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Jueves, 30 abril 2026 08:00

Carlos, testigo de dos visitas de Juan Pablo II, espera ahora a León XIV en Madrid: «Es como un padre»

Carlos, testigo de dos visitas de Juan Pablo II, espera ahora a León XIV en Madrid: «Es como un padre»

Carlos Quintero tenía 10 años cuando Juan Pablo II aterrizó en Venezuela por primera vez. No entendía del todo qué significaba aquel acontecimiento, pero lo que sí recuerda con nitidez es la transformación de su ciudad, Mérida, engalanada como nunca antes. «Era como un artista, como el más famoso», reconoce hoy con una sonrisa.

Aquella visita fue la primera de un papa a Venezuela en toda la historia del país, y recorrió cuatro ciudades: Caracas, Maracaibo, Mérida y Puerto Ordaz. Carlos y su familia fueron al aeropuerto, se colocaron a un lado de la avenida con sus banderitas y vieron pasar el papamóvil. Una emoción que entonces no sabía cómo nombrar del todo, pero que quedó guardada.

Diez años después, con 20 años y ya como catequista en su parroquia, Carlos volvió a encontrarse con Juan Pablo II. Esta vez fue diferente. El papa acudía a inaugurar el Santuario de la Virgen de Coromoto, en el centro de Venezuela, y Carlos viajó con un grupo de jóvenes de su parroquia y amigos que, en muchos casos, no tenían vínculo habitual con la Iglesia.

La noche anterior a la misa fue una vigilia multitudinaria en campo abierto, sin apenas dormir, conociendo gente de todo el país. «Ya íbamos con más conciencia de lo que queríamos», explica Carlos. «Ya te enteras de lo que significa». Aquella experiencia, que describe como algo parecido a una Jornada Mundial de la Juventud, transformó a muchos de los que le acompañaron. Varios de ellos comenzaron a frecuentar la parroquia a partir de entonces. La vida espiritual, vieron, no era algo aburrido ni estático. Había dinamismo, había juventud, había comunidad.

Es precisamente esa capacidad de transformar la que Carlos destaca cuando habla de las visitas papales. «La ciudad se convierte en una locura», dice, y no lo explica como crítica sino como admiración.

Para él, la presencia del papa tiene un efecto que va más allá de los católicos practicantes: llega a quienes no van a misa, a quienes se identifican vagamente como creyentes, a quienes se declaran de otra fe o de ninguna. «Invitarlos a la iglesia simplemente a veces no los emociona», admite, «pero esto sí. Que venga el papa, y cómo puede transformar la ciudad, y cómo puede haber ese movimiento... sí sería interesante». Ya tiene en mente a varios compañeros de trabajo, católicos de bautismo, pero alejados de la práctica, a quienes piensa invitar a vivir la visita de León XIV a Madrid.

Casado y con hijos, Carlos se encuentra ahora en una tercera etapa de su relación con el papado. Ya no es el niño de las banderitas ni el joven catequista de la vigilia. Es padre, y lo que le emociona ahora es que sus hijos vivan lo que él vivió. Uno de ellos estuvo el año pasado en Roma y tuvo ocasión de ver al papa León. Carlos todavía no le conoce en persona, y eso le da un motivo más para la expectativa. En su conversación en 'Una Iglesia, mil Voces' reflexiona sobre cómo la figura del papa le ha acompañado en cada etapa de su vida, siempre distinta pero siempre presente: «Como un padre, el consejo que te da, cómo hacer ciertas cosas, el mensaje de cómo hablarle a los demás».

Sobre el mensaje que le gustaría escuchar de León XIV en Madrid, Carlos no duda: la paz. Un mensaje que considera urgente y transversal, que atraviesa fronteras religiosas y políticas, y que resuena de manera especial en él como venezolano, consciente de la situación que vive su país. «Su figura, su fuerza, y la fuerza que podamos tener el resto de los católicos para seguirlo», dice. Y recuerda cómo el cónclave que eligió al nuevo papa fue seguido por todo el mundo, creyentes y no creyentes, como prueba de que la voz del papa llega mucho más lejos de lo que a veces imaginamos.

El episodio cierra con una oración espontánea de Carlos, en la que pide que la visita del papa abra corazones y mentes: «Señor Todopoderoso, gracias por esta oportunidad de expresarnos, de tener este momento de fraternidad y te pido por el papa León, cuando venga a nuestra presencia, pues que nos traiga ese mensaje, que abramos nuestros corazones, nuestra mente y que a través de él podamos transmitir también tu mensaje. Creo que es lo más importante de tu mensaje a todas las personas que estén a nuestro alrededor y a quien pueda llegar. Amén».

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