Este viernes de la V semana de Cuaresma, 27 de marzo, conocido en la tradición popular como Viernes de Dolores, ya se percibe la cercanía de la Semana Santa. Tanto en la capital como en las distintas localidades de nuestra archidiócesis de Madrid comienzan «días intensos de celebraciones, cultos y procesiones», aunque será el próximo Domingo de Ramos «cuando se abra en todo su esplendor», recuerda Carlos Aguilar, delegado episcopal para la Piedad Popular.
En cada una de nuestras comunidades celebraremos los misterios centrales de la fe: la entrada de Jesús en Jerusalén, su Pasión, Muerte y Resurrección. «Son días de silencio, oración y escucha de la Palabra, vividas personal y comunitariamente», señala.
Junto a la liturgia, las calles de nuestros pueblos y ciudades «se convierten en lugares de encuentro y testimonio». Las procesiones, profundamente arraigadas en nuestra tradición, «nos ayudan a contemplar el rostro sufriente de Cristo y la alegría del Resucitado». También nos invitan, apunta Aguilar, «a acompañar el dolor de su madre, la Virgen, y experimentar con Ella el gozo de la Pascua».

«La última palabra no la tiene la muerte»
A través de estas expresiones de piedad, «muchas personas que no suelen acudir habitualmente a los templos pueden encontrarse con el Señor». La providencia amorosa de Dios «se sirve de los caminos más inesperados para atraer a sus hijos».
En cada lugar, comunidades vivas mantienen esta tradición transmitida de generación en generación, cuidando imágenes y celebraciones que forman parte de nuestra fe y de nuestra historia. Sin embargo, más allá de lo exterior, «lo esencial es lo que sucede en el corazón». Por ello, la Semana Santa «es una llamada a detenernos, a mirar a Cristo y a dejarnos tocar por su amor».
En un mundo marcado por la guerra, la incertidumbre y el sufrimiento, «estos días nos recuerdan que el amor de Dios es más fuerte que el dolor y que la última palabra no la tiene la muerte, sino la vida». Por último, Carlos Aguilar invita a vivir esta Semana Santa «con hondura, acompañando al Señor y dejándonos transformar por Él».
