Este domingo 8 de marzo, tercero de Cuaresma, el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, ha visitado la parroquia de la Santísima Trinidad en Collado Villalba. Una visita vivida como una oportunidad para renovar y fortalecer el impulso evangelizador y los lazos de comunión en la comunidad parroquial.

Todos tenemos sed
Una celebración que el cardenal Cobo vio como momento «para recordar que somos parte y que estamos en ese pueblo de Dios, en esa Iglesia de la que formamos parte y que hoy se reconoce en esta parroquia». En su saludo a las autoridades, el arzobispo hizo ver que «la mirada de la Iglesia es también a nuestros vecinos y vecinas, porque si algo tenemos todos en común es que todos tenemos sed», a la luz del texto del Evangelio que relata el encuentro de Jesús con la samaritana.
«Sed de no estar solos, sed de no quedarnos vacíos, sed de tantas cosas», dijo el cardenal Cobo, que citó algunos pozos a los que vamos para quitarnos la sed. Reconociendo la existencia de muchos pozos, subrayó que «muchas veces confundimos la sed con las cosas que intentan taparnos esa sed». Ante ello preguntó «qué es lo que nos quita la sed de verdad ahora mismo en la vida».
Ante la figura de la samaritana, dijo ver en ella «la historia de mucha gente y la historia de un corazón que no sabía que tenía sed hasta que no se encuentra con Jesús». Una situación que muestra que «nosotros buscamos mucho, pero a veces no vamos a las fuentes. Nos quedamos con cosas que aparentemente quitan la sed, pero producen más sed a continuación». Una mujer que el cardenal Cobo ve como «prototipo de todo discípulo en este tiempo de Cuaresma, de aquel que quiere descubrir su bautismo y qué es lo que ha hecho Dios con nosotros».

Necesidad de sentido
Haciendo una lectura de la realidad actual, de aquellos que hablan de un resurgir del catolicismo, el arzobispo señaló que «nos damos cuenta de que la gente tiene sed y le pasa lo que a la samaritana, que no sabe de qué tiene sed, pero tiene necesidad de sentido, necesidad de que alguien les diga algo». Para el cardenal Cobo, «ahora la gente no rechaza a Dios, pero lo que pasa es que en nuestro mundo la gente no busca a Dios como eje de vida. La gente busca a Dios como algo accesorio, como algo para los ratos libres, como algo que puede ser una foto de Instagram. La gente no busca a Dios en el sentido profundo». Por eso, Jesús coge su sed para llevar a la samaritana a una sed más profunda.
El arzobispo de Madrid comparó la parroquia con ese pozo donde «el Señor nos espera, habla con nosotros. La parroquia es el lugar donde mucha gente, como aquella mujer, necesita encontrar agua, sombra y descanso en el desierto de nuestra vida». Una sed presentes en todos, desde los pequeños, y que nos lleva a pensar qué hacer: «ir tirando o quizá hacer lo que la samaritana, atrevernos a hablar con Jesús y con aquel que se deja encontrar».
Una mujer que se atreve a salir de casa, a hablar con un judío, a dejarse interpelar por él. Una mujer dispuesta a cambiar algo, lo que muestra la necesidad de la Cuaresma, de ir como la samaritana a hablar con Jesús. El cardenal Cobo insistió en una parroquia que sea pozo, donde «la gente que venga pueda dialogar, pueda ser acogida, pueda entender lo que le pasa en la vida, porque sin diálogo, sin hablar, no hay camino». Un aprender a hablar que debe estar presente en cada casa, siguiendo la pedagogía de Jesús, un hablar en profundidad, inclusive siendo a veces Jesús que habla a los otros y les pregunta: «¿De qué tienes sed?».

Tengo sed de ti
El arzobispo de Madrid lanzó una propuesta: «que Jesús siga tirando de nosotros y cada domingo podamos dar un pasito más en el diálogo con Jesús y un paso más para descubrir quién es Jesús para la parroquia, quién es Jesús para mi vida». De hecho, Jesús nos dice, en palabras del arzobispo: «tengo sed de ti, tengo sed de esta parroquia para que sea mi cara, mi pozo, un lugar de encuentro, aquí en medio».
Un encuentro con Jesús que, a ejemplo de la samaritana, tiene que llevarnos a ir al encuentro del pueblo, para decir que «hemos encontrado al que calma la sed, que hemos encontrado al que da sentido a la vida, que hemos encontrado al que da esperanza». A la Eucaristía «cada uno viene con sus cántaros, con nuestra vida, con nuestras búsquedas, con nuestras heridas, pero cuando nuestros cántaros se acercan a Cristo descubrimos cada domingo algo inesperado, que él no solo nos pide agua, sino que nos convierte en fuente, en pozo para los demás».
Finalmente, una vez más pidió «que esta parroquia sea un pozo donde muchos puedan beber y que tu vida sea eso, un pozo donde el que tiene sed encuentre el agua de Jesucristo». Igualmente agradeció a la parroquia por ser pozo en Villalba, y a cada uno por ser cántaro, sabiendo que «Jesús se fía de cada uno de vosotros para dar agua también a otras personas».
