Madrid

Martes, 15 septiembre 2020 15:02

La hermandad de los Siete Dolores celebra sus 430 años: «La Virgen nunca ha dejado a sus hijos»

La hermandad de los Siete Dolores celebra sus 430 años: «La Virgen nunca ha dejado a sus hijos»

«La Virgen es el consuelo para los que hemos tenido desgarros en el corazón; pídele lo que quieras porque Ella no te abandona nunca». Cristina Navazo es desde hace años la hermana mayor de la  Real Congregación de Esclavos de María Santísima de los Siete Dolores, Santísimo Cristo de la Agonía y Descendimiento de la Santa Cruz, con sede en la parroquia Santa Cruz. Primera mujer en un cargo así de las hermandades de Pasión en Madrid «aunque ahora hay también mujeres en la Paloma y la Almudena». Pero a ella lo que le mueve en realidad es el amor a una Virgen que es titular de una cofradía ligada a su familia desde el siglo pasado: «El abuelo de mi marido fue el que compró la talla que actualmente veneramos, después de que la anterior fuera quemada en la guerra civil».

Destacan en esta imagen las siete espadas clavadas en su pecho, cuatro en el costado izquierdo, el del corazón, y tres en el derecho, en alusión a los siete dolores que tradicionalmente la Iglesia ha atribuido a la madre de Cristo: la profecía de Simeón («una espada te atravesará el alma»), la huida a Egipto, la pérdida de Jesús en Jerusalén, el encuentro con su Hijo camino del Calvario, la muerte de Jesús, el descendimiento de la cruz y el abrazo a su hijo muerto, y el entierro de Jesucristo.

Y de los puñales, al rostro: «Es una imagen tan dulce… Refleja un dolor asumido, ese “hágase en mí” que es tan reconfortante», señala la hermana mayor. Sus vestidos, siempre austeros, de luto, la convierten en «la única Dolorosa de Madrid que sigue manteniendo esta vestimenta castellana. Tiene que ir de dolor, más en Semana Santa; se le ha muerto un hijo, ¡y semejante Hijo!». Este 15 de septiembre, día de su fiesta, está como nunca con «el manto más bonito y antiguo que tiene: uno de paseo, con cola, que bordaron las Adoratrices por encargo de los cofrades tras la guerra». No es el único que viste: en noviembre y en Cuaresma luce uno bordado en azabache; y para la estación de penitencia, el Viernes Santo, se le hizo un manto un poco más elaborado para que destacara entre la escasa candelería y la oscuridad de la noche.

Eucaristía presidida por el cardenal Osoro

La tradición de venerar los Siete Dolores de la Madre de Cristo llegó a Madrid de Flandes, de la mano de Felipe el Hermoso y fue el germen de una congregación que a día de hoy perdura porque «la Virgen nunca ha dejado a sus hijos», afirma la hermana mayor. Hay constancia de que ya en 1592 el gremio de plateros procesionaba la imagen de esta Virgen, a la que tenían por patrona, en Semana Santa. Una estación de penitencia suspendida este 2020 y que dio paso a la otra gran labor de las hermandades: la de caridad. «Aportamos el dinero de las flores con las que iba a salir la Virgen» para la campaña de donativos en la que participaron las hermandades de Madrid.

Este martes la cofradía celebrará sus 430 años de vida con una Eucaristía en la parroquia Santa Cruz presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro. «Estamos muy emocionados, no sé cómo se lo vamos a agradecer –reconoce Cristina–; siempre está pendiente de las cofradías, da gusto». Para mantener las medidas de seguridad, no se bajará la imagen de su hornacina, pero sí se ha adelantado un poco de modo que los fieles puedan verla mejor. «Hoy le pediremos a la Virgen por los hermanos que han fallecido a causa del coronavirus, por todos los cofrades, por los sacerdotes, por el mundo entero y sobre todo para que ayude a la gente que más lo necesita», concluye la hermana mayor.

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