Ignacio María Fernández de Torres hizo la primera guardia de la historia del SARCU. Era el 17 de mayo de 2017, y se estrenaba esa noche el Servicio de Atención Religiosa Católica Urgente, que se iba a prestar todas las noches de la semana, de 22:00 a 7:00 horas. Ignacio recibió una llamada, la única, «a las once menos diez» de la noche. Recuerda la hora. Como Juan, el apóstol, que llevaba grabado a fuego el momento exacto en que Jesús le dio sentido a su existencia. Al igual que al apóstol, este sacerdote de la diócesis empezó a ver plenificado su ministerio en cada hora de guardia. «El SARCU es llenarte de la esperanza de la Resurrección y arrodillarte ante las personas que están a los pies de la cruz del Señor», porque tiene la misión de «servir a situaciones muy sufrientes». Por eso preserva el contenido de aquella primera conversación, aunque «evidentemente lo recuerdo perfectamente».
Esa primera noche, Ignacio durmió poco. Tenía una mezcla de miedo junto a la responsabilidad hacia las personas que pudieran llamar; y, a su vez, lo vivió con una enorme confianza en el Señor. Le vino a la mente el día de su ordenación cuando, postrado en el suelo, mientras el pueblo rezaba las letanías de los santos, le dijo a Dios: «Tú me has traído hasta aquí, tú me darás las fuerzas». Luego, a lo largo de estos casi nueve años de servicio, se ha seguido abandonado a su providencia. «Aprovecho las noches para rezar por las personas que van a llamar, y para que me ilumine». Y le implora a Dios: «Hasta donde yo no llego, pon Tú las manos».
#TESTIMONIO - Los sacerdotes del #SARCU, ante los 8 años en @archimadrid, quieren seguir siendo «abrazo, escucha y luz en medio de la noche»
— Archidiócesis de Madrid (@archimadrid) May 14, 2025
«Es un signo vivo y sencillo de lo que la Iglesia está llamada a ser: cercana, disponible, compasiva»https://t.co/8XliANjuaY
Como servicio nocturno de la Iglesia que camina en Madrid, el SARCU es un teléfono (913 717 717) para llamadas de urgencia solicitando un sacerdote. Pablo Genovés, sacerdote madrileño, es su coordinador general. Su primera llamada fue esta:
—Buenas noches, dígame.
—[Llanto, llanto, llanto]… perdone…
«Estas llamadas son del SARCU, las de personas con angustia, dolor, soledad», que se viven en la noche de manera diferente. También, aunque ahora son las menos, para «situaciones sacramentales»; por eso el cura que está de guardia duerme junto a los óleos y el viático. Y al móvil, por supuesto, con batería cargada y el volumen bien alto para que rompa el duermevela.
—Padre, ¿se acuerda de mí, que le llamé hace un par de meses, que tenía pensamientos suicidas? Pues gracias a usted y a otro compañero, ¿sabe que ya no pienso eso?
«Sistemáticamente llaman personas con tentaciones suicidas». Los sacerdotes del SARCU han hecho cursillos con psiquiatras y el SAMUR y, además, pueden derivar estas llamadas al 112. «Tú estás esa noche a lo que necesite el otro, el menos importante es uno mismo», señala Fernández. Y, además, abierto a todos. «A Jesús le llevaban multitudes», Él no hacía filtro. Así el SARCU «suena tanto a Evangelio», sostiene Genovés. Hay también un tema recurrente, «el de aquellos que dicen estar poseídos, con mal de ojo, que les han hecho brujería…». «En un mundo donde Dios no hace falta, la mayoría de la gente sigue necesitando algo».
«Ustedes son el SAMUR de los curas», le reconoció a Fernández el hijo de un señor al que fue a administrarle la Unción una noche. «Efectivamente, es una vocación de servicio, de entrega; tienes que dar lo mejor de ti como persona, como cristiano y como sacerdote». En esta línea, el SARCU se ha ampliado con un Servicio de Activación Urgente para casos de catástrofes o grandes emergencias. Como el accidente ferroviario de Adamuz. «Se ofreció a la sala del 112 por si nos necesitaba la gente en Atocha». Porque sí, se necesita el consuelo de un sacerdote.
—Siento tanto dolor que no soy capaz ni de rezar. ¿No me podría ayudar?
Rezar con el otro por teléfono. «Si el dolor de los hombres no duerme, la Iglesia debe velar», sentencia Fernández. «Esto es el SARCU: estar despiertos, vivir en una noche el coger con una mano a Cristo resucitado, con la otra a Cristo crucificado y, en medio, al hombre que sufre».
?Una llamada a sumarse al #SARCU, un servicio «tan sacerdotal y urgente»: «Es una expresión concreta del rostro misericordioso de la Iglesia»
— Archidiócesis de Madrid (@archimadrid) January 13, 2026
➡️Con el deseo de dar un impulso a esta iniciativa, se invita a los sacerdotes «a sumarse como voluntarios»https://t.co/ak0ZBWk7eE pic.twitter.com/b0dsSmhIYD
33 curas
En la archidiócesis de Madrid hay 33 curas que forman el SARCU. Salen más o menos a una guardia al mes; reciben de media una llamada por noche y hacen entre todos una media de 15 a 20 salidas sacramentales al año. «Ojalá un montón de curas pudieran conocer esta experiencia», sueña Genovés.
«A veces nos puede la vida, pero para casi todos nosotros, la noche del SARCU es un descanso». Es, compara, la «Eucaristía del teléfono: quien está llamando es Jesús», el mismo que se entrega en el «pan partido» en el altar. Ignacio María Fernández tiene claro lo que diría a los compañeros sacerdotes para animarlos al SARCU: «No sabes lo que te pierdes».
