En el día de los fieles difuntos, la catedral de la Almudena acogió una Misa funeral por los obispos de la diócesis fallecidos, presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, y concelebrada por los obispos auxiliares monseñor José Cobo, monseñor Santos Montoya, monseñor Jesús Vidal y monseñor Juan Antonio Martínez Camino. El purpurado comenzó su homilía recapitulando la propuesta de Jesucristo proclamada en el día de Todos los Santos: las bienaventuranzas, que son «gritos de alegría» y la «carta magna de la vida cristiana». Con ellas, Jesús pretende una «nueva humanidad, un nuevo mundo». «Son la verdad más honda del mensaje y de la vida de la Iglesia», apuntó.
Haciendo memoria de los difuntos, resumió en tres palabras, pensar, escuchar y vivir, los textos sagrados proclamados. En primer lugar, pensar la muerte pero dejando «que Jesús nos diga lo que Él espera de nosotros». Desde nosotros, «la muerte es un agujero negro»; sin embargo, desde Jesucristo, «que ha triunfado sobre la muerte», viene «la esperanza» y «recuperamos un horizonte muy diferente». Para los que esperan en Dios, y para los que lo buscan, «nos da su plenitud, y en el silencio de la muerte, en la oscuridad de la muerte, aparece la luz de la Resurrección». «Pensemos la muerte –añadió– pero desde Jesucristo, desde su misericordia y desde su compasión».
El el arzobispo de Madrid invitó, en segundo lugar, a hacer silencio en la vida para escuchar al Señor, que nos dice «que no tiemble vuestro corazón», que no haya dudas ni angustias. Al igual que Jesús le dijo a Marta, tras morir su hermano Lázaro, «yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá», así lo sigue diciendo «a todos nosotros». Un Jesús que «nunca nos abandona, siempre está a nuestro lado», que en el momento más duro de la vida «nos da su amor, nos regala su misericordia, nos entrega su paz».
Quien sostiene la vida es Jesús
Y en tercer lugar, pidió vivir «con y desde el Señor». La respuesta de Jesús a Tomás, «yo soy el Camino, la Verdad y la Vida», nos da una certeza que es de «una grandeza extraordinaria». Hoy, como en aquella Atenas de los tiempos del apóstol Pablo en la que adoraban al Dios desconocido, también hay personas para los que es un «extraño», pero «es bueno seguir a este Jesús, no a dioses […] que tanta gente puede adorar en nuestro tiempo: el dios del triunfo, el dios del dinero…».
El cardenal Osoro animó en este punto mostrar con la propia vida a Jesucristo: «Dios viene a hostigarnos, viene a hostigar a quienes andan tras otros dioses, otras divinidades, otros ídolos perecederos, viene a decirnos dónde está el Camino, dónde está la Verdad y dónde está la Vida». Otros dioses, «quizá más soportables», ni salvan ni sostienen la vida; «este tiempo que llevamos de la pandemia nos lo muestra: quien sostiene la vida es este Jesús», concluyó.
Homilía en vídeo
