Alfonso Blanco creció en una familia «que no creía en Dios» y «no nos inculcaron nada la fe». Lo bautizaron e hizo la Primera Comunión más por tradición que por convicción. Y ahora, a sus 25 años, va a ser ordenado diácono, después de seis años en el Seminario Conciliar de Madrid preparándose para el sacerdocio.
¿Qué pasó? «Que en 2013 mi madre se convirtió y nos empezó a llevar a la iglesia». Alfonso tenía 12 años. Comenzó a rezar por las noches, a reconocer que Dios existe y a tener experiencias muy reales de Él, «de paz y alegría; notaba que Dios me quería».
Una de estas experiencias fue el sacramento del Perdón. Su madre le había apuntado a catequesis de Confirmación y la catequista los animó a una confesión «de corazón». Entonces Alfonso, que aunque se estaba preparando en la parroquia Santísimo Cristo de la Misericordia de Boadilla acudía regularmente a Santa María de Caná, en Pozuelo, se fue a confesar a esta última.
Ha pasado más más de la mitad de su vida desde entonces, pero Alfonso lo explica con tal viveza que pareciera hubiera sido ayer. «En esta confesión sentí realmente el perdón de Dios, me sentí amado». La vivencia del amor de Dios a través de su perdón fue un puntal en su crecimiento espiritual. (Imagen inferior, actualmente con los jóvenes universitarios de su parroquia).

La pregunta más honda
El Alfonso adolescente va cada vez con más frecuencia a Misa, se hace asiduo al confesionario y con 15 años tiene claro qué es lo que quiere ser de mayor: Diseño Gráfico y Bellas Artes. Pero hay una pregunta más honda: «¿Cuál es la voluntad de Dios?».
Un día, en oración ante el Santísimo, escuchó su voz: «Yo te quiero tal y como eres». Y a partir de ese momento, «como un pequeño susurro en el corazón», surgía repetidamente una palabra, «sacerdote».
A Alfonso no le asustaba nada, «si es de Dios, no tengo ningún problema», pero había una inquietud: deseada estar enamorado del sacerdocio, y sin embargo no entendía muy bien lo que era. En esto le ayudó la Virgen, quien, por cierto, había jugado un papel destacado en la conversión de su familia (padres y hermana mayor) porque después de su madre fueron todos en cascada.
A Ella le pidió un día: «Enamórame del sacerdocio». La Madre le hizo entender que «ser sacerdote es ayudar a Jesús a la salvación de las almas». Se dio cuenta de que su mayor deseo, que era ir al cielo, se ampliaba al mundo. «Entre Diseño Gráfico o ayudar a Jesús, no hubo duda», ríe. (Imagen inferior, de convivencia con lso adolescentes de su parroquia actual).

Sin dudas
Desde finales de 4º de la ESO y durante los dos cursos de Bachillerato tuvo un acompañamiento espiritual mucho más intenso y una implicación mayor en la parroquia. «Día a día me iba dando cuenta de que eso era lo que me movía». Así que se examinó de la EBAU y entró en el Seminario. Era septiembre de 2019.
Reconoce que le costó ubicarse, «fue un cambio radical», con un ritmo muy intenso, de mucha oración, de mucho estudio… Además, a los pocos meses llego el confinamiento por el Covid y se volvió a casa de sus padres; en el Seminario les dijeron que aquellos que pudieran, lo hicieran.
Pero nunca ha tenido dudas de su vocación. Ahora, Alfonso hace su formación pastoral en la parroquia Madre del Amor Hermoso de Villaverde Bajo y pasa los veranos en experiencias de crecimiento propuestas por el Seminario: un verano viviendo en la parroquia, otro en una casa de mayores con discapacidad en Extremadura, las JMJ, estancias en el Cenáculo de la madre Elvira, «y otro me pidieron ir a Perú», a un colegio para muchachos de tribus indígenas que no hablan castellano. «Me encantó».
A pocos días de su ordenación asegura no sentirse especialmente nervioso, «lo están más mis padres». «Siento que hay mucho que crecer, pero la Iglesia ha dicho que sí y el Señor está ahí para recordarte su fidelidad».
Además, está especialmente ilusionado porque serán los diáconos del Papa León XIV. Ya tuvieron la oportunidad de encontrarse con el Papa Francisco en el Vaticano (imagen inferior), y ahora podrán servir en las celebraciones del viaje apostólico de junio. «Otro regalo del Señor, empezar con el Papa».

Futuro sacerdote
Sobre su futuro, «mi deseo más profundo es ser una sacerdote del corazón de Jesús; estar toda mi vida intentando unirme al corazón de Jesús para ser otro corazón de Jesús en el mundo». Pide que nunca le falte con los demás la misericordia que Dios tuvo y tiene con Él; la acogida, «como me ha acogido a mí», y la alegría.
«En la sociedad de hoy la gente necesita encontrarse con un Dios que perdona, que ha venido a salvarnos, no a condenarnos». No se necesita más —añade— que el perdón, el amor y la misericordia de Dios. (Imagen inferior, con su curso del Seminario).

