Madrid

Martes, 14 enero 2020 10:47

Monseñor Santos Montoya preside en San Ildefonso y Santos Justo y Pastor la Misa en honor a su titular

Monseñor Santos Montoya preside en San Ildefonso y Santos Justo y Pastor la Misa en honor a su titular

El 23 de enero, jueves, la Iglesia celebra la festividad litúrgica de san Ildefonso.

La parroquia San Ildefonso y Santos Justo y Pastor (Colón, 16) honrará a su titular con un amplio programa de actos litúrgicos. Arrancará con un triduo que se desarrollará los días 20, 21 y 22 de enero, con el siguiente horario:

  • Lunes 20: a las 18:15 horas, exposición del Santísimo y rezo del rosario; y a las 19:00 horas, Eucaristía.
  • Martes 21: a las 18:15 horas, exposición del Santísimo y rezo del rosario; y Misa a las 19:00 horas.
  • Miércoles 22: a las 18:15 horas, Lucernario y rezo de las I vísperas solemnes; y a las 19:00 horas, Eucaristia.

Durante el jueves 23, habrá exposición del Santísimo de 12:00 a 18:00 horas. La Misa solemne, a las 19:00 horas, estará presidida por monseñor Santos Montoya, obispo auxiliar de Madrid. En ella concelebrarán el párroco, Pedro Luis López, y sacerdotes de la zona. Con esta Eucaristía se inaugura la visita pastoral a la parroquia.

San Ildefonso

Nació en Toledo el año 606 o el 607, hijo de Esteban y Lucía, nobles visigodos, parientes del Rey Atanagildo; educado desde niño al lado de su tío san Eugenio III, pasó, ya entrado en la pubertad, a Sevilla, confiado a san Isidoro, en cuya Escuela cursó, con gran aprovechamiento, la Filosofía y las Humanidades, llegando a tanto el amor que su maestro le profesaba, que cuando quiso volver a Toledo, aquél se lo impidió por algún tiempo, llegando hasta encerrarle para obligarle a desistir.

Llegó por fin a Toledo, y la fama que entonces tenía el monasterio Agaliense le arrastró a aquel retiro, impulsado además por su fuerte vocación. Sabedor su padre de esta resolución, reúne algunos amigos e invade en su compañía el convento, teniendo san Ildefonso que ocultarse para escapar a una violencia. La intercesión de su madre y de san Eugenio hicieron por fin al padre consentir, y san Ildefonso, monje, pudo dedicarse a la oración y al estudio, recibiendo las sagradas ordenanzas mayores de manos de san Eladio, y san Eugenio le nombró después arcediano de su iglesia.

Los monjes del monasterio de san Cosme y san Damián le nombraron su abad, dignidad que también obtuvo a la muerte de Deusdedit en el monasterio donde había profesado, haciéndose admirar por el celo que desplegó en la reforma de su Orden, por su fe y su inagotable caridad. Muertos sus padres fundó con su pingüe herencia un convento de monjas en cierto heredamiento que le pertenecía en el pago llamado Deibia o Deisla, no conociéndose hoy en qué parte del término de Toledo estaba situado.

A la muerte de su tío, san Eugenio III, fue nombrado arzobispo de Toledo, cuya silla ocupó el 1 de diciembre del año 659, no sin haberla con insistencia rehusado. Compuso, apenas elevado a la nueva dignidad, un libro que tituló De virginitate perpetua Sanctae Mariae adversus tres infidelis, para combatir los errores de la secta joviniana. La tradición asegura que la Virgen María se le apareció y le impuso una casulla.

Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de Santa Leocadia, por haber nacido en santo en unas casas pertenecientes a aquella colación, no lejos de la parroquia de san Román, en lo que fue luego casa de los jesuitas. Cuando la invasión de los árabes, los toledanos, que con las reliquias de sus santos y los sagrados vasos huyeron hacia las montañas de Asturias trasladaron el cuerpo del santo a Zamora.

Dejó escritos, además del tratado De virginitate, otro con el título De cognitione baptismi, De itinere vel progresso espirituali diserti quo pergitur post baptismum, la continuación del libro de los Ilustres varones, de san Isidoro, y dos cartas, respuestas a otras que le dirigió Quirico, obispo de Barcelona.

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