«Celebrar y recordar hoy el sí que dio la Santísima Virgen María nos está moviendo a imitarla para acoger, celebrar y comunicar la alegría del Evangelio, y seguir promoviendo la cultura de la vida». En el corazón de cada una de estas palabras, la vida plena. Y en este deseo de salvaguardar «el lugar más privilegiado donde aprendemos el valor y la dignidad sagrada de cada vida humana» se dejaba entrever la voz del cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en una colegiata de san Isidro que celebraba este lunes, 9 de abril, la Jornada por la Vida.
Dios, en este momento de la historia, «nos da señales evidentes de su presencia y de sus deseos», destacó el prelado ante una multitud de fieles madrileños que, junto al pastor, deseaban hacer patente –como rezaba el lema de la jornada– el valor de Educar para acoger el don de la vida. Él «sigue dando señales de su presencia», pero nosotros «no nos damos cuenta y tentamos a Dios», porque «nos da señales de vida con amor, y nosotros pareciera que nos queremos mover por señales de muerte». Así, en esta Jornada por la Vida, el purpurado pidió «volver a poner en el centro a Dios, el que se nos ha revelado en Cristo», con el objetivo de «no ser y construir algo que nada tiene que ver con el ser humano en su desarrollo pleno».
«La voluntad de Dios es que seamos vida y creamos en el Dios de la vida»
La familia «sigue siendo el centro», ese ámbito y esa atmosfera «en la que un ser humano ha de crecer». Es más, el cardenal Osoro destacó que Dios, cuando vino a este mundo, «quiso hacerlo dentro de la familia». Y en esa misma línea, reveló a los allí congregados: «¿Os dais cuenta que el lugar más bello, la casa que Dios ha puesto para que todos vengamos a este mundo, la casa sagrada y el santuario de la vida –que es el vientre de nuestras madres– hoy se pone en cuestión? ¿Es que el ser humano para venir a este mundo tiene que vivir de alquiler?». Dios, dijo, lo ha dado «gratuitamente», y «ha hecho un santuario para que venga el ser humano», porque Él, con la Encarnación, «convierte el vientre de nuestra madre, la Virgen María, en un santuario».
Además, el arzobispo subrayó que el Señor «desea que pongamos la vida en sus manos». La voluntad de Dios es que «seamos su imagen»; es decir, «seamos vida y creamos en el Dios de la vida».
Jesucristo: la vida misma
«Dios nos ofrece un itinerario para descubrir las señales de Dios y para ponernos en manos de Él». Y este itinerario, destacó el prelado, nos lo ofrece «a través de su propia Madre, la Santísima Virgen María». De esta manera, alentó a seguir este itinerario para decir a Dios: «Aquí me tienes, Señor». Aquí me tienes «para defender la vida, tal y como Tú me la has mostrado en ese itinerario que realizas con la Virgen María». Y en ese deseo, el de educar «para acoger el don de la vida», dejando que el Señor «nos eduque y eduquemos para acoger ese don». Pero no lo podremos hacer, incidió, «si prescindimos de quien es la vida misma: Jesucristo».
Finalmente, el prelado remarcó la importancia de celebrar esta jornada con alegría: «Con la alegría que tuvo la Virgen cuando supo que traía a la vida misma a este mundo, a quien ahora nosotros recibimos en la Eucaristía».
Misa Jornada por la Vida
Crónica de la celebración en el Informativo Diocesano de TRECE.
