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Domingo, 24 mayo 2026 13:41

Cardenal José Cobo llama en Pentecostés a «Crear Iglesia en un mundo donde todos hablamos mil lenguajes»

Cardenal José Cobo llama en Pentecostés a «Crear Iglesia en un mundo donde todos hablamos mil lenguajes»

El día de Pentecostés, en que «es enviado el Espíritu al corazón de la Iglesia», como recordaba el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, es dedicado a la Acción Católica y al Apostolado Seglar, que en 2026 tiene como lema «Pueblo de Dios que sale al encuentro». Una celebración en la que la Iglesia de Madrid ha reunido en la Catedral de la Almudena «a todos los que tenéis el corazón preparado para que Dios siga actuando», decía su pastor.

Abrirse al don del Espíritu Santo

Una diócesis que «quiere caminar junta y desea hacer visible la Comunión y abrirse al don del Espíritu Santo», en palabras de la directora del Secretariado de Apostolado Seglar, Susana Arrregui. Para ello mostraba el deseo de «agradecer e implorar el don del Espíritu para que nos ayude a mostrar al mundo la belleza del Evangelio desde la variedad de carismas y ministerios», y hacerlo en este momento en que Madrid se prepara para acoger la visita del papa León XIV, que espera «sea germen de muchos frutos».

Frutos que nacen de la presencia del Espíritu Santo que hace de la Iglesia Cuerpo de Cristo, señalaba el arzobispo en su homilía. El Espíritu Santo que nos hace templo de Dios, pues hace que seamos «habitados por Dios, desde esa experiencia de nuestro bautismo». De hecho, «por el Espíritu Santo nace la Iglesia», pues por Él, al contrario de lo sucedido en Babel, «aprendemos poco a poco a hablar un mismo lenguaje, y esa es la clave de la fraternidad».

A través del Espíritu, «Dios es el que nos busca y desciende continuamente», como vemos en al año litúrgico, donde celebramos «cómo Dios se acerca, cómo en cada momento Dios se hace uno de nosotros, vive con nosotros, muere por nosotros», subrayó el cardenal Cobo, que ve Pentecostés como «casi la segunda encarnación de Cristo», que «se queda en cada uno de nosotros cuando acogemos nuestro bautismo». Un Espíritu presente a lo largo de la Historia de la Salvación desde la Creación.

Habitados por Dios

Lo que se celebra en Pentecostés «es que estamos habitados por Dios», que somos cuerpo de Cristo, que es la cabeza. El Espíritu tiene la capacidad de ir siempre delante, de precedernos, de guiarnos. Es una especie de disrupción, capaz de «crear Iglesia en un mundo donde todos hablamos mil lenguajes, donde nos cuesta entendernos, donde cada uno vamos mirando a lo nuestro». En esa realidad, el Espíritu armoniza y ayuda a que nos entendamos, enfatizó el cardenal.

En los días de hoy, el reto, en palabras del cardenal Cobo, es «seguir acogiendo juntos el Espíritu, pero no para ser los mejores, sino para hacer Iglesia y para que la Iglesia sea no lo que nosotros queramos sino lo que el Espíritu quiere que seamos». Para ello, «necesitamos a cada uno de nosotros, a cada comunidad, a cada asociación, a cada movimiento, a cada laico y laica, a cada sacerdote, a cada consagrado y consagrada». Y así «seguir haciendo esta Iglesia que Dios quiere que sea», haciendo una llamada a ofrecer «la fraternidad de Dios que nuestro mundo necesita».

Un Espíritu del que hemos sentido su presencia, nos ilumina en momentos de miedo y nos sostiene, que «ha puesto en cada uno de vosotros, el sello de Cristo, y desde el bautismo nos ha consagrado», destacó el arzobispo. Lo ha hecho para que «seamos imagen perfecta suya», para que reconozcamos su presencia «en las cosas que hacemos, en los pasos que damos en la vida». Es el Espíritu que nos envía en misión, pues «la misión es para lo que hemos sido creados. No es un apéndice, es la vida misma», decía el cardenal, que llamaba a «que participemos de esa única misión» y discernir cómo concretarla.

La Iglesia en medio del mundo

En el Día del Apostolado Seglar, el cardenal enfatizó que «el laicado no es un complemento a la misión de la Iglesia, es la Iglesia en medio del mundo». A ellos les hizo ver que «sois la presencia de Cristo en la familia, en el trabajo, en la cultura, en la política, en la educación, en el mercado, en tantos y tantos lugares. Sois la presencia de la Iglesia, el rostro de la Iglesia en tantos lugares». Desde ahí ha agradecido por esa presencia y responsabilidad, «que es el fruto natural de nuestro bautismo», y también a través de quien «el Espíritu se encarna en la historia».

El cardenal Cobo llamó a reconocer «cómo Dios va trabajando el corazón de nuestro mundo, sencillamente, desde el perdón, desde la reconciliación, desde el escuchar, desde el hacer lo que el Evangelio nos ha enseñado». E invitó a ser, siguiendo lo que pide León XIV, «auténtico pueblo, un pueblo que sale al encuentro, no una comunidad cerrada en cada una de sus asociaciones, de sus preocupaciones o de sus ideas, sino una Iglesia capaz de salir al mundo con su pequeñez y con su humildad, pero llena de su gran tesoro, el Espíritu y el Señor que nos ha sido entregado». Una iglesia que «salga el mundo sin miedo, porque tenemos la fuerza de Dios que se entrega por nosotros».

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