Una mirada a la historia

Jueves, 22 noviembre 2018 09:51

Obras (II): el periodo de la la guerra civil

Obras (II): el periodo de la la guerra civil

1936-1939

Durante los años de la Guerra civil, las obras de construcción de la catedral sufrieron una consecuente paralización. En el libro de Bravo Navarro y Sancho Roda sobre la historia de la Virgen de la Almudena, se ofrece una amplia descripción de los hechos acontecidos durante este periodo. En este sentido, ha sido es muy relevante el informe que escribió Alberto Garay, cura párroco de la Almudena, el 23 de julio de 1941, al Fiscal Instrucción Delegado de la Causa General.

La cripta sufrió pillaje y saqueo del «tesoro», si bien, ni la imagen de la Virgen de la Almudena ni tampoco la de la Flor de Lis sufrieron daños dramáticos. Según el citado informe, un grupo de milicianos sustrajeron varios cálices y copones, sacras, incensarios y otros objetos todos de plata, así como la peana de la Virgen de la Almudena también de plata y la valiosísima custodia de la parroquia. Pero al no encontrarlo, acudieron a casa del coadjutor de la parroquia de Santa María y secretario de la congregación de la Esclavitud, que protegía la custodia. Justo Flores fue fusilado el 20 de agosto de 1936 y la custodia incautada. Más tarde, en febrero 1943, la custodia fue devuelta y formó parte de una exposición que se realizó en la Biblioteca Nacional de los bienes recuperados después de la guerra. Hoy en día, se puede contemplar dicha custodia en el Museo de la catedral.

Finalmente, la cripta acabó siendo militarizada, por encontrarse en primera línea de combate, y habilitada como cuartel de milicias, alojándose un batallón, procedente de la iglesia de Santa Cristina. Y cuando el frente se estabilizó, el templo se utilizó como depósito de intendencia y municiones.

En varios periódicos de la época se pueden leer diversos anuncios pidiendo abrigo para los milicianos. Por ejemplo, en La Voz, del 17 de octubre de 1936 se puede leer: «Las personas que deseen hacer donativos de mantas, colchones, ropa de abrigo u otros efectos para las milicias y fuerzas leales de la República pueden hacer su entrega o enviar los paquetes al Depósito de Intendencia Militar, instalado en la cripta de la Almudena».

Avanzada la contienda, ya en el mes agosto, la Junta de Incautación y Conservación de Patrimonio Artístico tomó la decisión de poner a buen recaudo las imágenes, de tal forma que una delegación de aquella Junta, integrada por Rafael Laínez Alcalá, Rafael Pellicer Galeote y Antonio Buero Vallejo, señaló (según acta suscrita el 15 de marzo de 1937) los siguientes objetos a retirar de la cripta y trasladar a otro lugar:

  • Cuatro esculturas.
  • Algunas telas de la cajonera de la sacristía.
  • La imagen de Nuestra Señora de la Flor de Lis (imagen que los delegados estimaron era pintura gótica del siglo XIV y que aconsejaron desmontar con los útiles necesarios).
  • La bellísima (así lo estimaron los delegados) talla de la Virgen de la Almudena, que se encontraba en el altar mayor y que según los comisionados era de la escuela de Juan de Guas (del tiempo de los Reyes Católicos) y restaurada (también a su juicio) moderadamente.

El proyectado traslado no se llevó a cabo, por causas desconocidas, sin que esto conllevara daño de las imágenes, sino, más bien, propiciara la seguridad y conservación de las mismas. Asimismo, se intentaron organizar desde Madrid otras expediciones para trasladar a Valencia y Barcelona los objetos incautados, de los cuales muchos desaparecieron.

El gobierno creó un servicio de guardia y vigilancia de los objetos que, como las imágenes, aún permanecían en la cripta; formaría parte de ese servicio el que con el tiempo había de llegar ser el ilustre dramaturgo antes mencionado, Antonio Buero Vallejo, quien manifiesta que se adoptaron las medidas oportunas para la referida guarda y mantenimiento, aunque ciertamente eran pocos los objetos que nos e habían perdido o deteriorado durante el saqueo de los primeros días de la contienda.

Al parecer, tanto la Virgen de la Almudena, como la de la Flor de Lis, fueron protegidas. La primera en la sacristía, cuya puerta fue tapiada, y la segunda se trasladó a una cripta de una de las capillas, aunque en esta operación estuvo a punto de caer al suelo y destruirse.

Como curiosidad, en los telegramas cruzados entre el Presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico, residente en Barcelona y el Delegado de esta Junta, en Madrid, se evidencia la preocupación existente por las imágenes:

«Ministro Hacienda y Economía a Presidente Junta Central me comunica le interesa saber situación imágenes Virgen de la Paloma, Santa María de la Cabeza y Virgen de la Almudena».

«Virgen de la Paloma desparecida. Vírgenes de la Almudena, la del siglo trece que estaba en su interior conservase y desapareció la que se hallaba en la hornacina exterior. Imágenes Santa María de la Cabeza algo mutilada la existente en el puente de Toledo y desaparecida la de San Andrés».

Por último, otros autores relatan que al término de la guerra, el día que se recuperaba el espacio sagrado, se encontró la imagen de la Almudena intacta, pero con una soga al cuello y a sus pies un cartel que decía: «¡Respetadla!». El intento de derribarla había quedado frenado.

Puede consultar la serie completa de Una mirada a la historia en la web del Año Jubilar Mariano.

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