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Sábado, 17 enero 2026 19:09

Apostolado Seglar: Una fuerza que transforma la vida pública desde el bien común

Apostolado Seglar: Una fuerza que transforma la vida pública desde el bien común

Tener un momento de comunión y escucha que permita descubrir los designios de Dios sobre la misión en medio de nuestra sociedad, como bautizados y miembros de su rebaño. Esa ha sido la motivación que ha reunido a los miembros del Pleno del Secretariado de Apostolado Seglar del Arzobispado de Madrid este 17 de enero de 2026.

Un crisol de carismas

Unos 100 representantes de movimientos eclesiales, vicarías y asociaciones se han reunido en la sede de la curia diocesana. Hombres y mujeres que, en un crisol de carismas, buscan discernir cómo Dios se hace cercano e ilumina su compromiso con el mundo y con la vida concreta de las personas, como decía la oración con la que inició el encuentro.

Asumiendo con responsabilidad su misión bautismal, a través del laicado se hace realidad una fuerza que transforma la vida pública, que es presencia de Dios y de la Iglesia allí donde se juega la dignidad de las personas y el bien común. Una dinámica presente en la vida de la Iglesia, que “tiene una continuidad”, como recordó la directora del Secretariado de Apostolado Seglar, Susana Arregui García.

La directora subrayó la importancia del proceso sinodal y de la implementación del Sínodo, que definió como “esencia de la misma vida de la Iglesia”. La Iglesia universal y la archidiócesis de Madrid están buscando las claves para implementar la sinodalidad en todos los niveles de Iglesia, una práctica cotidiana en la vida de los movimientos y asociaciones, recordó Arregui. De ahí la importancia de ir dando pasos de cara a la asamblea diocesana de 2027 y a la asamblea jubilar en el Vaticano prevista para 2028.

Vivir en “calidad de preocupados”

Todos los bautizados somos llamados a “vivir en calidad de preocupados”, pues cuando tenemos esa actitud “la evangelización es automática”, en palabras del delegado de Apostolado Seglar de la archidiócesis de Madrid. José Manuel Aparicio reflexionó a partir de “La incómoda doble ciudadanía del creyente”. Lo hizo en un momento de tensión social, que llama a todos los bautizados a “no perder aquello a lo que hemos sido llamados”.

El párroco de Santa María Madre de Dios de Tres Cantos, a partir de la doctrina del Concilio Vaticano II, acentuó la idea de Iglesia sacramento universal de salvación, de una Iglesia que tiene como vocación reflejar una luz que no es propia. Aparicio destacó dos claves del Vaticano II. En primer lugar, el reconocimiento de la autonomía de la realidad, como recoge Gaudium et Spes. Una idea que tiene como consecuencia el que hay que escuchar a todos y libera de interpretaciones de la realidad en sentido mágico.

Por otro lado, distinguir los planos políticos y los planos religiosos. Una imagen que tiene como consecuencia el hecho de que la misma fe puede dar lugar a opciones políticas diferentes. En esa perspectiva, el delegado de Apostolado Seglar defendió la necesaria neutralidad de la Iglesia respecto al ámbito político.

Implicaciones del bautismo

Una pregunta clave es la que lleva a preguntarse ¿Qué implica el bautismo? A partir de su experiencia parroquial, Aparicio relató distintas motivaciones para bautizar. A partir de ahí señaló que “recibir el bautismo es incorporarnos a un modo de vida” y así integrar la triple condición de sacerdotes, profetas y reyes. Una triple condición que lleva a asumir el sacerdocio común de los fieles, el vínculo con la justicia y compromiso con el mundo, y sentir a Dios Padre como nuestro Rey.

