El cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, presidió este lunes la Eucaristía de apertura de la 32ª Asamblea General de la CONFER, que reúne hasta el 28 de mayo en Madrid a superiores y superioras mayores de la vida religiosa española bajo el lema «Todos, todos, todos. Kairós sinodal». Celebrada en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, estuvo acompañado por Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE; Luis Ángel de las Heras, obispo de León y José María Avendaño, obispo auxiliar de Getafe.
En el contexto madrileño, el cardenal destacó la importancia de la presencia de la vida religiosa en la diócesis. “En una ciudad como Madrid vuestra presencia es algo más que significativa”, señaló, subrayando que las comunidades religiosas generan comunión y muestran que es posible vivir abiertos al diálogo y a la misión compartida, más allá de la mera conservación de estructuras.
Cinco grandes conversaciones imprescindibles para el camino eclesial y la vida religiosa.
- La conversación con Dios: Sin ese diálogo fundamental resulta imposible sostener la vocación y mantener viva la llama de la vida religiosa. “Si Dios no va delante, esto no funciona”.
- Entre vocaciones, generaciones y sensibilidades distintas: En un contexto donde, según lamentó, la verdad se instrumentaliza con frecuencia , defendió la necesidad de aprender nuevamente la escucha real, la misión compartida y la convivencia enriquecida por las diferencias culturales.
- La conversación, irrenunciable para el Evangelio, es con los pobres y las periferias: En este ámbito, reconoció la labor pionera de la vida religiosa, especialmente visible —dijo— en una ciudad como Madrid, donde prácticamente no existe realidad de sufrimiento en la que las congregaciones no estén presentes de una forma u otra.
- Con el mundo y la cultura contemporánea: Frente a actitudes defensivas o condenatorias, valoró la capacidad de las comunidades religiosas para escuchar las preguntas profundas del tiempo presente y habitar las fronteras humanas y espirituales “donde se juega la esperanza de tantas personas”.
- La conversación interior: No habrá verdadera sinodalidad sin corazones reconciliados, humildes y disponibles para dejarse conducir tanto por Dios como por los demás. “Si no nos ponemos detrás del Espíritu, quizá este diálogo no funcione”, advirtió.
El arzobispo de Madrid animó a la vida consagrada a seguir dando pasos nuevos desde su dimensión profética y a vivir este encuentro de CONFER como una oportunidad para “refrescarse” en la experiencia sinodal.
«No tanto los números, sino el testimonio; no tanto el miedo al futuro, sino la confianza en el Espíritu; no tanto la autorreferencialidad, sino la misión compartida», concluyó. Porque, el futuro de la Iglesia no dependerá principalmente de estrategias o estructuras internas, sino de la calidad evangélica de sus comunidades: de que quien se acerque a ellas pueda respirar fraternidad, experimentar la escucha y sentirse acogido. Solo entonces, afirmó, «descubrirá que Dios sigue vivo y que merece la pena vivir así».
