Misioneros digitales y responsables de redes sociales de parroquias de Madrid se dieron cita el pasado fin de semana, convocados por la Archidiócesis para preparar juntos la próxima visita del Papa León XIV. Día y medio de trabajo intenso, reflexión pastoral y propuestas para esta visita que ha puesto de manifiesto el creciente protagonismo de la evangelización en el ámbito digital y la necesidad de afrontarla de manera comunitaria, eclesial y misionera.
Desde el saludo de bienvenido, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, situó el sentido profundo del encuentro: no se trata simplemente de «hacer ruido» o ganar seguidores, sino de preparar el corazón —propio y de los demás— para acoger la pregunta fundamental de Jesús: «¿Me amas?». A partir de este pasaje evangélico, el arzobispo de Madrid subrayó que la misión, también en el entorno digital, consiste en «apacentar», cuidar, unir y acompañar, especialmente en un contexto social marcado por la polarización y el conflicto.
Frente a la tentación de aprovechar el evento para ganar visibilidad o agitar el debate público, el arzobispo de Madrid propuso como clave pastoral el verbo apacentar: «Jesús no dice que aprovechéis al Papa para tener más seguidores. Lo que quiere es apacentar. Tranquilizar. Hacer que vayan juntos».
En este sentido, señaló tres ejes para la misión comunicativa de los participantes: provocar el encuentro personal con la pregunta de Jesús, invitar a alzar la mirada en un mundo que mira hacia abajo, y mostrar que la Iglesia es comunidad —diversa, armoniosa y capaz de reunir a todos— y no un mero evento mediático. «El Papa no viene solo. Cuando estemos todos reunidos, habla la Iglesia entera», afirmó.
Como imagen de esa riqueza, el cardenal recordó el reciente ensayo del himno de la visita en la catedral de la Almudena, donde se reunieron espontáneamente cerca de 800 personas de todas las edades, culturas y procedencias: «¿En qué otro sitio se reúnen para cantar niños pequeños, jóvenes y mayores? Eso es una buena noticia para todo el mundo. ¿Por qué no damos buenas noticias de lo cotidiano que tenemos?».
La ponencia de Monseñor Lucio Ruiz
La ponencia principal del encuentro corrió a cargo de Monseñor Lucio Adrián Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, quien ofreció una amplia reflexión sobre la identidad y la misión de los comunicadores digitales en el seno de la Iglesia. Comenzó con un triple agradecimiento: por la fe y la vida que los misioneros digitales llevan consigo, por su voluntad de compartirla más allá de limitaciones de tiempo, conocimiento o recursos, y por su deseo de llegar a quienes más lo necesitan. A partir de ahí, articuló cinco grandes expectativas de la Iglesia hacia sus misioneros:
Caminar juntos. Insistió en que la misión digital no es una tarea de francotiradores: «Nadie es francotirador en la Iglesia. El francotirador no tiene el Espíritu Santo». Desde la referencia a san Ignacio de Antioquía —quien pedía estar «afinados con el obispo como las cuerdas al violín»— hasta la advertencia sobre los enfrentamientos públicos entre misioneros digitales, que describió como «uno de los cánceres más grandes de la misión digital», situó la unidad como condición irrenunciable de la evangelización: «La unidad se defiende con los dientes, con la vida. No hay ninguna doctrina que justifique romper la unidad».
Una misión común con carismas propios. El secretario del Dicasterio animó a cada uno a ejercer su misión con personalidad propia y desde sus dones particulares, pero dentro de un proyecto compartido: «La misión una, y los colores, tantos […] Tenemos que salir a las periferias existenciales: las canchas de fútbol, las discotecas, las universidades, las calles».
Un primer anuncio, no una parroquia virtual. La misión digital, aclaró, no consiste en ofrecer en línea todos los sacramentos y servicios de una parroquia, sino en abrir puertas: «Como el Instagram de Jesús, que eran las parábolas: ese poquito que le abría el corazón y la mente, y después, cuando había un interesado, decía: ven y lo verás». Y añadió un llamado urgente: enriquecer la realidad presencial, porque «todos tienen terror de lo que pasa con la riqueza de la realidad virtual y nadie se preocupa de lo pobre que es la realidad real».
Llevar el mensaje de Jesús en el lenguaje de la gente. Destacó como una fortaleza específica de los misioneros digitales su capacidad de hablar el idioma de quienes están lejos, «yendo allá para traerlos aquí».
Escuchar qué esperan los misioneros de la Iglesia. El secretario del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano cerró su intervención dando la vuelta a la pregunta inicial y recogiendo las demandas que los propios misioneros digitales habían expresado: reconocimiento institucional, envío formal, acompañamiento espiritual, formación, comunidad y recursos materiales sostenibles.

Mesas de trabajo y panel de experiencias
A lo largo de las jornadas, los participantes trabajaron en algunas mesas temáticas: gestión de publicaciones y calendario editorial, material disponible y recursos compartidos, identidad y voz institucional, y narrativa y storytelling de fe. Las conclusiones de cada mesa alimentaron la reflexión colectiva sobre cómo articular una comunicación coordinada, plural y con identidad propia de cara a la visita papal.
El segundo día incluyó también un panel de experiencias en el que tres expertos, Emilio Ballesteros (@emilioballes13), Matilde Latorre (@matildelatorrede), y el padre Joaquín (@joaquinconp), compartieron sus experiencias en las redes. Además, Fran Otero, director de la revista Ecclesia, y Sara de la Torre, delegada episcopal de Medios de Comunicación de la Archidiócesis, ofrecieron claves prácticas sobre cómo narrar la fe durante grandes eventos y cubrir la visita papal sin perder la profundidad pastoral. También intervino Rocío Casas (@de_la_mano_llevame), aportando su perspectiva desde las redes.
«Comunicar para reunir. Narrar para crear comunión»
Las jornadas concluyeron el sábado con la Eucaristía, en cuya homilía el cardenal Cobo ofreció una lectura evangélica de la misión comunicativa a partir del relato de la resurrección de Lázaro. Señaló que vivimos en un mundo donde «la verdad se negocia, el relato pesa más que la realidad y lo que importa no es lo que es, sino lo que conviene». Frente a eso, la vocación de los comunicadores cristianos no es imponer ni ganar debates, sino servir a una verdad que nace del encuentro y se transmite en comunidad: «Comunicar para reunir. Narrar para crear comunión. No para alimentar trincheras».

El arzobispo de Madrid encargó a los misioneros digitales tres compromisos: buscar siempre la verdad de verdad, no la que conviene; ser artesanos de comunión; y hacerlo todo al estilo del Evangelio, «sin violencia, sin imposición, sin miedo, dando antes que recibiendo y siempre en comunidad».
El encuentro, que se enmarca en el proceso de preparación de la visita apostólica prevista para el próximo mes de junio, contó con la participación de personas implicadas en la comunicación digital desde diferentes ámbitos de la vida diocesana, y es expresión del esfuerzo de la Archidiócesis de Madrid por acompañar, formar y coordinar a quienes llevan la voz de la Iglesia en el entorno digital.