Una Iglesia Sacramento en el diálogo, que lleva a José Manuel Aparicio a definir la Iglesia como “diálogo entre bautizados”. Un diálogo que tiene que ir más allá, algo que concreta en el dialogo ecuménico, interreligioso y con el mundo. En esa perspectiva, ve como un modo de calificar la eficiencia de las parroquias los diálogos que en ellas los bautizados son capaces de establecer. Desde ahí hizo un llamamiento: “Ojalá nuestra Iglesia se distinguiera por los diálogos que es capaz de establecer”.

Del mismo modo que en otros momentos históricos surgieron órdenes y congregaciones religiosas que con sus carismas querían dar respuesta a situaciones sociales, Aparicio hizo ver que en los últimos decenios han surgido nuevas realidades eclesiales que explicitan carismas de diálogo: Taize, Comunidad de San Egidio, Focolares… Carismas que considera imprescindibles en el mundo actual polarizado, sobre las que reflexionaba el papa Francisco a partir del concepto de amistad social en la encíclica Fratelli tutti.

La cultura del encuentro

El horizonte de la cultura del encuentro debe ser una premisa en la vida de la Iglesia. Algo que tiene que ver, pero que va más allá del concepto de tolerancia, “aquello que siendo una convicción para mi no tienen que ser objeto de división”, en palabras de Aparicio. Un diálogo que no es vacío, como recoge Pablo VI en su primera encíclica, la Ecclesiam suam. En esa perspectiva, en la actual cultura posmoderna, que defiende que no se pueden aplicar verdades universales a valores éticos, algo que hoy se ha aplicado a la ciencia, es necesario resaltar que la ausencia de verdad conduce al enfrentamiento.

Una reflexión que tuvo como conclusión la presentación de criterios para la presencia evangélica. José Manuel Aparicio hizo algunas propuestas en ese sentido. La primera ser expertos en humanidad, ser una Iglesia que ofrece una experiencia de diálogo. Junto con ello ser cristianos creíbles en compasión, algo que tiene que ver con el dialogo no verbal, un lenguaje que es más fácilmente comprensible. Igualmente ser creíbles en verdad ante la ausencia de verdad en nuestra cultura, lo que lleva a entender que una misma fe puede dar opciones políticas diferentes.

Unos criterios que no pueden dejar de lado la opción preferencial por los pobres como compromiso bautismal. Una reflexión presente en la exhortación apostólica Dilexi te del papa León XIV. Recordando las palabras de Benedicto XVI, el delegado de Apostolado Seglar señaló que la Iglesia no tiene el protagonismo en la lucha por la justicia, esta es del Estado. Aparicio ve como criterio destacado el diálogo en términos esperanza y alegría, que le lleva a afirmar que se puede ser esperanzados sin ser optimistas. Una propuesta necesaria en un mundo donde el don de Dios puede ser ofrecido como sanación para las personas.

Importancia de la consagración bautismal

La importancia de la consagración bautismal, lo que está por encima del ministerio que la Iglesia ha confiado a cada uno, ha sido una reflexión que ha llevado a cabo el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo Cano, presente en la reunión. De ahí la importancia de los procesos diocesanos de iniciación cristiana que se están llevando a cabo en la archidiócesis de Madrid. Junto con ello, la llamada a un compromiso social que Dios hace, que debe ser vivida como una vocación que nace del bautismo y que lleva, especialmente a los laicos, a dar testimonio en esos ambientes.

El arzobispo de Madrid ve como retos para la Iglesia el afrontar la evangelización al ritmo de Evangelii Gaudium y hacer eso realidad todo eso en las claves sinodales actuales. Al mismo tiempo, expuso las que considera las dos grandes tentaciones entre los seglares: el individualismo, que lleva a pensar que el último criterio es lo que yo, mi parroquia, mi movimiento decide, ignorando aquello que la Iglesia universal propone. En segundo lugar, entrar en una conversión sinodal, de cambios de estructuras, vinculaciones, formas de pensar, lenguajes. Un compromiso que tiene que ser asumido de modo especial por los movimientos y los cristianos comprometidos. De ahí la urgencia de tirarse al agua, arriesgarse, hacer procesos, subrayó.

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