Como cada año, la Comunidad de Sant’Egidio en Madrid invita a participar en la Eucaristía “Morir de Esperanza”, este domingo, 27 de septiembre a las 19:00 en la Iglesia Ntra. Señora de las Maravillas, donde se recordarán con nombre propio a las personas migrantes que han perdido la vida a lo largo de las distintas rutas migratorias.
«Coincidiendo con la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, y en un momento en que vivimos cada vez más de cerca el drama de la migración forzada por las guerras, la violencia, los desastres naturales o la falta de futuro, recordamos a las miles de personas que cada año pierden la vida en los viajes de la esperanza que, con demasiada frecuencia, terminan en tragedia», subrayan desde Sant’Egidio.
La Eucaristía este año estará presidida por el Delegado Episcopal de Cáritas, Javier Ojeda «para recordar con nombre propio a los que han perdido la vida buscando un futuro y una tierra de paz». También se recordarán a algunos de los desaparecidos a finales de julio en las costas de Ceuta, «cuyas historias conocimos de primera mano durante el reciente viaje que realizamos a la ciudad autónoma».
Detrás de cada cifra hay nombres, historias y vidas. Recordamos a quienes mueren en las rutas migratorias, especialmente a tantos niños cuyo futuro se truncó. Eucaristía #MorirdeEsperanza:
— Sant'Egidio Madrid (@SantEgidioMad) September 9, 2026
?Dom. 27 SEPT
⏱️ 19h
?Iglesia Maravillas
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Un año más «Morir de Esperanza» será una celebración emotiva en la que se acogerá el mensaje del papa León XIV para esta jornada en la que pone el foco en los niños, niñas y adolescentes empujados a la migración y el desplazamiento. «El papa pide que no nos acostumbremos a las cifras y reconozcamos que detrás de cada número hay un rostro, una historia y una dignidad que no podemos reducir a una estadística, a un problema social o, peor aún, a un mero asunto de seguridad.
El drama de las rutas migratorias tiene cada vez más el rostro de niños que emigran solos o junto a sus familias. Muchos han perdido a sus padres, hermanos o amigos en la travesía; otros viven largos periodos separados de los suyos o afrontan viajes en condiciones extremas y traumáticas. A los pequeños que mueren en la migración, se suman aquellos que son víctimas de trata y explotación y sufren distintas formas de violencia. El Papa destaca que los «esos pequeños» son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios y reclama respuestas humanas que pongan en el centro su protección y dignidad.

Hace once años, el mundo se estremeció con la imagen del cuerpo sin vida de Aylan Kurdi flotando en una playa de Turquía, después de que la embarcación en la que viajaba con su familia naufragara. Aquella fotografía de este niño sirio de apenas tres años se convirtió en el símbolo de una crisis humanitaria que tiene cada vez más los rostros de pequeños, que junto a los adultos mueren en el mar, en el desierto y en tantos «viajes de esperanza«. Recordar sus nombres es una manera de devolverles una dignidad que se les negó en vida para que sus historias no se reduzcan a una estadística, demasiadas veces instrumentalizada.
El Evangelio nos recuerda que «el que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (Mc 9,37). En su mensaje, León XIV retoma esta llamada y nos invita a reconocer en cada niño migrante una vida que debemos proteger. «Incluso uno solo» significa que no podemos hacer cálculos cuando está en juego la dignidad humana: un niño que huye de la guerra, una familia que busca protección, una persona que atraviesa el mar buscando un futuro no son simples números, ni titulares de prensa, sino personas concretas que llaman a nuestra conciencia.
«Morir de Esperanza» es, por eso, una celebración de memoria y también de compromiso, el de compartir el sufrimiento de quienes han perdido la vida, el de no olvidar ni dar por sentado que esas muertes son inevitables. «Os invitamos a acompañarnos el próximo 27 de septiembre, junto al Coro de cantos africanos de la Asociación Karibu, para renovar juntos el compromiso de construir ciudades y comunidades capaces de acoger, proteger e integrar a quienes llegan buscando un futuro. Porque, como nos recuerda el Papa, incluso uno solo de estos pequeños es importante para Dios».
