Madrid

Martes, 05 mayo 2020 14:06

San Juan de Dios de la UVA de Vallecas: la parroquia que entrega 70 toneladas de alimentos al mes

San Juan de Dios de la UVA de Vallecas: la parroquia que entrega 70 toneladas de alimentos al mes

El Día de la Madre, los hogares de la UVA de Vallecas más necesitados recibieron un sus casas una bolsa de 30 kilos de comida que incluía un clavel y una imagen de la Virgen María. Un regalo que partió de la parroquia de San Juan de Dios y en el que había productos que cualquier madre querría dar a sus hijos y que para estos hogares es un sueño: mermelada, colacao… Lo cuenta Gonzalo Ruipérez, el párroco, que añadió a la cesta otro producto que «ni en Navidad: cochinillo de Segovia en 600 piezas donadas por un amigo».

Esta acción, que supuso un total de 15.000 kilos, forma parte de lo que el sacerdote llama entregas extraordinarias, porque «no quiero que se pierda el sentido de gratuidad, y además, aunque la frontera es muy fina, hay que diferenciar entre crear demanda y responder a necesidades. Lo primero lo hacen las empresas, por negocio; nosotros hacemos lo segundo. Si yo entregara aquí ahora mismo un menú diario –como estamos haciendo en otras cinco parroquias, entre ellas San Ramón Nonato– crearía una demanda, porque aquí no se muere nadie de hambre pero sí hay mucha necesidad».

Tanta que, si antes se repartían desde la parroquia cerca de 46.000 kilos de alimentos, la cifra ha aumentado hasta los 70.000 kilos entregados en el último mes, aunque «la UVA es la UVA», sentencia Gonzalo. «Con un 70% de paro, siempre se está en crisis en la UVA, forma parte de su genética histórica. Aquí no hay ERTE ni ERTE, ni nada, porque todo es en B».

¿De dónde salen tantas toneladas de alimentos? «El 20 %, del Banco de Alimentos; el resto, de lo que yo pido, porque aquí nadie tiene ninguna capacidad de dar», pero Ruipérez sí tiene mucha capacidad «de morro» para recurrir a amigos, a otras parroquias… «Es pedir. Punto».

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Además de las entregas especiales como la del Día de la Madre, los cuartos miércoles de cada mes se hace la ordinaria, que en la última ocasión, ya en pleno confinamiento, se llevó directamente a las viviendas de las 600 familias beneficiarias. «Fue una entrega hecha de manera extraordinaria en la que además incluimos seis mascarillas por persona; en este mes de mayo, como ya es un poco distinto, volverán a la parroquia, pero hemos habilitado tres días en vez de solo uno para la recogida», explica el sacerdote.

En la parroquia se encargan también de todas aquellas personas necesitadas derivadas de otras parroquias de cualquier parte de Madrid y a las que se les facilita comida «simplemente presentando un papel firmado de su párroco»; envían menús a otras cinco parroquias, y cubren las necesidades de entidades religiosas, a las que en el mes de abril les hicieron llegar 18.000 kilos de alimentos. Junto a ello, la atención semanal, en este caso ya a los más vulnerables de la UVA, «para reforzar proteínas y frutas y verduras de los ancianos, y también de unos niños que se han quedado sin las comidas del colegio».

«La de la comida es solo la primera ola»

«Esto no para. Y la de la comida es la primera ola, y la menos importante –comenta el padre Gonzalo–, porque llegarán otras olas: la de los alquileres, la de los conflictos y violencias familiares, la del miedo provocado por una situación que se ha quedado en el alma, la de la incertidumbre…». Sin contar con una brecha social que ya de por sí era evidente en el barrio: «Ahora los niños aquí saben leer y escribir pero cómo van a hacer deberes online si no tienen ordenador, ¡si hay casas en las que no hay ni luz!».

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Por eso, el párroco comienza todos los días su labor rezando con sus voluntarios a «Aquel que todo lo puede». Y por eso, a través de Facebook, ya desde los primeros días del confinamiento les recordó a sus feligreses la importancia de rezar en familia, de que los niños siguieran formándose con sus catequesis en casa y de aprender a pasar el tiempo juntos. De hecho, el mismo día del decreto del Estado de alarma les preparó unos packs de juegos de mesa, que podían ir a recoger a la parroquia, y que incluían barajas de cartas «para la brisca, el mentiroso, el cinquillo…» y juegos de la oca, parchís, damas y dominó.

El padre Gonzalo, que nos ha contado que duerme poco –«todos los días a las 7:00 horas ya estoy en pie y lo primero que hago es ir a ver a mi madre»–, que le «acaban de llegar cuatro camiones esta mañana con aceite, arroz y leche de bebé», entre otros, que «yo lo único que quiero es ir al cielo, y conmigo todos los que puedan», y que precisamente hablando del cielo ha bromeado con que «igual también tendré que pedirlo; estaré acostumbrado, a lo mejor me sale bien», se despide con un «reza por mí para que me abra a la paciencia, la fortaleza y la sabiduría de Dios».

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