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Martes, 28 abril 2026 08:00

«Espero que visite a los pobres»: la petición de Poli al papa León XIV

«Espero que visite a los pobres»: la petición de Poli al papa León XIV

Poli lleva 47 años en España. Más de lo que llevan vivos muchos de los que la entrevistan. Llegó de Calumpit, un pueblo de la provincia de Bulacán, en Filipinas, y desde entonces ha construido en Madrid una vida entera sin perder ni el acento ni la costumbre de besar la mano a los sacerdotes y obispos cuando los encuentra, que es lo que se hace en su tierra como señal de respeto.

Ha sido profesora de inglés durante décadas, primero en su país, luego en el Colegio Casanova y en una academia, y en sus clases de inglés siempre ha encontrado la manera de colar la cuaresma, la Navidad o el tiempo ordinario. «Me dicen: señora, esta es clase de inglés, no de religión», cuenta entre risas. Pero ella sigue.

En estos 47 años ha visto llegar a Madrid a tres papas: Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora León XIV. Y cuando habla de lo que significa para ella la figura del papa, lo hace con una claridad que no necesita muchas palabras: «El papa lidera más que los rusos, más que Trump. Ellos tienen limitación, pero el papa abarca todo». No lo dice como provocación política sino como constatación geográfica y espiritual: el papa tiene presencia en todos los continentes, en países musulmanes, en China, en Vietnam, en lugares donde los católicos son una minoría minúscula, pero existen. «¿Qué sería de la Iglesia sin el papa?», se pregunta. Y la respuesta que da es que no lo sabe, porque es la referencia de todo.

«Espero que visite a los pobres»

Lo que más le ha llamado la atención de León XIV desde el principio es su cercanía con los pobres durante sus años en Perú. Recorrió montañas, llegó a lugares donde otros no llegaban, estuvo con la gente más desfavorecida durante la pandemia. Para Poli, que conoce bien lo que es vivir entre culturas y en los márgenes, eso tiene un peso especial. Y cuando se le pregunta si la visita del papa será importante para la gente que vive en las periferias de Madrid, su respuesta es inmediata, pero viene acompañada de un deseo: «Espero que visite a los pobres. Es que hay sitios pobres aquí en Madrid.» No es una crítica sino una esperanza. La cercanía del papa con los más vulnerables le parece lo más parecido que puede haber en la tierra a la cercanía de Jesús con la gente.

Hay un momento del episodio que se detiene en algo que raramente ocupa el centro de la conversación pública sobre la Iglesia: el papel de los mayores. Poli, que es de las feligresas más veteranas de su parroquia, lo dice sin rodeos: «Los mayores son los que sostienen la Iglesia». Son quienes llenan las misas de tarde, quienes rezan por los enfermos, quienes mantienen viva la comunidad cuando el resto está ocupado con otras cosas. Y, sin embargo, en una sociedad que rinde culto a la juventud y a las apariencias, los ancianos quedan fácilmente olvidados. «De vez en cuando nos olvidamos de preguntar a la mamá por teléfono», dice, pensando en una feligresa enferma de su parroquia. «Tenemos que estar más pendientes. Y lo agradecerán».

Ella misma vive ese momento con la misma fe con que ha vivido todo lo demás. Va a misa todos los días. Cancela el teatro, cancela el café, reorganiza lo que haga falta. «Yo vivo con Él», dice. «Yo no puedo sin el Señor».

En el ascensor con papa León XIV

La pregunta del ascensor imaginario produce en Poli la respuesta más espontánea y más entrañable de todos los episodios hasta ahora. Primero se quedaría pasmada. Luego gritaría «¡ay!», como cuando se sorprende. Luego cogería la mano del papa y se la besaría. Y si quedara tiempo, le pediría un selfie. Detrás del humor hay algo genuino: para Poli, estar cerca del papa, aunque sea en un ascensor, aunque sea un segundo, sería la confirmación física de algo en lo que lleva creyendo toda la vida.

El episodio cierra con una oración de Poli en la que pide que la visita de León XIV llegue no solo a los católicos sino también a quienes no creen: «Señor, estamos contentos por la visita del papa León XIV. Que su visita sea para el bien de los católicos y no católicos, y que llegue a convertirse en más personas y creer en ti y que sea una alegría para los sacerdotes, que haya más seminaristas, para que el Espíritu Santo llame y toque a los corazones de nuestros jóvenes con la bendición del papa, la inspiración que nos va a decir con la visita de este papa. Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, como era al principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén».

 

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