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Sábado, 08 mayo 2021 09:00

Curiosidades y anécdotas de la devoción a la Almudena

Curiosidades y anécdotas de la devoción a la Almudena

La reseña de esta semana la dedicamos a recoger anécdotas y acontecimientos diversos que muestran lo arraigado de la devoción del pueblo de Madrid a su patrona en circunstancias de lo más variado, con la parroquia de Santa María en el corazón de esa profunda veneración que salpica la vida cotidiana de la Villa y Corte.

Un primer ejemplo lo encontramos en las rogativas que el Ayuntamiento dirigía en nombre de sus ciudadanos ante la falta de lluvia. Esos periodos de sequía tenían importantes consecuencias para sus vecinos. Así, en el diario La Época (20 de noviembre de 1857) se refieren a uno de estos episodios: «El Ayuntamiento constitucional de esta Villa, secundando los deseos del gobierno de S.M., y de conformidad con lo dispuesto por su Emma. el señor Cardenal Arzobispo de la diócesis, se reunirá a las once del día de mañana en la iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena, con el fin de dirigir sus preces al Altísimo implorando su misericordia para que nos liberte de la aflictiva calamidad que nos amenaza por falta de lluvia. Lo que se anuncia al público para conocimiento del vecindario, invitándole concurra a unir sus votos con los de la corporación municipal».

También en otros casos de grave emergencia, como eran los incendios, las grandes tormentas o los vendavales, el toque de las campanas de Santa María servían a los vecinos de Madrid como aviso ante el inminente y grave peligro, y recordatorio de la presencia maternal de su patrona. Así lo comprobamos, por ejemplo, en el noticiario La Esperanza (3 de diciembre de 1867): «En la madrugada de hoy tocaban a fuego las campanas de Santa María. El incendio, según nos dicen, ha quedado extinguido al poco rato, a pesar del fuerte huracán que entonces se dejaba sentir».

Más graves aún eran los casos de pandemias que azotaban de manera regular a la ciudad. Entonces las plegarias y los votos a la Almudena, a san Roque y a san Sebastián no cesaban con la intención de obtener la gracia divina que pusiera fin a esas calamidades. Así, en 1865, tras el fin de la epidemia del cólera se celebraron varias Misas de acción de gracias: «La Junta municipal de socorros del distrito de Palacio, celebra solemne función en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Almudena, hoy 23 del actual, a la diez de la mañana, en acción de gracias por haber desaparecido la epidemia colérica de esta capital, y haber sido aquel distrito de los que menos han tenido que lamentar sus rigores. Se ruega a los vecinos concurran a este acto, con objeto de que unan sus oraciones a la de los individuos de esta junta, y a los fines indicados». (La Correspondencia de España, 23 de noviembre de 1865).

Un mes más tarde, en el diario El Pensamiento Español (16 de diciembre de 1865) se escribía:

La Junta de gobierno de la Archicofradía Sacramental de la iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena y Hospital general de esta corte, han acordado que el domingo 17 del corriente, a las diez de la mañana, se celebre la dicha iglesia una solemne misa y Te Deum en acción de gracias al Todopoderoso por la desaparición del cólera.

Lo que por acuerdo de la expresada junta se hace saber por el presente a fin de que llegando a conocimiento de todos los individuos que componen la referida sacramental, se sirvan asistir con medalla a tan religioso acto.

Incluso, aunque estas catástrofes no tuvieran lugar propiamente en nuestra ciudad, de igual modo la parroquia de Santa María acogía la celebración de Misas y sufragios por los afectados. Ese fue el caso del solemne funeral que se celebró por los fallecidos en el terremoto de Manila el 3 de junio de 1863, en el que las pérdidas humanas y materiales fueron muchas (La Regeneración, 18 de agosto de 1863):«El señor cura ecónomo de la iglesia parroquial de Santa Maria la Real de la Almudena, de esta Corte, clero y dependientes de la misma celebran un solemne funeral el día 21 del presente mes a las nueve de la mañana, por el eterno descanso de los que han fallecido en el terremoto ocurrido en Manila en la desventurada tarde del 3 de junio».

Nos gustaría concluir con un ejemplo, quizá más extraordinario e incluso milagroso, que refleja lo profundamente arraigada que desde siempre ha estado este amor a la patrona, expresado también en la devoción a la medalla de la Virgen de la Almudena. En este caso las crónicas de la época recogen cómo un vecino salió ileso tras ser atropellado, gracias a la intercesión de la Santísima Virgen, pues llevaba consigo una medalla de la Almudena (La Esperanza, 3 de noviembre de 1867): «Pasando el sábado último, a las ocho y media de la noche, por la calle de las Fuentes, un sujeto a quien conocemos, fue atropellado por un coche que le tropezó con la lanza, dejándole caer al suelo. A pesar de que el carruaje pasó por encima de su cuerpo, se levantó sin haber lesión alguna, atribuyendo este notable beneficio a la protección y amparo de la Virgen Santísima, cuya imagen, bajo el título de la Almudena, llevaba al cuello en una medalla, y a la que se encomendó en aquel conflicto, y nos encarga lo hagamos público a fin de recomendar con este ejemplo la devoción a la excelsa Patrona de Madrid».

Y así, años más tarde, una tienda de la calle Mayor se anunciaba en la víspera de Reyes de 1892 regalando una medalla de la Virgen de la Almudena a los niños que se acercaran con sus padres a comprar chocolate (El Imparcial, 5 de enero de 1892): «Regalo de Reyes a los Niños. Comprando un paquete de chocolate de 20 raciones, se regala en este día, una medalla de la Virgen de la Almudena. Regalo un paquete de cada diez, y diez medallas».

Que entre todos continuemos con este fervor y cariño a nuestra patrona ante las diferentes dificultades que acontezcan.

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