Madrid

Miércoles, 06 noviembre 2019 08:08

«Caballero de Gracia es un estímulo para vivir con amor a la Iglesia»

«Caballero de Gracia es un estímulo para vivir con amor a la Iglesia»

«Lo que más destaca de la figura del Caballero de Gracia fue un amor muy grande hacia la Eucaristía, de donde nacía su amor por los pobres y por los más necesitados». En este lenguaje, habitado por una devoción que va más allá de las reglas y los cánones, define el delegado episcopal para las Causas de los Santos, Alberto Fernández, a Jacobo Gratij, más conocido como el Caballero de Gracia.

Gratij, que nació en Módena (Italia) en 1517 y falleció en Madrid en 1619, está sepultado en el real oratorio que lleva su nombre. Allí, entre el número 17 de la Gran Vía y el número 5 de la calle Caballero de Gracia, descansan los restos de este «hombre leal», que «vivió de forma extraordinaria su fe». Y allí, en ese lugar sagrado donde los pobres tienen reservado un sitio preferente, se celebrará este jueves, 7 de noviembre, la solemne ceremonia de clausura de la fase diocesana del proceso de beatificación de este siervo de Dios. La Misa, que será presidida por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, se desarrollará a partir de las 19:00 horas.

«Con la Eucaristía y los pobres en el centro de su vida»

El delegado, y también párroco de Santa María Magdalena, de Húmera, destaca que el Caballero de Gracia «era un hombre profundamente leal», con la Eucaristía y los pobres «en el centro de su vida».

Tras recalcar las virtudes del santo, primero como diplomático de la Santa Sede y después como sacerdote, destaca de él su compromiso con los más desheredados de la tierra. «Promovió diversas fundaciones de tipo benéfico (construyó dos hospitales y un colegio para niñas huérfanas) y religioso (creó tres conventos y, sobre todo, fundó la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento)».

«Los santos siguen hablando hoy»

«Con todo lo que se ha recogido, queda claro que ha vivido de forma extraordinaria su fe», asevera Fernández, consciente de que Gratij, aunque se ordenase sacerdote a los 70 años, «dedicó su vida entera a la Iglesia, fomentando –de diversas maneras– la adoración eucarística, mostrando lealtad a la Iglesia y su jerarquía».

En el fondo, «los santos, aunque sean muy lejanos, siguen hablando hoy», recuerda Fernández. «Y ver a un sacerdote con unas virtudes extraordinarias, siempre ayuda a ver que la Iglesia es santa». Asimismo, «personas como Caballero de Gracia son, para todos los cristianos, un estímulo para vivir con amor a la Eucaristía, a los pobres y a la Iglesia».

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De Madrid a Roma

Con la clausura del proceso de beatificación del Caballero de Gracia, que empezó el 14 de noviembre del pasado año, comienza la fase de estudio en Roma. Se retoma así el itinerario que inició san Simón de Rojas, sucesor del Caballero de Gracia, en 1623. Lo hizo al poco tiempo de la muerte de Gratij, pero «por causas desconocidas», tal y como subraya el rector del real oratorio del Caballero de Gracia, Juan Moya, en un artículo en alfayomega.es, «la documentación no llegó a Roma y se interrumpió el proceso».

Moya, además, rememora su humildad y su eficiencia: «Sin ser protagonista principal de los importantes acontecimientos diplomáticos que le tocó vivir, se ganó el aprecio fraterno y la confianza total de su más inmediato superior: Juan Bautista Castagna, futuro papa Urbano VII, al que conoció en sus años de Bolonia y con quien trabajó codo con codo 30 años». Y también una generosidad inaudita, siendo, incluso, «probado con la cruz» ya desde la infancia, pues «a muy temprana orfandad se sumó el abuso de unos parientes que usurparon el patrimonio perteneciente a Jacobo y a sus hermanas».

Cuando el rector recuerda la hondura de su carácter, reconoce que siempre supo perdonar a «injustos acusadores», como sucedió en 1583: «Mientras ejercía de protonotario apostólico en la Nunciatura de España, fue falsamente acusado –como se probó en juicio– de haberse apropiado de una fuerte cantidad de dinero…».

Un hombre «profundamente eucarístico»

El rector incide en que fue un «profesional competente» de la diplomacia vaticana, «con una formación académica que comienza en Bolonia –donde estudió Artes y Derecho– y fue fraguándose, como seglar, junto a prestigiosos cardenales y obispos, tres de los cuales llegaron a ser Papas». Él, desprendido de honores y cargos «que le ofrecieron papas y reyes en gratitud a sus destacados servicios», renunció a ellos.

Detalles que, sin duda, describen a la perfección la vida de este santo «enamorado de Madrid», donde «vivió media vida» y «quiso morir», reconocido y estimado por personas de las más diversas procedencias sociales: «Desde reyes, príncipes y nobles, hasta gentes del pueblo llano, que le tenían un gran respeto y admiración».

Y fue, concluye Moya, «profundamente eucarístico». Merced a todos estos aspectos de su vida, incide el rector del real oratorio del Caballero de Gracia, «confiamos en que su proceso de beatificación contribuya a un mayor conocimiento de su vida y sea estímulo en la búsqueda de la perfección cristiana en medio del mundo».

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