Una Eucaristía presidida por el obispo auxiliar de Madrid y deán de la catedral, monseñor Vicente Martín Muñoz, ha marcado festividad de la Dedicación de la Catedral de la Almudena. Como recordaba el obispo, «hoy hace 33 años, un 15 de junio de 1993, el Santo Papa Juan Pablo II dedicó y consagró el templo-catedral de Madrid».
Lugar de donde brota la misión
Un templo construido a lo largo de «más de un siglo de trabajo, esfuerzo y entusiasmo», que, como decía su consagrante, es el corazón de la diócesis, «símbolo y hogar visible de la comunidad diocesana, presidida por el obispo», lugar donde brota la misión, la nueva evangelización, por lo cual nos pidió que «sacáramos la Iglesia a la calle».
La Catedral de la Almudena es «símbolo de la fe, la historia y la devoción de todos los madrileños», recordó el obispo. Desde ahí llamó a dar gracias al Señor por «ser la casa de todos», y recordar a quienes «durante estos años han vivido, cuidado y celebrado su fe en ella».
A partir de las lecturas, reparó en la necesidad de evitar que «nos quedemos en la mera admiración de la belleza del templo, de su arquitectura o que se reduzca a ser un espacio turístico». Desde la figura de Zaqueo, podemos entender «qué significa verdaderamente este templo y qué significa ser Iglesia». En palabras del monseñor Vicente, «Zaqueo representa la búsqueda de Dios, la búsqueda interior que todos experimentamos». Ante lo que «nos deja bajitos de espíritu», necesitamos «alzar la mirada», recordó.

Dios quiere habitar en nosotros
Al hilo de la figura de Zaqueo, dijo que «nuestra Catedral de la Almudena se alza como ese punto en el corazón de Madrid al que podemos subir. Sus muros nos invitan a detenernos, a elevar la mirada por encima del ruido de la ciudad ‘de las prisas’ y de nuestras propias ocupaciones, para buscar como Zaqueo el rostro de Cristo». Del mismo modo que Jesús le manifiesta a Zaqueo «su deseo de entrar y estar en su casa, es decir, en su vida y en su corazón», el obispo mostró que «al consagrar una catedral, la Iglesia reconoce que Dios desea habitar no solo en el edificio material, sino en la ‘casa’ que somos cada uno de nosotros».
«Este templo no es un museo que mirar y contemplar, ni un lugar exclusivo para perfectos», dijo el obispo. «Es la casa de la Misericordia, donde Jesús se detiene cada día ante nosotros para decirnos: ‘Quiero entrar en tu vida, quiero cenar contigo’. Él es el Dios que quiere habitarnos, su deseo es que le hagamos un hueco en nuestro corazón», resaltó el presidente de la celebración.
Del mismo modo que «el encuentro con Jesús transforma por completo a Zaqueo. Su corazón de piedra se vuelve de carne, y brota en él una generosidad y una justicia desbordantes», conmemorar la consagración de la catedral hace que «cada vez que cruzamos el umbral de este templo para participar en los sacramentos, para orar ante la Virgen de la Almudena, para recibir el perdón de Dios o para escuchar su Palabra, el Señor nos renueva. Nos impulsa a salir de nosotros mismos y a recomponer nuestras relaciones con Dios y con los hermanos, especialmente con los más necesitados».

Faro de esperanza y refugio de gracia
Junto con ello, «nuestra Catedral de la Almudena debe ser siempre un faro de esperanza y un refugio de gracia y al mismo tiempo, modelo de Iglesia en salida», subrayó monseñor Vicente Martín. El desafío es «ser instrumentos vivos de su amor, llevando la salvación, el perdón y la alegría a cualquier rincón de nuestra sociedad».
El obispo auxiliar recordó la visita del papa León XIV a la catedral el pasado 8 de junio, cuando «realizó una oración, rindió homenaje a la Virgen de la Almudena y le entregó la Rosa de Oro, signo de filial amor del Papa a la Virgen».
Algo que muestran las palabras del Papa en aquel momento, recordadas por el obispo auxiliar: «Persuadidos de que el Señor camina con su Pueblo santo, escucha sus temores y acoge con solicitud todos sus esfuerzos de bien, os exhorto a no desfallecer en vuestro testimonio de fe, para contemplar el designio de amor del Padre; de caridad, para uniros como una única familia de hermanos y hermanas; y de esperanza, para sosteneros en vuestra acción en el mundo. Y que con el ejemplo y la intercesión de Santa María la Real de la Almudena, Él custodie y fortalezca vuestro amor a Jesús y a la Iglesia, de modo que podáis ser constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia».

