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Lunes, 05 octubre 2026 12:29

Diecisiete seminaristas comienzan un itinerario de acción pastoral y voluntariado en Cáritas Diocesana de Madrid

Diecisiete seminaristas comienzan un itinerario de acción pastoral y voluntariado en Cáritas Diocesana de Madrid

Diecisiete seminaristas de la Archidiócesis de Madrid comenzarán un itinerario de voluntariado en Cáritas Diocesana de Madrid. Los viernes compartirán la tarea de las acogidas y los proyectos parroquiales y los domingos se acercarán a personas en situación de exclusión. La experiencia formará parte de su preparación para el ministerio sacerdotal.

La parroquia Santa Irene acogió su primer encuentro. Un mismo salón sirve para acompañar a quienes buscan empleo y para que un grupo de personas mayores ensaye teatro. También hay familias del barrio que preparan la cena para las personas migrantes acogidas en la parroquia y voluntarios que se quedan a pasar la noche. «La vida de la comunidad se puede conocer recorriendo sus salas, pero hace falta algo más de tiempo para comprenderla».

El pasado viernes 2 de octubre celebraron su primer encuentro en esta parroquia, donde conocieron algunos de los proyectos en los que participarán y pudieron «compartir lo que significa ponerse al lado de otra persona cuando la vida se complica».

Alguien llama a la puerta y necesita ser escuchado

El delegado episcopal de Cáritas Madrid, Javier Ojeda, y la secretaria general, Pilar Algarate, presentaron a los seminaristas la acción de Cáritas desde una realidad concreta: alguien llama a la puerta y necesita ser escuchado. «Puede hacerlo por una dificultad económica, por la búsqueda de empleo o porque ya no sabe cómo seguir pagando la habitación en la que vive». Durante la conversión, aparecen otras preocupaciones: la falta de apoyos, la soledad o las dificultades de los hijos e hijas para encontrar un lugar tranquilo donde estudiar.

En las acogidas parroquiales, los seminaristas compartirán esa primera escucha con los equipos de voluntariado. «Conocerán cómo se acompaña a una familia y cómo se trabaja con los profesionales de referencia para encontrar los apoyos adecuados». También participarán en proyectos parroquiales con niños, niñas y adolescentes, donde el juego y las actividades de tiempo libre forman parte del acompañamiento.

Además, durante el encuentro se insistió en la importancia de conocer los recursos de Cáritas. Saber que existe un proyecto de empleo, un espacio de atención a la salud mental o un alojamiento para una mujer embarazada permite orientar mejor a quien se acerca. Y también permite seguir a su lado cuando necesita una atención que la parroquia, por sí sola, no puede ofrecer.

Compartir lo cotidiano

Los domingos, se presentaron propuestas como CEDIA, la Casa de Acogida San Agustín y Santa Mónica, Nuestra Señora de Valvanera, Hogar Isaías, y el encuentro con la comunidad de la Cañada Real.

En estos espacios, los seminaristas podrán compartir actividades y tiempo con «personas que atraviesan situaciones de exclusión». La conversación se detuvo en lo que «supone recuperar la estabilidad después de haber vivido en la calle, en la importancia de contar con relaciones de confianza y en la necesidad de respetar los tiempos de cada persona».

Durante la charla, también se habló de lo que puede empezar a cambiar cuando se dispone de un lugar seguro donde vivir. Hay quien retoma el contacto con su familia, también personas que recuperan una relación que parecía perdida y quien encuentra la posibilidad de volver a vivir de forma autónoma. «Son procesos que requieren tiempo y en los que cada persona va tomando sus propias decisiones».

Por ello, «el voluntariado participa de esa vida cotidiana». Comparte una actividad, una conversación o mesa. Aprender a estar cerca, a reconocer los avances y a aceptar que no siempre tendrá una respuesta.

La caridad ocupa un lugar esencial en la formación pastoral

Además, Javier Ojeda planteó una reflexión especialmente vinculada al futuro de los seminaristas. Para algunas personas, la acogida de Cáritas será su principal encuentro con la Iglesia. Por ello, «la manera de recibirlas, el tiempo que se les dedique y el respeto con el que se escuche su historia formarán parte de la imagen que se lleven de ella».

Por eso, el ejercicio de la caridad ocupa un lugar esencial en la formación pastoral. En la acogida se expresa también la fe de una comunidad, su manera de reconocer la dignidad de cada persona y de hacerle sitio.

La reflexión y la oración tendrán su lugar en este aprendizaje

También hubo tiempo durante la jornada, de hablar de las dificultades: de la impotencia cuando no se puede resolver una situación, de lo que cuesta comprender algunas reacciones, y de las expectativas con las que se comienza un voluntariado y que pueden cambiar al conocer a las personas.

Por su parte, Pilar Algarate compartió cómo el encuentro con otras realidades puede «transformar la propia mirada y las decisiones de vida». Asimismo, animó a los seminaristas a «conocer sus motivaciones y a dejar espacio para lo que vayan descubriendo».

La invitación fue «a compartir lo vivido con los equipos y con quienes acompañan su formación, a preguntar y a reconocer los propios límites». Porque la reflexión y la oración tendrán también su lugar en este aprendizaje.

En definitiva, los diecisiete seminaristas comenzarán ahora a incorporarse a los distintos espacios. Allí conocerán nombres, historias, recorridos y preocupaciones, y podrán empezar por algo que estuvo muy presente en Santa Irene: dedicar tiempo a escuchar.

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