». Una «madre de familia normal», una mujer preocupada por ejercer sus derechos, que trabajó durante un tiempo en una compañía de seguros, que se matriculó en Historia por la UNED, que disfrutó de la vida junto a su marido, que cuando salían al campo les decía a sus hijos: «Abrid bien los ojos, que se os llenen de la belleza».

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Leía con interés, «era una persona muy culta», y estaba al tanto de todo lo que pasaba en el mundo. «Veo que no puedo hacer más que rezar», decía ante los problemas y las desgracias. Le gustaba el arte y la literatura; no tanto cocinar, «cuando se casó no sabía», pero, al igual que con la costura, fue adquiriendo destrezas con el tiempo. «No es una persona que haya hecho cosas muy extraordinarias», reconoce su hija, pero sí vivió de forma extraordinaria lo ordinario.

«A Dios no hay que intentar entenderle; hay que abandonarse en sus brazos y amarle», decía en medio de su enfermedad, un cáncer de pulmón diagnosticado en 1994 y que la llevó a la muerte dos años después. Esta fidelidad y abandono en Dios fue rasgo distintivo en su vida y quizá lo que más ha marcado a su hija Amparo. «Hizo siempre la voluntad de Dios y la aceptó en las situaciones difíciles», que las hubo, como en todas las familias, «con los hijos, sociales, las estrecheces económicas».

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Caridad efectiva y con hechos

Si algo definió a Amparo Portilla fue la caridad, pero una «caridad efectiva, con hechos», de la de ocuparse y preocuparse «mucho» por todos los que tenía a su lado. Ejercía de forma real el «estar al lado del más desfavorecido», ya fuera por temas de salud, de dinero, emocionales... Además, «aceptaba a todas las personas, fueran como fueran y estuvieran como estuvieran». En su día a día no faltaban las llamadas y visitas a familiares y amigos. «Nunca hablaba mal de nadie; de esto nos hemos dado cuenta desde pequeños». Ni siquiera de los que mataron a su padre en la guerra civil, cuando ella tenía tan solo 12 años; más bien «rezaba por ellos».

El decreto firmado por el Papa es muestra de que «se puede ser santo viviendo una vida como la que ella vivió», siendo una mujer corriente, aunque a Amparo le cuesta encontrar un defecto a su madre. «Bueno, si la sinceridad es un defecto... Ella decía las verdades, sin herir, pero las defendía donde fuera».

Cuando decidieron iniciar el proceso de Amparo, Federico, su marido, lo tuvo claro: «Nosotros no es que queramos hacer santa a mamá; vamos a someter su vida al juicio de la Iglesia». Un hombre que fue testigo principal en la causa –«en un caso de mujer casada tiene mucho que decir su marido»– y que falleció en 2003, a los dos años de iniciar el proceso. «¡Él es igual que mi madre!», y Amparo avisa: «No nos ha dado para iniciar su causa, pero tiempo al tiempo».

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Si la nueva venerable tiene una especialidad como intercesora en el cielo, esta es la defensa de la familia y de la vida. Se integró con su marido en la Obra Apostólica Familiar y llegaron a formar parte de su equipo directivo. En 1966 esta realidad eclesial se fusionó con otras para formar el Movimiento Familiar Cristiano. «Ella fue muy fiel en su matrimonio y en la forma de vivirlo; siempre aceptó los hijos, a las personas mayores las cuidaba con especial cariño...». Tanto es así, que ya hay muchas peticiones «para quedarse embarazada o para encontrar un novio [y puntualiza] bueno, o solucionar algún problema familiar».

Mientras, el proceso de Amparo continúa en Roma: «Ya hemos hecho la parte humana; ahora es pedirle a Dios una curación extraordinaria que se pueda documentar como milagro», por la intercesión de Amparo, «para la beatificación».

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Redentoristas mártires

Junto al decreto de virtudes heroicas de Amparo Portillo, el Papa Francisco aprobó la beatificación del sacerdote Vicente Nicasio Renuncio Toribio y once compañeros de la Congregación del Santísimo Redentor en Madrid. Fueron asesinados en 1936, durante la persecución religiosa de los años 30, y han sido reconocidos mártires «por odio a la fe».

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