«¡No tengáis miedo al matrimonio, a formar una familia!». El Papa León XIV lo gritó con fuerza en la vigilia con los jóvenes en Madrid, durante su viaje apostólico a España el pasado mes de junio, y lo ha vuelto a repetir ahora que en Roma se está celebrando el décimo aniversario de la publicación Amoris Laetitia, exhortación apostólica que firmó el Papa Francisco.
«Los jóvenes siguen anhelando el amor, la fidelidad y el sentido de pertenencia —ha afirmado el Santo Padre en la apertura de un encuentro que durará una semana—, sin embargo, a muchos les cuesta aceptar cómo esa visión del amor puede materializarse en sus propias vidas o creer que un compromiso para toda la vida es la condición necesaria para alcanzar lo que desean».
Lo sabe bien la Iglesia que camina en Madrid y, en concreto, Margarita García Tomé, responsable del Centro de Escucha, Acompañamiento y Mediación (CEAM) de la Delegación Episcopal de Familia y Vida. Con toda una vida profesional dedicada a la mediación familiar, Margarita capitanea el centro desde su puesta en marcha, a raíz de la pandemia. «Don Carlos [cardenal Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid] había detectado más problemas con motivo de la pandemia que no se abarcaban con los COF [Centro de Orientación Familiar]».
Se trata de un «servicio gratuito, prestado por profesionales, para familias que necesitan apoyo para prevenir o dar respuesta a las dificultades». Los problemas más generales que abordan son de comunicación, de convivencia, de relaciones con los hijos, procesos de ruptura…

La intuición del Papa León XIV la vive Margarita con mayor intensidad si cabe en los últimos años. «Ahora vienen muchos jóvenes, la mayoría convivientes, que se quieren casar, pero están llenos de miedos». Y lo que Margarita trabaja en las sesiones es para sacar a la luz esos miedos.
Hay parejas, por ejemplo, en las que se detectan «muchas diferencias de ideas»: uno se quiere casar por la Iglesia y otro no, o quiere tener hijos y el otro no… «Esta pareja no tiene porvenir; al final muchos se casan y son los que tienen más problemas, porque no tienen nada en común».
Hay otras en las que «el único problema es que no tienen casa; pues esto se puede trabajar, porque tienen la felicidad al alcance de su mano y no lo han visto».
Las mochilas que cada uno lleva a la pareja también influyen. Por ejemplo, cuando vienen de familias rotas o en las que hubo problemas de convivencia. «Pasa siempre; piensan que les puede ocurrir lo mismo» porque incluso ven en ellos mismos o en su pareja «esos comportamientos que han aprendido desde niños». Es muy importante trabajar desde «cómo se sentía la persona cuando sus padres discutían, cómo gestiona ahora la ira o la rabia…». Y es sustancial también que el afectado recuerde lo bueno, «porque tus padres seguro que tenían cosas buenas».

