Madrid

Lunes, 09 septiembre 2019 13:08

Monseñor Cobo pide con urgencia «un Plan Nacional de Inmigración»

Monseñor Cobo pide con urgencia «un Plan Nacional de Inmigración»

«Es urgente un Plan Nacional de Inmigración que desarrolle los pactos globales que impulsa la Iglesia católica en torno a las acciones de acoger, proteger, promover e integrar», afirmó este domingo el obispo auxiliar de Madrid José Cobo durante la Eucaristía con motivo de la próxima Jornada Mundial de Migraciones, que se celebró en la madrileña parroquia de Santa Irene y fue retransmitida por La 2, de RTVE.

Para monseñor Cobo, las migraciones y los grandes desplazamientos humanos son «una cuestión nuclear» en nuestros días, un fenómeno aparejado «a la desigualdad, a la desforestación, a tantas guerras abiertas o a la gestión de los recursos del planeta», en el que «muchas veces se culpa a las víctimas o se les descarta, por el hecho de ser empobrecidos».

Por eso, se preguntó por la reacción de los cristianos ante este fenómeno: «La migración es parte del camino por donde somos discípulos. ¿Cómo afrontar esta realidad? ¿Qué podemos decirle a nuestra sociedad como discípulos?». De este modo, invitó a mirar la migración «a través de la Cruz», para «aprender a ver a tantos que también portan sus cruces», entendiendo que «no hay personas de primera, con derecho a la vida, y personas de segunda sin derechos».

El auxiliar de Madrid pidió mirar a las personas que llegan a una Europa «que vive blindada hasta de Dios», una Europa «cada vez más envejecida y metida en un invierno demográfico que no queremos afrontar ni acogiendo a los jóvenes que llegan». En lo concreto, abogó por «crear centros de formación de menores sin tutelar, albergues y propuestas de asentamientos que permitan convivir en paz», y dio las gracias «por tantos que hacéis de vuestras comunidades lugar de encuentro, tantas comunidades que se han visto renovadas gracias a la acogida y a quienes habéis llegado».

Valoró asimismo la labor «de los que protegen y trabajan por la integración y por crear escuelas y espacios de acogida», y de «algunas parroquias de Madrid que se han movilizado para que haya siempre, al menos, una parroquia de guardia en la acogida a migrantes y refugiados, como una llama de amor encendida noche y día».

Junto a ellos, ensalzó el trabajo «de los que impulsan soluciones políticas globales que defiendan los derechos de las personas, y se armonicen con las posibilidades de los estados», así como subrayó el testimonio de las capellanías «que animáis la fe de los que llegan», y de las Iglesias que en los países de origen «que trabajan con nosotros generando o suspirando por establecer algún día corredores humanitarios de transito seguro».

Por último, concluyó dando las gracias «por vosotros, migrantes, refugiados y desplazados que habéis llegado a las parroquias donde os habéis integrado. Gracias porque sois una llamada a la conversión, a despertar el amor de Dios en un mundo que lo ha olvidado, o que lo quiere encerrar en leyes, fronteras o egoísmos».

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