Una mirada a la historia

Jueves, 16 mayo 2019 09:31

Construcción de la catedral: ¿Cúpula o chapitel?

Construcción de la catedral: ¿Cúpula o chapitel?

¿Cúpula o chapitel? Esta cuestión fue un tema recurrente durante toda la construcción de la catedral de la Almudena. Y así lo dejó manifestado el arquitecto Fernando Chueca en su libro-memoria La invención de una catedral (1995).

«En el proyecto primitivo, se había optado por una sencilla cúpula ochavada que conjugaba bien con las torres y con la capilla parroquial de la calle de Bailén, pero al quedar rota esta sinfonía (conjunto), al quedar sola la cúpula ochavada, sin la compañía de las torres, hubo que prescindir de ella y buscar una nueva solución.

Nuestro primer paso fue cambiarla por un simple chapitel muy madrileño inspirado en el de la iglesia del convento de Uclés, obra de Francisco de Mora. Pero, estuvieron dando nuevas vueltas, y se buscó otra solución. Finalmente, se desechó la idea del chapitel por considerar que éste se señalaría poco en el perfil de Madrid, en la línea de Palacio y San Francisco el Grande. Siempre la decisiva importancia de este emplazamiento fue constante preocupación de todos. Luego iba creciendo imperativamente la conciencia de que la catedral de Madrid debía producir una gran impresión por su magnificencia e imponente presencia. Una catedral, en el terreno religioso es iglesia principal y de superior jerarquía y eso debe traslucirse en su arquitectura. Por eso nos pareció que su arquitectura exigía una cúpula destacada».

Después de varios debates, se decantaron finalmente por volver a la solución inicial, es decir, una cúpula clásica con tambor circular y media esfera como remate, teniendo presente la que diseñó Juan de Herrera para el Monasterio de El Escorial.

Prosigue Chueca: (…) «Hicimos luego diversas variaciones sobre el tema de la cúpula clásica. Variamos la arquitectura del tambor hacia un mayor barroquismo de placas recortadas; dibujamos diversas soluciones para el decorado interior, algunas solo a base de pintura. De todas maneras, la solución de la cúpula clásica comportaba graves problemas estructurales. Si queríamos que la cúpula fuera de gran diámetro debíamos no solo apoyarnos en los cuatro pilares torales, sino en los ocho que los rodeaban. Por eso la gran cúpula tendería a ser como un gran envoltorio de la apertura central.

Entre tantas soluciones, se tanteó una a base de una estructura totalmente metálica, incluso el tambor. Algo parecido a lo que se hizo en la iglesia de San Agustín de París. A mí, esa solución me gustaba. Interiormente podría encajar muy bien con lo gótico…, pero tampoco me decidí y nos fuimos por otros caminos».

Para la realización del chapitel, se volvió también al modelo anterior, aunque mucho más peraltado y con una base más amplia. Explica el arquitecto: «Este chapitel se alzaría sobre un cuerpo cuadrado, base y fundamento de todo. Este cuerpo repartiría sus cargas obre los pilares que rodean a los cuatro torales y quedaría todo mejor articulado con la planta gótica.   

El gran chapitel se levantaría sobre un alto cuerpo de luces de plana casi cuadrada, pero con chaflanes. Este cuerpo había de ser muy abierto pues así pesaría menos e introduciría más luz natural en el interior del crucero. En los paños grandes se abrieron unos enormes arcos termales, solución no utilizada con anterioridad en linternas semejantes. En los paños pequeños de los chaflanes se abrieron unos imples ventanales muy alargados debido a las proporciones de los chaflanes.

Sobre ese cuerpo de luces de 12 metros de altura, cargaba el chapitel propiamente dicho formado por una estructura metálica que permitiría cerrarlo con una tablazón sobre la que iría la pizarra. El chapitel tendría una curvatura convexa propia de este tipo de elementos arquitectónicos».

En cuanto a la solución del chapitel al interior del templo, se cubrió con una bóveda de crucería de tipo estrellado abierta en su parte central por un óculo circular que mediante una especie de chimenea que buscaba la entrada de luz en la linterna del chapitel.

A la luz de lo anteriormente expuesto, se puede afirmar que la cúpula fue el elemento que más quebraderos de cabeza dio a los constructores en la última fase de las obras de la catedral de la Almudena.

FotoCatedralTexto

 

Puede consultar la serie completa de Una mirada a la historia en la web del Año Jubilar Mariano.

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