Los primeros años de matrimonio
En este encuentro que se está llevando a cabo en Roma para reflexionar sobre los diez años de Amoris Laetitia, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, participará el sábado 10 de octubre introduciendo una de las sesiones, cuya temática es La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio, un tiempo decisivo.
En este punto, la Iglesia ayuda también a edificar y a construir familia. En CEAM no son pocos los casos que se tratan de conflictos derivados de las relaciones con las familias de origen. «Muchas familias no saben cortar el cordón umbilical cuando un hijo se casa», y por ejemplo, ante la pena de no volverlo a ver tan asiduamente, «pues todos los fines de semana vienes a comer a casa» y esto se establece de manera obligatoria. Así, «¿cómo van a hacer su nueva vida de familia».
En estos casos, puede surgir «rivalidad» en los nuevos esposos, «porque entonces si el sábado vamos a casa de tus padres, el domingo a casa de los míos». O que uno de los dos no diga nada aunque le resulte una carga, y entonces «falta comunicación y se deteriora la convivencia». En estos casos, Margarita pide permiso para poder hablar con los padres y con ellos hace un trabajo de orientación.
Método preventivo
En CEAM se utiliza un método preventivo. Las parejas acuden muchas veces y verbalizan que quieren separarse, pero «nosotros no damos por hecho que quieran separarse». Lo primero es ver en qué momento del conflicto se encuentran y «verificamos si se siguen queriendo».
En la mayoría de las ocasiones, ambos tienen ya una comunicación deteriorada que «no es constructiva» y gracias al acompañamiento y a la mediación «se dan cuenta de que no quieren romper el vínculo matrimonial», pero no acaban de identificar qué les pasa a causa de esa comunicación tan deteriorada. Así, se les ayuda a «darse cuenta de qué es lo que les ocurre» y a poder ponerle una solución. Se trata de «favorecer la comunicación constructiva para que ayude a la cohesión».
A Margarita no le gusta hablar de culpabilidad en un conflicto de pareja; sí de responsabilidad. Y de «pedir perdón», que es «muy importante: dignifica a la persona, y ellos se quedan muy tranquilos, se miran de otra manera, se agarran de la mano…».
Es cierto que no es fácil. «Cuando llegan, tienen sentimientos muy encontrados, de pena, de angustia, de “esto no me puede estar pasando a mí”… Si hay terceras personas es más difícil, pero también se puede conseguir», sostiene la responsable de CEAM.

El cuidado de los hijos
Desde el centro se presta una atención especial a los hijos. Son niños, explica Margarita, que en esas situaciones de conflicto son «muy vulnerables». «Yo también los traigo a mediación para ayudar a mitigar su sufrimiento en esos momentos de dificultad».
Ellos cuentan con un elemento añadido de dolor: «Todos los hijos piensan que son culpables; tienen un sufrimiento tan grande…». Margarita atiende a jóvenes que van por su cuenta, incluso algunos ya casados, que aún acarrean ese sentimiento de culpa. Y aquí, apostilla: «Cuando se prepara al matrimonio no se tienen en cuenta muchas cosas relacionadas con la vida posterior que van a tener».
Margarita advierte sobre cuándo pedir ayuda. «Que vengan en cuanto vean un problema». Sin embargo, «la gran mayoría, sobre todo en edades más maduras, piensa que por ellos mismos van a poder resolverlo». Les cuesta más pedir ayuda, y «cuando acuden, para algunos es demasiado tarde».
Porque en CEAM hay muchos casos de éxito, pero es cierto que hay conflictos que acaban en separación. En estos casos, «trabajamos por el bien de los hijos; los padres los utilizan, aunque no se den cuenta». También velan por que «la familia no se rompa, porque siguen siendo familia; los padres tienen que seguir siendo padres, esos hijos necesitan a su padre y a su madre, a sus abuelos, a su red social, a su colegio…».
Colaboración con el Tribunal Eclesiástico
La responsable de CEAM anuncia una colaboración con el Tribunal Eclesiástico de Madrid «porque han visto necesidades en esas familias que piden la nulidad». En muchos casos, son personas que desean volver a casarse, y en este sentido Margarita vuelve a poner el foco en los niños: «Se trata de prevenir la desunión y el desamparo de los hijos».
Así, trabajarán con estas familias lo que ya vienen haciendo en el centro: unas sesiones informativas con los padres para que sepan cuáles son los efectos de la separación en los hijos; cómo comunicar a los niños la situación de manera adecuada, y talleres para niños, y también abuelos, para que expresen sus sentimientos y emociones.

Aprender de las familias
«Han venido muchas personas a las cuales hemos podido ayudar», dice Margarita, pero a su vez «aprendemos muchísimo de ellos». «No estamos libres ninguno», sostiene, y en todos los casos Margarita trabaja desde la empatía. «Los profesionales nos tenemos que poner en sus zapatos», sin juzgar —y esto lo enfatiza de manera especial— y con respeto, teniendo en cuenta que el CEAM, concluye, es «un espacio seguro para expresar los sentimientos» y sabiendo que estos «pueden ir cambiando poquito a poco hacia la alegría».
