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Lunes, 09 mayo 2022 12:30

Así fue la vigilia de oración por las vocaciones protagonizada por jóvenes: «Sí, Señor, aquí estoy, envíame»

Así fue la vigilia de oración por las vocaciones protagonizada por jóvenes: «Sí, Señor, aquí estoy, envíame»

Los jóvenes de la diócesis abrieron el pasado viernes, 6 de mayo, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, coincidiendo con la vigilia que cada primer viernes de mes celebran en la catedral de Santa María la Real de la Almudena. «El Espíritu de Dios –se pudo escuchar al comienzo de la celebración– sigue llamándonos incesantemente a convertir nuestra vida en un testimonio que revele la profundidad y la belleza de nuestro encuentro con Cristo». Durante la vigilia hubo precisamente testimonios de diversas personas «que han sentido cómo Cristo ha sido un antes y un después en sus vidas».

Tal fue el caso de los jóvenes Luis y Nerea, de la parroquia Beata María Ana, que se casaron hace un mes. Cuando se conocieron, Nerea «no era creyente porque no conocía nada de la Iglesia»; Luis le transmitió la fe y el año pasado, teniendo en cuenta que el sueño de Luis era casarse por la Iglesia, ella recibió los sacramentos de la iniciación cristiana. «Cuando quieres a alguien, y por amor, se pude hacer cualquier cosa, sobre todo algo bonito que a él [Luis] le hacía feliz». «Ahora nos queda toda una vida por delante, cercanos al Señor».

Adoremos mayo luis y nerea

También compartió su testimonio el padre Roberto, misionero javeriano de Indonesia, el país con mayor proporción de población musulmana. Él, que conoció la fe desde pequeñito en su familia, aseguró que «gracias al testimonio de mis padres yo puedo seguir a Jesucristo con alegría». En la vida de este joven dejaron huella los misioneros javerianos que evangelizaron a sus abuelos, transmitiendo «los valores auténticos de la vida, que se pueden encontrar en el Evangelio». El sacerdote decidió ser como aquellos a los que conoció, «con esta idea de la totalidad: hablar de Jesucristo con toda la vida, no solo con las palabras». «El Señor, que me ama, me llama y me acompaña siempre», aseguró, y animó a los jóvenes a no tener miedo a decir: «Sí, Señor, aquí estoy, envíame».

Entregada a Dios en castidad, obediencia y pobreza, Eva, hija de Cristo Rey, ofreció en la catedral su testimonio como consagrada desde hace 22 años. Cuando conoció a las religiosas, «yo ya tenía mi vida planeada: tenía planes de boda, un trabajo, pero estaba claro que Dios quería otra cosa de mí». Los «gestos sencillos» de cariño y de entrega de las hermanas fueron calando en ella; tanto, que decidió hacer el Camino de Santiago para aclararse «antes de tomar la decisión de mi vida». Y decidió entrar en la congregación, donde con el paso del tiempo recibió una llamada dentro de la llamada a ser misionera en Albania. Allí «hay poquísimos cristianos», pero Dios le ha dado el regalo de «poder escuchar a niños rezar el padrenuestro por primera vez», o poder llevar el nombre de Jesús a gente que nunca, «por la represión», habían oído hablar de Él.

Adoremos mayo religiosa

«Quiero confesaros por qué estoy aquí: porque he sido egoísta». Jesús será ordenado sacerdote el próximo 21 de mayo, en la catedral, y así comenzó su testimonio. Con 16 años, en un viaje a Roma con la Delegación Episcopal de Jóvenes, Jesús le dijo al Señor que «ni de broma» sería sacerdote cuando sintió esa llamada en su corazón. «Yo voy a Misa todas las veces que tú quieras –le insistió–, incluso mándame de misión, pero conmigo no cuentes para eso». Porque él quería casarse y «montarme mi vida». Pasó el tiempo, pero en «mi corazón había una promesa de felicidad mucho más grande de la que yo tenía». Por eso su decisión fue egoísta, «porque yo quería esa felicidad con mayúsculas que me daba el Señor». Miedo, dudas, dificultades, cruz… De todo ha tenido Jesús, «pero con el tiempo, pese a todo, crece la certeza de que el Señor te elige para un camino de plenitud […], te coge de la mano y nunca te deja solo».

Ver, escuchar y anunciar

Desde el presbiterio, junto a imágenes de un gran elenco de grandes santos de la Iglesia, el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, recordó que el Deja tu huella. Sé testigo, que era el lema de la jornada, tiene algo especial y lo conectó al Evangelio proclamado del encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús. «Estamos en un momento no fácil», en el que se necesitan «hombres y mujeres que sean capaces de construir la cultura del encuentro» haciéndolo «con la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo». Y esto no es una cuestión «de sentimiento»; es necesario «comprometerse con los hombres». Urgen, así, «laicos que radicalicen su vida cristiana» en el mundo, consagrados, sacerdotes...

El purpurado instó a que cada uno busque el lugar desde el que mejor puede construir esa cultura del encuentro, «al estilo y a la manera de Jesucristo», esto es, «dando la vida, regalando el amor». Dios ha querido elegir a personas «para que manifiesten su presencia». «El relato humanista de Cristo se necesita en este mundo», aseveró, no solamente programas económicos «o nuevas recetas contra el virus». Las circunstancias de hoy «nos están exigiendo una creatividad especial», se necesita presentar «la radicalidad del Evangelio».

Hay tres acciones que los discípulos de Cristo han de vivir, en palabras del arzobispo: ver, escuchar y anunciar. Cristo vive, recordó, «y quiere darnos unos ojos diferentes» para dar esperanza, y quitar miedos y dolor. «La Pascua es para abrir de par en par el corazón al anuncio del Evangelio, a la victoria de Dios sobre el mal». Y esto requiere de personas «que no regresan al sepulcro», sino que salen al mundo llevando «la alegría del Evangelio».

Al concluir, los jóvenes se trasladaron al Seminario Conciliar de Madrid, donde se mantuvo expuesto el Santísimo los días 6, 7 y 8 de mayo para los turnos de oración, en un fin de semana en el que la Iglesia de Madrid se unió a la del mundo entero para pedir por las vocaciones.

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