Fue el último regalo que el Papa León XIV dejó en Madrid, después de sus muchos gestos y palabras y de su cercanía durante su visita apostólica a la archidiócesis. El cáliz que entregó al cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, en el encuentro con los voluntarios en IFEMA será un signo de unidad y comunión que la diócesis guardará para siempre como recuerdo de estos días únicos.
Óscar García Aguado es vicario de la Vicaría V y responsable del último acto del Santo Padre en Madrid. Él custodió el cáliz tras su entrega y explica el sentido de este regalo, venido de Roma y que, con mucha probabilidad, se guardará en el Museo de la Catedral de Madrid. Remite a «estar unidos en el Señor» y directamente a la carta de san Pablo a los corintios, cuando dice: «El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo?». Así, «el cáliz es signo de comunión entre nosotros y con el Santo Padre» en Cristo.

El propio Pontífice lo recordó cuando lo entregó al arzobispo de Madrid: «Quiero dejar como don para toda la familia aquí en Madrid, la comunión de la Iglesia, este cáliz. Que no nos olvidemos jamás de lo que celebramos en el memorial de Cristo que nos ha salvado».
Y es un signo de comunión que el Papa no solo ha regalado a Madrid. Lo ha hecho también en la diócesis de Barcelona, durante la Eucaristía celebrada en la Sagrada Familia antes de bendecir la torre de Jesucristo.
