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Domingo, 08 noviembre 2026 13:25

Cardenal Cobo: «Tenemos aceite suficiente si el amor nos ayuda a superar resistencias y a construir con los demás»

Cardenal Cobo: «Tenemos aceite suficiente si el amor nos ayuda a superar resistencias y a construir con los demás»

La Iglesia celebra este 8 de noviembre el Domingo de la Comunión y de la Iglesia Diocesana. Una oportunidad para reflexionar sobre nuestra vida cristiana y nuestro ser Iglesia. Analizando nuestra vida cristiana, percibimos que nos pasa con frecuencia que «comenzamos muchas cosas con ilusión, con ganas, con esperanza», recordaba el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo en la Eucaristía que presidía en el Catedral de la Almudena.

 

Se apaga la primera ilusión

Reconocía que «pasa el tiempo, aparecen las dificultades, las decepciones, el cansancio. Y aquella primera ilusión puede ir apagándose». Mantenemos actividades, reuniones, compromisos, «pero quizá vamos perdiendo algo por dentro», nos falta la fuerza del principio. Sobre esas situaciones reflexionaba a partir del evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, donde «Jesús nos presenta diez jóvenes que salen con sus lámparas a esperar al esposo». Se cansan y se duermen y solo cinco han llevado aceite suficiente.

Una escena ante la que Jesús nos pregunta, en palabras del cardenal Cobo: «¿cómo está hoy nuestra lámpara? ¿Qué está alimentando nuestra vida cristiana?». En su reflexión advertía que «podemos tener una lámpara muy bonita y estar apagada. También podemos tener templos, parroquias, grupos, proyectos pastorales, muchas actividades y haber perdido lo principal». Una afirmación que le llevaba a otra pregunta: «¿Qué es lo principal?»

El arzobispo invitaba a reconocer en ese aceite del Evangelio el amor: «el amor que recibimos de Dios y que necesitamos renovar cada día. Porque el amor mantiene viva nuestra relación con Jesús y da sentido a cuanto hacemos». Un amor que necesita alimentarse, renovarse, pues «el cariño que no se cuida se enfría». Algo que también ocurre en nuestra relación con Dios, pues «podemos acostumbrarnos a su presencia, dejar de escucharle, de preguntarnos qué espera de nosotros».

Nos necesitamos para sostenernos despiertos

Para ello proponía «volver cada día a Jesús», permanecer despiertos, saber que «nos necesitamos unos a otros para sostenernos despiertos y vigilantes». Junto con ello, «escuchar juntos su Palabra, alimentarnos de la Eucaristía que compartimos. Descubrir que somos amados por Dios y que ese amor nos llega también a través de quienes comparten camino con nosotros. Sean como sean», decía a partir de Lumen gentium.

Como sucedió con las mujeres que se quedaron sin aceite, reconoció que «también a nosotros Dios nos sorprende y a veces nos deshace los planes. Llegan momentos que no esperábamos y nos encontramos sin el aceite que ilumina». Y eso porque «Jesús nos recuerda que el amor no se improvisa a última hora. Necesita una historia. Se va haciendo en las pequeñas fidelidades de cada día, en la paciencia, en el perdón, en el cuidado de quienes tenemos cerca».

En el hecho de que las jóvenes sensatas no compartan el aceite, el cardenal ve que «quizá Jesús nos está recordando que hay algo que nadie puede vivir en nuestro lugar. Nadie puede amar por nosotros. Nadie puede responder por nosotros al amor que Dios nos ofrece». De hecho, volviendo de nuevo a Lumen Gentium, subrayó que «el amor es la fuente de la comunión. Es lo que nos permite caminar juntos al encuentro del esposo». Y junto con ello, «la Iglesia nace de Jesucristo, que nos ha amado, nos ha llamado y nos ha reunido. Él nos ha dado su Espíritu y nos ha hecho miembros de un mismo pueblo».

