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Sábado, 14 mayo 2022 11:00

Centro Juvenil Tetuán: diez años queriendo a los chavales como lo haría Jesús

Centro Juvenil Tetuán: diez años queriendo a los chavales como lo haría Jesús

Una parroquia en salida al encuentro de las periferias. San Germán, situada en la calle Orense esquina General Yagüe, es punto de encuentro de realidades diversas con un espíritu de comunión plena. Iba a ser un cine, pero se quedó en iglesia encajonada entre seis comunidades de vecinos que, incluso aunque no quieran, pueden oír la Misa sin salir de casa.

Con una comunidad de gente joven única, hace diez años el párroco de entonces, Enrique González, se percató de que muchos eran los que acudían de fuera, pero los del barrio no pisaban un templo que, por otro lado, era su parroquia. ¿Dónde estaban? En el IES Jaime Vera. Así que, apoyado en feligreses y a través de Cáritas, presentó al claustro del centro el proyecto Centro Juvenil Tetuán (CJT). Una de las primeras implicadas, Marta Martínez, tenía entonces 19 años. «Vale –les dijo el jefe de estudios–, pero no les podéis hablar de Dios». ¡Pero hay tantas formas de hablar! Empezando por «quererlos como Él lo haría».

Así que pusieron en marcha dos líneas de trabajo a través del deporte y del teatro. Nació Campeones, con equipos de fútbol y baloncesto, y Créa(r)te, un taller y grupo de teatro. Los chavales, de 2º de ESO a 2º Bachillerato, se reúnen los sábados por la mañana: los deportistas, en las canchas del instituto; los artistas, en un local que tienen en la cercana parroquia Santa María Micaela. Se trata de «jugar al fútbol o al baloncesto –o hacer teatro– de una manera que les cambie la vida». Y eso pasa, fundamentalmente, por el acompañamiento. De hecho, lo primero es una excusa para lo segundo.

San german futbol

Migrantes de familias desestructuradas

La relación con el director del instituto es muy buena; tanto, que les permite ir cada comienzo de curso por las clases anunciando las actividades del CJT. Así, la mayoría de los asistentes al centro son estudiantes del instituto, que a su vez son fundamentalmente migrantes de Iberoamérica, pero también chinos, filipinos, rumanos… Provenientes de países con otros sistemas educativos, al llegar se enfrentan a un nivel de exigencia que para ellos es «brutal».

A ello se suma que muchos vienen de familias desestructuradas, en las que lo normal es que haya madre –no padre– y en muchos casos en una nueva relación, con nuevos hermanos… Además, el ritmo de trabajo de sus mayores hace que pasen mucho tiempo solos. «Están perdidísimos, al principio no te miran a los ojos, responden a todo con un escueto “bien”, les cuesta relacionarse». Poco a poco, esto va cambiando, y pasa por que los propios responsables y los monitores se abran a ellos. «Tú mismo compartes», y así se va generando una base de confianza que es el andamio que sustenta todo el proceso de crecimiento.

Esto mismo viven en Créa(r)te. Su responsable desde hace siete años, José María Poza, explica que cada sábado, antes de empezar los ensayos, tienen un rato de charla, «qué tal ha ido la semana, cómo están las cosas en casa»…

San german teatro bella

El paso de los años compartidos con muchos de los chavales (si entran en 2º de ESO pueden tener recorrido) favorece además que «haya una relación muy buena». Y no solo con ellos; también con las familias, fundamentalmente con las madres. A los partidos no van mucho, entre otras cosas por el tiempo, pero a las obras de teatro sí. El responsable conoce a todas las madres, la situación de cada familia, cuántos viven en la casa… Situaciones en muchos casos que son derivadas a los servicios asistenciales de Cáritas.

De esta relación, José María sabe que uno quiere ser policía, que otra está estudiando Secretariado o que una de las chicas se quedó embarazada con 14 años y pudo acompañarla. A Créa(r)te llegan también muy retraídos. «Al principio son muy tímidos, tanto que cuando hablan no se les oye», de modo que el teatro es único para «ayudarles a relacionarse, a expresarse, a salir de sí mismos». Algo parecido sucede en el deporte. Como muestra, los equipos son mixtos, lo cual es una oportunidad única para que ellos «entiendan y practiquen» la convivencia, el respeto y la tolerancia.

Obras con valores cristianos

El coronavirus paralizó un poco las actividades, aunque los responsables del CJT fueron creativos y, una vez se pudo volver a salir, comenzaron a hacer actividades al aire libre conjuntas: yincanas por el centro de Madrid, concursos de fotografía al aire libre, excursiones, paintball… Ahora han retomado la normalidad, también las convivencias y campamentos de verano, en los que les acompaña el párroco o algún otro sacerdote.

Aunque con la pandemia ha habido algunos abandonos –en los primeros años Campeones llegó a tener 60 integrantes–, los cerca de 20 chavales deportistas y los otros tanto actores siguen con su rutina. Estos últimos, ensayando su próxima obra, Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, que representarán a la vuelta del verano. Poza, que lleva haciendo teatro desde los 13 años, busca obras con personajes suficientes para que puedan participar todos y que, «en el fondo, tengan valores cristianos».

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Luz, servidores y enviados

Las actividades del CJT adquieren especial relevancia coincidiendo con la festividad de san Germán, el jueves 12 de mayo, que este año la parroquia ha celebrado acompañada por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro. Precisamente en la Misa solemne que presidió el purpurado, uno de los monitores de Campeones agradeció su presencia, que «ayuda a visibilizar nuestra comunión en nuestra diócesis con nuestro pastor, y a través de él con el Papa Francisco, que preside a la Iglesia en la caridad». También «a responder a esa sed de Dios que, como nos recordaba don Carlos en su carta pastoral de este curso, tienen tantos hermanos nuestros que viven en nuestra ciudad de Madrid y en nuestro barrio, acercándoles con nuestra vida el amor de Nuestro Señor Jesucristo».

En la homilía, el arzobispo aludió a cómo el cristiano es luz, servidor y enviado «a este mundo a anunciar el Evangelio». «Hoy se dan tantas oscuridades» que los discípulos de Cristo están invitados, contó, a tener un «protagonismo especial». «¿Os imagináis este mundo sin la presencia de los cristianos?», preguntó, incluso con «todas las debilidades que tengamos en medio de nuestra vida». Por eso el cristiano, como servidor de Cristo, «mira al otro como hermano».

San German cardenal homilia

El cardenal Osoro se refirió también a la experiencia del amor de Dios, esa misma que tuvo el apóstol Pablo, que «alimenta la urgencia de dar la vida por el que tengo a mi lado». Así hizo san Germán, que «gastó la vida para anunciar a Jesucristo» y «por mantener unida a la comunidad cristiana». El purpurado pidió a los fieles que rezaran por él y les dio las gracias «porque acogéis el amor del Señor», como hicieron los primeros cristianos. «Y esto –concluyó– ha cambiado el mundo».

Vuelta a casa

Por su parte, el párroco, Mario Fernández, explicó al cardenal las realidades diversas de la parroquia, muchas «de Iglesia en salida» como Emaús o Effetá (imagen inferior). Por eso, reconoció, era un privilegio que esta experiencia de vuelta a casa, que muchos de los presentes habían hecho, la experimentaran en la Iglesia, en un día como el de la fiesta junto a «un pastor que está en comunión con nuestro Papa».

La ceremonia finalizó con el regalo que le hicieron los jóvenes de Confirmación al arzobispo: una imagen de La Madre, la Virgen titular de la parroquia, a la que habían sacado en procesión el sábado 7 de mayo como parte de las celebraciones festivas.

San german effeta

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