Día de gloria y alegría este primero de enero en que la Iglesia universal se encomienda a Santa María, Madre de Dios, al comenzar el nuevo año. La catedral de la Almudena acogía la Eucaristía solemne, a las 12:00 horas, presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid.
Acompañado por vicarios episcopales, el arzobispo de Madrid ha saludado a los fieles que se han congregado muy numerosamente en el primer templo de Madrid deseándoles un Feliz Año y situando a María como la que abre los caminos «en un mundo complicado y complejo que tenemos en estos días».

«Que Dios tenga piedad y nos bendiga», cantaba el salmo el coro Capilla Vical de Santa Cruz, que ha acompañado musicalmente la celebración. Y san Lucas recordaba en el Evangelio cómo «María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón».
Ya en la homilía, el arzobispo de Madrid ha señalado que «Dios inaugura este año nuevo ofreciéndonos su rostro y regalándonos la paz», un regalo para «vivir un tiempo con sentido». Los cristianos «queremos comenzar el año de la mano de María», ha añadido. Ella, «mujer, discípula y madre de un Dios que se hace carne», ayuda a cruzar los umbrales del tiempo.

Jornada Mundial de la Paz
En este 1 de enero, la Iglesia celebra también la Jornada Mundial de la Paz. «Y esa paz no es simplemente ausencia de guerra», ha subrayado el cardenal, es «la paz de Dios, que se edifica sobre la verdad, la justicia, el amor y la libertad».
La paz, ha afirmado, siempre comienza «cuando alguien decide abrir un espacio interior donde Dios pueda hablar». Por eso la paz necesita silencio.
Hoy, la sed de paz es más evidente, ha afirmado el arzobispo de Madrid, y ha aludido en este punto a «la paz más honda, que brota de una relación con Dios vivo». «Vivimos en un clima bélico», ha mencionado el cardenal Cobo. Una violencia que empieza con la «palabra concreta que humilla», con «el gesto que desprecia» o cuando el hombre se llena de quejas. La violencia, ha señalado, acaba «incrustándose en la vida familiar, en la vida pública y en la vida de la Iglesia». Pero «en cristiano, pase lo que pase, no tenemos enemigos, sino hermanos».

«La de Madrid quiere ser una Iglesia de paz»
Ante esto, «necesitamos acoger la bendición de Dios», porque «la paz es un don que viene de lo alto». «La de Madrid quiere ser una Iglesia de Paz», ha afirmado el cardenal Cobo de manera rotunda. «Soñamos un Madrid que sea hogar de paz, como Belén». Y ha recordado las palabras del Papa León XIV, al afirmar que «apostamos por una paz desarmada y desarmante».
El arzobispo ha invitado a «eliminar cuentas pendientes», ya que «sin perdón no hay paz», y a «cuidar lo cercano, la familia, los vecinos, la vida comunitaria» también en la Iglesia. Así, ha señalado algunos «gestos concretos» para ser misioneros de paz, como escuchar antes de juzgar, no demonizar a nadie y evitar el sufrimiento a las personas... «La paz necesita de todos» y «es fruto del diálogo y del perdón».

Ya concluyendo su homilía, el arzobispo de Madrid ha apostillado que la paz brota del Evangelio, pero «es frágil y necesita cuidado». Y ha invitado: «Es hora de ser misioneros de la paz de Dios de la mano de María». De Ella nació Jesús, «esto es, “El Señor salva”». «La encarnación es el compromiso más hermoso de Dios con la paz», ha apreciado el arzobispo de Madrid.
«María nos enseña que la paz nace dentro y se derrama fuera», y que «acoger a Dios es siempre el primer gesto pacificador».

