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Jueves, 26 febrero 2026 18:22

«La discapacidad jamás puede ser un problema pastoral»: la llamada a la inclusión de Martha Elizabeth Chuquipiondo en el X Ciclo de Conferencias para Evangelizadores

«La discapacidad jamás puede ser un problema pastoral»: la llamada a la inclusión de Martha Elizabeth Chuquipiondo en el X Ciclo de Conferencias para Evangelizadores

La parroquia de San Juan de la Cruz ha acogido la 12ª sesión del X Ciclo de Conferencias para Evangelizadores, una iniciativa organizada por varias delegaciones episcopales de la Archidiócesis de Madrid con el objetivo de ofrecer formación permanente a agentes de pastoral. 

Bajo el título «El evangelizador inclusivo», la sesión fue impartida por Martha Elizabeth Chuquipiondo, directora del Proyecto Naim (Asociación para personas con capacidades especiales), quien ofreció una profunda reflexión teológica y pastoral sobre la inclusión de las personas con discapacidad en la vida de la Iglesia.

Una Iglesia donde nadie es invisible

Desde el inicio, la directora del proyecto subrayó una afirmación clave: «La discapacidad jamás puede ser un problema pastoral porque, si la Iglesia verdaderamente es Cuerpo de Cristo, no puede haber ningún miembro invisible o secundario». Recordó que Jesús inauguró su misión proclamando que fue enviado a evangelizar a los pobres y dar vista a los ciegos, poniendo en el centro a los frágiles, no a los poderosos.

En este sentido, insistió en que el fundamento de la inclusión no es opcional, sino constitutivo de la misión eclesial. «La pregunta no es si las personas con discapacidad pueden comprender; la pregunta es si nosotros sabemos comunicar», afirmó.

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Los sacramentos son para todos

Uno de los puntos más relevantes de la sesión fue la aclaración sobre el acceso a los sacramentos. Chuquipiondo señaló que en muchas parroquias persisten dudas acerca de si las personas con discapacidad pueden recibirlos. Frente a ello, recordó que existen numerosos documentos eclesiales que afirman con claridad que ninguna persona puede ser privada de la vida sacramental por motivo de discapacidad.

Citando el Directorio General para la Catequesis, explicó que «las personas con discapacidad están llamadas a la plenitud de la vida sacramental, incluso en presencia de disturbios graves. Los sacramentos son dones de Dios y la liturgia, incluso antes de ser entendida racionalmente, pide ser vivida: por tanto, nadie puede negar los sacramentos a las personas con discapacidad».

Asimismo, remarcó que la imagen de Dios no disminuye por un déficit cognitivo o físico. «El valor, la dignidad y la identidad espiritual de una persona son inherentes a su creación por Dios y no dependen de sus capacidades físicas, intelectuales o sensoriales».

En esta línea, recordó las palabras del Papa Francisco en el mensaje para la VIII Jornada Mundial de los Pobres, cuando señaló que «no hay mayor pobreza que la falta de atención espiritual», y que nadie puede ser privado de ella.

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«No hacemos catequesis para ellos, sino con ellos»

Uno de los momentos más emotivos de la charla fue el testimonio personal de la ponente, madre de un hijo con autismo grado 2-3 y discapacidad intelectual, hoy de 18 años. Compartió cómo, durante años, se situaba con él en un espacio apartado del templo para «no molestar», hasta que descubrió que su hijo no era un obstáculo, sino un auténtico evangelizador.

«Yo escondía a mi hijo porque no quería molestar», confesó. Sin embargo, con el tiempo comprobó cómo su presencia suscitaba preguntas, encuentros y esperanza en otras familias que también tenían hijos con discapacidad. «Estas personas evangelizan, incluso más que nosotros. Su propia existencia, su fragilidad, es presencia de Jesús».

Por ello, insistió en un principio fundamental: «No hacemos catequesis para ellos; hacemos catequesis con ellos». Las personas con discapacidad no deben ser apartadas de la vida parroquial, sino reconocidas como miembros activos que también evangelizan.

Perfil del catequista inclusivo

La ponente presentó tres dimensiones esenciales del catequista inclusivo:

  • Dimensión espiritual: vida sacramental activa, oración personal, participación comunitaria y amor real a la Iglesia.
  • Dimensión humana: paciencia estructural, flexibilidad mental, capacidad de adaptación, escucha activa —verbal y no verbal— y una mirada no paternalista.
  • Dimensión pedagógica: capacidad de simplificar conceptos, centrarse en una idea principal, utilizar apoyos visuales y táctiles, conocimientos básicos sobre discapacidad y trabajo coordinado con la familia.

En este sentido, subrayó la importancia de evitar la sobrecarga de contenidos y de definir claramente qué mensaje central se quiere transmitir en cada sesión.

Claves prácticas y orientaciones específicas

Entre las claves generales de adaptación, destacó el uso de frases cortas, conceptos concretos, repetición estructurada y materiales visuales, manipulativos o auditivos, así como un ritmo más lento, con pausas y rutinas estables.

También ofreció orientaciones específicas según el tipo de discapacidad:

  • Discapacidad intelectual: estructura clara, un único concepto central, apoyos visuales (como pictogramas), repetición y evaluación individual con preguntas cerradas.
  • Discapacidad física: garantizar accesibilidad real, revisar rampas y espacios, promover participación activa y evitar la sobreprotección.
  • Personas sordas: comunicación visual, formación básica en lengua de signos, vocalización clara, evitar hablar de espaldas y subtitular vídeos.
  • Personas ciegas: descripciones verbales ricas, materiales táctiles, uso de objetos reales y espacios despejados.

Asimismo, destacó que la acogida a las familias es decisiva: si no se sienten comprendidas e integradas, es probable que los niños acudan solo para recibir la Primera Comunión y después se alejen de la vida parroquial.

La sesión concluyó con un decálogo que resume el espíritu de la catequesis inclusiva: no infantilizar, no presuponer incapacidad, adaptar sin rebajar el contenido, evaluar individualmente, integrar en la comunidad, no negar nunca los sacramentos, trabajar con la familia, poner a Cristo en el centro, no improvisar sin formación y dejarse evangelizar por ellos.

Entre los errores frecuentes señaló la sobrecarga de información, convertir la catequesis en terapia, separar permanentemente del grupo, utilizar un lenguaje excesivamente abstracto o mostrar impaciencia ante ritmos más lentos. 

Como idea final, Martha Elizabeth Chuquipiondo recordó una convicción esencial: «La discapacidad no limita la gracia».

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