Madrid

Viernes, 01 julio 2016 10:50

Misa de acción de gracias por la beatificación de madre María Celeste, fundadora de la Orden del Santísimo Redentor o Madres Redentoristas

Misa de acción de gracias por la beatificación de madre María Celeste, fundadora de la Orden del Santísimo Redentor o Madres Redentoristas

El domingo 3 de julio, el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, presidirá una solemne Misa de acción de gracias por la beatificación de la madre María Celeste Crostarosa, fundadora de las Madres Redentoristas. La Eucaristía dará comienzo a las 10:00 horas en la capilla del monasterio (c/Madre Celeste, 1 A). Concelebrarán el vicario episcopal Avelino Revilla, el vicario de religiosas Elías Royón, SJ,, el vicario de zona y varios sacerdotes redentoristas, marianistas, diocesanos y entre otros.

El pasado 18 de junio fue beatificada en Foggia (Italia) la madre María Celeste Crostarosa, quien fundara la Orden del Santísimo Redentor en Pentecostés de 1731, y fue inspiradora de la fundación de la Congregación del Santísimo Redentor (Misioneros Redentoristas) fundada por San Alfonso en 1732.

Las Madres Redentoristas son una orden contemplativa, de clausura constitucional, con presencia en todos los continentes. Se caracterizan por ser «“viva memoria”, signo claro e irradiante del amor que Dios nos tiene en Cristo» (Const. 5).

En Madrid están presentes en el monasterio Cristo Redentor de la calle Madre Celeste, 1A.

Biografía

Julia Crostarosa (conocida como María Celeste) nació el 31 de octubre de 1696 en Nápoles, en el seno de una familia acomodada y profundamente cristiana. Destaca por sus dones y capacidad de liderazgo, así como por su temperamento apasionado y enérgico. Desde pequeña empieza a experimentar un sentimiento no corriente de intimidad con Jesús, que ella llama «la compañía secreta», que continúa hasta los nueve años. Entre los nueve y once años pasa un período de «crisis», caracterizado por una atracción y fascinación por todo lo que le ofrece el mundo napolitano. Después de esa lucha entre el deseo de seguir a Jesús y la inclinación natural a «desear las cosas del mundo» vuelve a tener paz y hace una confesión general.

En la adolescencia empieza a madurar en la línea de una unión más profunda con Dios, con el deseo de imitar la vida de Jesús especialmente durante los 30 años que estuvo en Nazaret. Poco a poco irá intuyendo que su camino no es el de una imitación externa de su vida, sino que consiste en dejar vivir a Cristo en ella.

Con 21 años, va con su madre al Carmelo de Marigliano para visitar a la superiora del monasterio. Lo que parece una simple visita se convierte en una entrada formal en el convento. El 21 de noviembre de 1719 hace su profesión religiosa como carmelita. Y en mayo de 1722 es elegida maestra de novicias. En ese año, conoce al padre Tomás Falcoia, de los Píos Operarios, que predica los Ejercicios Espirituales en el Carmelo.

En 1723 se cierra el convento, y Mª Celeste, acompañada de sus dos hermanas, Úrsula y Juana, también religiosas, abandona Marigliano. Permanecerán en Portici hasta comienzos del año 1724, en que marchan al convento de la Visitación de Scala, del que el P. Falcoia es director espiritual. Al vestir el hábito de la visitación recibirá el nombre de María Celeste.

El 25 de abril de 1725, todavía novicia, recibe la inspiración del Señor de un nuevo Instituto y sus Reglas, cuya norma será el Evangelio, y el fin el seguimiento de la vida del Redentor, especialmente en su vida oculta y orante. Pero se encuentra con la oposición del padre Falcoia, nombrado obispo de Castellamare. En 1730 Alfonso de Ligorio predica los Ejercicios en el monasterio de Scala. Conoce a Mª Celeste y le ofrece el apoyo eclesiástico que necesitaba para poder iniciar una nueva Orden contemplativa: la del Santísimo Salvador, más tarde llamada del Santísimo. Redentor. El nuevo proyecto de vida religiosa se inicia en la fiesta de Pentecostés de 1731, gracias al apoyo de San Alfonso ante el obispo de Scala, monseñor Nicolás Guerriero. En 1732, en la hospedería de las monjas nacerá la rama masculina (la Congregación del Santísimo Salvador - misioneros redentoristas), con la intervención decisiva de Mª Celeste.

En la primavera de 1733, Mª Celeste escribe la Regla recibida por inspiración de Dios. Las nueve reglas que propone son bellezas de Cristo y que ahora comunica a sus amigos. Un camino espiritual muy novedoso en aquel tiempo en que seguir a Jesús se entendía como practicar virtudes. Monseñor Falcoia pretende hacer grandes modificaciones en la Regla y en su aplicación. Ella, fiel a su conciencia, se opone. Ese mal entendimiento aumentó la tensión en las relaciones entre Mª Celeste y monseñor Falcoia, que exige a Mª Celeste que haga voto de no tener más director espiritual que él mismo y que acepte firmar – como inspiradas por el Señor así - todas las reglas modificadas. Ella, después de orar y aconsejarse con su hermano jesuita, se niega en conciencia a aceptar estas condiciones. Será confinada al desván del monasterio, se le negará la comunión y nadie podrá acercarse a ella. Al final, será expulsada del monasterio, y despojada del hábito redentorista. Este periodo es el más doloroso de su vida.

Esta situación provocará que por un lado surja la Congregación del Santísimo Redentor (fiel a las directrices y cambios de Falcoia a las Reglas de Mª Celeste) y por otro la Congregación del Santísimo Sacramento, fundada en 1733 por el P. Vicente Mannarini (que seguía las Reglas tal y como habían sido escritas por Mª Celeste).

Mª Celeste y Úrsula fueron acogidas en Pareti (Nocera de Pagani) por unas hermanas dominicas, y el obispo le pide que aceptase el cargo de superiora para reformar el monasterio de la Anunciación. Pero su destino no es reformar monasterios. Por eso, tras un intento de fundación en Roccapiemonte, en marzo de 1738 viaja a Foggia, donde después de superar nuevas contrariedades logrará ver hecha realidad una comunidad que viva según el proyecto religioso que Dios le había inspirado. En estos años fecundos (1738-1755) completa sus obras y escribe su autobiografía.

Es llamativa la gran relación y estima que tuvo hacia los laicos: resulta sorprendente que en el siglo XVIII una mujer – y además, monja de clausura – diera acompañamiento espiritual a laicos. Para Mª Celeste, la meta es hacer presente en el mundo el amor que el Padre nos tiene en Cristo y llegar a vivir el evangelio con radicalidad. Esto lo pueden vivir también los laicos, cualquier persona si se dispone a recibir lo que Dios quiere obrar en ella. Mª Celeste destaca siempre como punto de partida el Bautismo, que es el comienzo de la vida nueva en Cristo.

La vida de la «santa priora», como se la llama en Foggia, llega a su fin el 14 de septiembre de 1755, fiesta de la Exaltación de la Cruz. Su fama de santidad se vio aumentada con motivo de su muerte. La gente acudió masivamente al funeral. Una señora, ciega de nacimiento, pidió la gracia de poder verla al menos un instante, y recibió la vista para siempre.

En 1879 dio comienzo el proceso de beatificación, que fue introducido por el Papa León XIII el 11 de agosto de 1901, por lo que Mª Celeste alcanzó el título de «Venerable».

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