Con motivo de la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos, Alberto López Recuero, delegado de Exequias de Madrid, afirma que «los santos son personas como nosotros, nada más que se han dado cuenta de que Jesús está dentro de ellos, porque Jesucristo ha llamado a su puerta y la han abierto».
En este sentido, subraya que los santos son «ejemplos para la humanidad, porque son más humanos», y recuerda que, para los cristianos, la vida es un peregrinaje en el que estamos llamados a la santidad. Sus vidas muestran cómo actúa la gracia de Dios en nosotros.
«Él está tocando nuestra puerta»
Además, el delegado de Exequias señala que «Él llama. Él está tocando nuestra puerta. Nosotros tenemos la decisión de abrirle o no para que haga morada en nosotros».
Alberto destaca también la importancia de la comunión de los santos y de su intercesión, aunque considera que lo más hermoso es dejarse inspirar por su testimonio de vida y sus escritos. En este sentido apunta que «son personas, son seres humanos de carne y hueso que, además, tienen mucho arte y mucho duende, como se dice en el mundo artístico».
«Nos han amado hasta el extremo»
Al referirse a la conmemoración de los fieles difuntos, Alberto destaca que han sido fieles a Dios y al ser humano, permaneciendo firmes en su camino de fe a pesar de las dificultades. «Han seguido adelante con las rosas y espinas de la vida, con las cruces del camino. Nos han amado hasta el extremo», recuerda.
Asimismo, los describe como personas que han sido «los pies del buen pastor para muchos» y «los ojos de la misericordia», reflejando en sus vidas el corazón de Jesús y de María.
Con ojos de la esperanza y de la fe
Ante la realidad, el delegado de Exequias invita a fortalecer la fe. «Sabemos que están en nuestra verdadera patria, que es esa patria celestial». Alberto recuerda que «Dios siempre es un Dios de vivos» y que nosotros creemos que están vivos y disfrutan ya de una vida en plenitud, más allá de las limitaciones del cuerpo, la mente y las circunstancias de la existencia terrena.
«El duelo, el luto, a lo mejor lo podemos tener, pero más adelante hay que intentar mirarlo con los ojos de la esperanza y de la fe», concluye, invitando a los fieles a confiar en que sus seres queridos gozan ya de la plenitud de la vida junto a Dios».