Iluminar el camino de los otros

Asumiendo que «somos distintos, con historias, sensibilidades y formas diferentes de vivir la fe», hizo ver, también al hilo de Lumen gentium, que «hemos sido alcanzados por un mismo amor. Y ese amor nos hace hermanos». Reconocer eso en el Día de la Iglesia Diocesana y el Domingo de la Comunión, en vísperas de la fiesta de la Virgen de la Almudena, nos muestra, a ejemplo de las mujeres que salen al encuentro del esposo, nuestra misión: «iluminar el camino para que los invitados y amigos del novio no se pierdan en la noche».

Eso demanda «salir de nuestras comunidades y descubrir lo que nos une, lo que hace que seamos Iglesia antes que proyectos separados». Desde una misión común: «acompañar al esposo y ayudar a otros a encontrarse con él». Y hacerlo siempre, también en medio de nuestras noches. El arzobispo ve la comunión como «don que recibe la Iglesia para ser fiel a esta misión», que llamó a cuidar y mantener encendido y entender que, más allá de organizar actividades, «reconocemos que, por nuestro bautismo, participamos de una misión más grande que mi parroquia, mi movimiento o mi comunidad». Algo que se fundamenta en que «el Señor ha querido que nos necesitemos unos a otros para vivir la fe. Nadie puede construir la Iglesia por su cuenta».

Una comunión que necesita gestos concretos: «el esfuerzo de reconocer al otro, la humildad de escuchar, la disponibilidad para compartir». Y que «se desgasta cuando solo defendemos lo nuestro, cuando miramos con desconfianza lo que hacen los demás, cuando convertimos nuestras diferencias en distancias». La comunidad no crece cuando hace más cosas, sino «cuando aprende a amar más y a necesitar a las demás comunidades».

El cardenal Cobo agradeció a los miembros de la Comisión por la Comunión, que «se esfuerzan para que la comunión ocupe el lugar que le corresponde en nuestra vida diocesana». En ese sentido, en el lema del proyecto pastoral diocesano de este año: «Alcemos juntos la mirada», el arzobispo ve una invitación del Señor a «mirar más allá de nuestras dificultades, de lo que siempre hemos hecho. A descubrir que sigue viniendo y que su Espíritu continúa abriendo caminos nuevos. Y nos invita a hacerlo juntos».

La diócesis es suma de comunidades

Para el arzobispo, «la diócesis no es una organización lejana que coordina las parroquias, ni una suma de comunidades. Es nuestra Iglesia. Una porción del Pueblo de Dios, reunida por el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, confiada al cuidado pastoral del obispo con la colaboración de su presbiterio. En ella, con nuestras distintas vocaciones y carismas, se hace presente y actúa la única Iglesia de Cristo, en comunión con el Papa y con las demás Iglesias particulares. Todos participamos de su vida y de su misión», como recoge Christus Dominus y Lumen gentium.

Desde el presupuesto de que «todo lo que hemos recibido es una riqueza para todos», y que «el Espíritu reparte sus dones para el bien de toda la Iglesia», llamó a «colaborar entre parroquias, compartir iniciativas y responsabilidades, escuchar lo que Dios está haciendo en otras comunidades. A cuidar la fraternidad entre los sacerdotes, dar mayor participación a los laicos y aprender a discernir juntos». Para ello, hizo ver la necesidad de «renunciar a pequeños protagonismos, cambiar costumbres, salir de nuestros espacios conocidos», dado que «ahí se comprueba si tenemos aceite suficiente: si el amor nos ayuda a superar nuestras resistencias y a construir con los demás».

En una diócesis grande y diversa, ve la necesidad de «reconocernos como una sola Iglesia, responsable de anunciar el Evangelio en esta ciudad y en nuestros pueblos», dado que «el amor que alimenta la comunión también nos lleva fuera», y «la comunión que nace del amor de Cristo se convierte en misión».

Finalmente, llamó a «cuidar el aceite cada día», para una espera larga en la que «a veces nos dormimos y perdemos la ilusión». Y hacerlo porque «Dios sigue viniendo. Y sigue confiando en nosotros». Para ello, el cardenal Cobo pidió que «alcemos juntos la mirada», dado que «tenemos una misma esperanza, una misma misión y mucho camino por recorrer. El Señor viene a nuestro encuentro. Que no nos falte el aceite del amor».

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