Madrid

Viernes, 22 mayo 2020 10:52

¿Cómo vertebra la UVA de Hortaleza la parroquia San Martín de Porres?

¿Cómo vertebra la UVA de Hortaleza la parroquia San Martín de Porres?

En los años 80 la droga, sobre todo la heroína, se llevó una generación entera de jóvenes en la UVA de Hortaleza, uno de los barrios con mayor exclusión social en la capital. Ahora está resurgiendo el trapicheo por las nuevas dificultades económicas, pero en un contexto muy distinto... y ahí realiza un trabajo importante la parroquia San Martín de Porres.

Juan Alcalde, el responsable de la Cáritas parroquial, llegó hace ocho años, enviado en misión junto a su comunidad del Camino Neocatecumenal y otras dos más, para ayudar al párroco, Jorge Pablo Langley. «¿Madrid, tierra de misión?». «¡Anda, ya lo creo! La parroquia ha cambiado mucho en estos ocho años. La gente del barrio era muy agnóstica, pero empezamos a organizar todos los años un campamento de verano, nos llevábamos a los chavales diez días fuera, y esto los padres lo agradecían mucho».

La siembra comenzó a dar frutos y ahora, a las tres comunidades iniciales se suman otras tres más, formadas ya por los propios vecinos de la UVA. «En las últimas comunidades son todos jovencísimos; la quinta, por ejemplo, está formado por entre 35 y 40 chavales de 14 a 18 años», adolescentes y jóvenes que se llevan a sus casas lo que viven. «Son un regalo para su familia», asegura Alcalde.

Reforzar Cáritas

Precisamente a estos jóvenes del barrio, «que ahora mismo, con el confinamiento, están sin nada que hacer», son a los que recurren en Cáritas para reforzar el servicio de entrega de alimentos, que ha pasado de un viernes al mes a tres, «y estamos pensando ampliar a un cuarto porque nos vemos ya muy forzados».

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«Lo hacen por los pobres» porque, como sucede en todo Madrid, a la parroquia llegan cada semana situaciones nuevas de personas al límite, que no están cobrando el ERTE o derivadas de los Servicios Sociales. Si antes atendían a 80 familias al mes, actualmente son cerca de 130, unas «40 familias por semana ahora mismo», las que acuden a por comida, aunque no solo porque también atienden situaciones de impagos de recibos o incluso a veces «facilitamos viviendas para personas en situación de calle».

El grueso de los productos de primera necesidad entregados procede del Banco de Alimentos, que hace tres repartos anuales de 7.000 kilos de comida, y a ellos se incorporan las donaciones de otras entidades y particulares hasta alcanzar los 35.000 kilos anuales.

Los nuevos beneficiarios se han sumado a los de siempre. «Aquí tenemos gente muy fija –explica Alcalde–, la mayoría sin trabajo a los que les cuesta salir de la situación que tienen». Muchos de ellos, «gitanos de patada sin gastos de vivienda, que con la renta mínima, la chatarra y los alimentos que les damos, ya no necesitan más».

Pero hay otro perfil que les preocupa especialmente: el de los inmigrantes que llegaron de Latinoamérica (Venezuela, Colombia o Perú) con grandes sueños y «se encontraron con una situación complicada, una España en la que no había trabajo». El responsable de Cáritas asegura que ahora mismo, cuando ya no tienen ni para pagar el alquiler de sus habitaciones, «están muy tocados». «En los ocho años que llevo aquí no había visto nada igual», sentencia.

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