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Lunes, 09 abril 2018 11:52

El arzobispo a los jóvenes de Madrid: «El ser humano necesita la alegría de Jesús para vivir»

Este encuentro «es una oportunidad más que Él nos da para verificar cómo su Palabra se hace verdad en nuestra vida». Con esta promesa, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, comenzaba la vigilia de jóvenes que presidió el pasado viernes, 6 de abril, en una abarrotada catedral de la Almudena.

Las palabras del prelado estuvieron marcadas, desde el primer momento, por el encuentro del apóstol Tomás con Jesús. «Todos tenemos algo de Tomás», y todos padecemos, en algún momento de nuestra vida, «la incredulidad». Por ello, mirando a los ojos de los allí presentes, el cardenal les interpeló con una pregunta: «¿Qué te pasaría si, como a Tomás, esta noche Jesús se acerca –estando cerradas las puertas como están de la catedral– y te dice “la paz sea contigo, vente junto a mí, tócame, mírame, comprueba que soy el que murió, tengo las huellas de la muerte y mis manos taladradas?”». Tras un momento de silencio, subrayó que la respuesta de Tomás, «Señor mío y Dios mío», descubre que «no hay palabras más grandes para agradecer la presencia del Señor».

«El miedo es el mayor enemigo de la vida»

El arzobispo de Madrid advirtió que un mundo y un hombre al margen de Dios «está en el anochecer, en la desilusión, en la tristeza». Y ese es el anochecer del que nos habla el Evangelio, que «tiene atrancadas y cerradas las puertas de su vida». La no presencia de Jesús, dijo, «nos cierra a la vida y al miedo». Y el miedo «es el mayor  enemigo de la vida» porque «paraliza e impide relacionarnos bien con nosotros mismos y con los demás».

Y en ese deseo de romper con el miedo para abrirse a Dios, animó a dejarse preguntar por el Señor «qué me pides a mí que, como Tomás, he dicho muchas veces (y, a lo mejor, también lo digo ahora) no te creo mucho». En ese sentido, «probemos a acercarnos al Señor y ver que Él nos da una luz distinta, una luz para nosotros mismos y nos dice quienes somos».

Tiempos de Sínodo y Parlamento de la Juventud

El prelado, además, quiso recordar el Sínodo convocado por el Papa Francisco para el mes de octubre «en el que vosotros, los jóvenes, sois los protagonistas principales» porque «vais a decir de verdad lo que necesita nuestro mundo». Y qué importante «lo que vais a decir, también, en los Parlamentos de la Juventud». Un parlamento, añadió, es «para hablar, para decir lo que pienso, lo que siento, lo que me gustaría, lo que deseo y para poder escuchar a Jesús y encontrarnos con Él».

Esta noche, «Jesús, en medio de nosotros, nos dice “paz”». Así, enraizados en esta página del Evangelio, el Señor «os dice que dejéis vuestros miedos, tristezas y desencantos, que hay arreglo, que se puede hacer un mundo diferente y que podéis tener en vuestro corazón algo muy distinto a lo que a veces tenemos». Porque el Señor, «cuando nos dice “la paz con vosotros”, nos está diciendo “no dejéis mi amor y este cariño que yo os tengo, que os vengo a abrazar, que soy Dios, que he venido a esta tierra para abrazaros y para daros la identidad real que tiene todo ser humano, que no es vivir para él mismo sino para los demás”». Asimismo, recordó que el Señor no da solamente la paz, sino que, como apunta el Evangelio, «los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor». Esto significa que «Jesús despierta alegría y despierta al triunfo de la vida». Él «nos despierta a la alegría, y el ser humano necesita de esa alegría para vivir». La alegría, continuó, «puede venir por muchas fuentes; puede ser por el triunfo de la vida, por una carrera y un porvenir, pero puedo ser el hombre o la mujer más triste». La alegría, aseveró, «viene de otro lugar, tiene otra fuente, que es Dios mismo, es el cariño que Dios nos tiene».

«Sed presencia de Dios en medio de los hombres»

El arzobispo, además, destacó que el Señor les invitaba a «ser su presencia en medio de los hombres, su propia presencia». Porque Jesús, como recordó el prelado, no solamente da paz y alegría, sino que «nos lanza a la misión y no nos abandona»; al contario, «nos da su fuerza, su amor, su entrega y su fidelidad». Y no nos impone, «solo nos dice que le llevemos a Él».

Y en esa presencia misma de Dios, a la que Él invita para atravesar los caminos de la vida, el prelado –acompañado por un maravilloso coro formado por jóvenes de la Vicaría VIII– agradeció a todos el acompañarle durante la vigilia porque «a pesar de la inclemencia del tiempo que tanto nos atosiga, habéis venido esta noche a orar y a hacer presente en esta catedral a todos los jóvenes de Madrid». Un encuentro con el Dios de la vida que, en una noche pascual y de la mano de su pastor, sigue confiando en esta Iglesia joven que peregrina en Madrid.

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