Lo que comenzó en 2017 como «una pequeña aventura» de varias familias de la Parroquia San Benito Menni de Carabanchel se ha convertido, diez años después, en una experiencia que reúne a varias generaciones alrededor de un mismo deseo: «caminar juntos en la fe».
Este año han sido 88 peregrinos los que han completado el tramo del Camino Francés entre León y Ponferrada, desde niños, a partir de un año hasta personas de 74. Es el último tramo realizado dentro de un proyecto que comenzó hace cuatro años en Roncesvalles y que, si todo continúa según lo previsto, llevará a esta familia parroquial hasta Santiago de Compostela.
«Hacer el Camino de Santiago con la parroquia de San Benito Menni es un regalo de Dios para todas las familias y soñamos con seguir caminando juntos en la fe», explica la familia Lillo Caballero, formada por Christian y Marta y sus hijos, Cristina y Carlos.
Una parroquia que acoge y cuida
En 2017, comenzaron en Finisterre y llegaron a Santiago con la inexperiencia propia de quien se pone por primera vez en camino. «Hubo momentos en los que nos perdimos y etapas que resultaron especialmente duras», recuerda uno de los coordinadores, Malaquías Mangas. Después llegaron el Camino Portugués, el Inglés, el de Invierno, el Lebaniego Castellano hasta Santo Toribio de Liébana y el Camino Ignaciano hasta la cuna de San Ignacio, en Loyola.
Tras seis años, decidieron afrontar un nuevo reto: completar el Camino Francés desde Roncesvalles en varios años. Ya han recorrido los tramos de Roncesvalles a Logroño, de Logroño a Burgos, de Burgos a León y, este año, de León a Ponferrada. «Gracias al Camino encontramos esa gran familia de San Benito Menni, una parroquia que acoge y cuida, donde pequeños y mayores viven su fe en comunidad y juntos nos acercamos más y mejor a Dios», afirma.

«Un privilegio contar con nuestros sacerdotes»
Cada jornada comienza temprano. Después del desayuno, se lee el Evangelio y se dedica una primera hora al silencio personal. «Podemos contemplar la naturaleza que el Creador nos regala y también, en el silencio, mirarnos por dentro y darnos cuenta de las cosas que no nos gustan o que queremos mejorar. Así preparamos el corazón y vamos llenándonos de una alegría que no es pasajera», explica el coordinador.
Después de terminar cada etapa, las familias comparten la comida. A veces hay un baño en el río o en la piscina; otras, una barbacoa o una paella. También hay juegos, descanso y visitas culturales. Pero el momento culminante del día llega con la celebración de la Eucaristía. «Es un auténtico privilegio contar con nuestros sacerdotes, que nos acompañan espiritualmente las 24 horas del día. Podemos reconciliarnos con el Señor y, sobre todo, nos lo hacen presente todos los días al celebrar la Santa Misa», recalca.
Durante el camino han participado en las eucaristías que se han celebrado en las parroquias, basílicas, santuarios, ermitas o catedrales. «El espíritu se eleva al sentir la fuerza de la oración que, desde hace muchos siglos, miles de peregrinos como nosotros han rezado ante ese mismo altar, encomendando sus vidas y su Camino al mismo Dios que se sigue entregando por amor todos los días».
«El Camino, una metáfora de la vida»
Una de las características que más llama la atención es la diversidad de edades. Este año han participado los más pequeños, de uno y tres años, y el peregrino más mayor, de 74. En este sentido el coordinador señala que «es hermoso ver cómo los que eran niños hace diez años ahora ya son adolescentes o universitarios y asumen de manera natural el rol de cuidar de los más pequeños».
Asimismo afirman que «el Camino ayuda a la transmisión de la fe entre las familias, haciendo que algunas recuperen la práctica religiosa y otras profundicen en su relación con el Señor. Y es que, en el Camino, los mayores aprendemos de los pequeños y los pequeños de los mayores». «El Camino ha sido una metáfora de la vida».

Familia Vigah Carrión
Jude, María y sus cinco hijos (Alejandro, Pablo, Gonzalo, Mateo y Miriam) han vivido por primera vez la experiencia de caminar juntos con la familia de San Benito Menni. «Si hablas con la gente, siempre te dicen que es difícil diferenciar entre valentía y locura. Algunos dicen que estamos locos, otros que somos valientes. Pero esta valentía solo es posible porque la realizamos como familia de la parroquia».
Asimismo, para esta familia ha sido un aprendizaje. Al principio te sientes bien, pero según van pasando los días el cansancio aumenta y necesitas ayuda. «Esta ayuda ha venido de los compañeros de viaje». Había momentos en los que solos no podían y hemos recibido «el apoyo y el empujón de la familia de san Benito Menni para llegar a la meta».
Encontrarse con el Señor en el camino
Para María y Jude, el Camino ha supuesto «una oportunidad para encontrarnos con el Señor, precisamente en estos hermanos». Desde ahí han tratado de «ver y de sentir al Señor en cada mirada, en cada gesto, en cada abrazo, también en las palabras compartidas con la familia».
Uno de sus hijos recuerda que lo que más le ha gustado del Camino ha sido cuando llevaron todas las piedras a la Cruz de Ferro, «cargándolas». Otro destaca que cuando le llevaron en hombros y le dieron la mano para seguir caminando.

«La alegría permanece»
El cansancio aparece según pasan los días, recuerda Malaquías. El cuerpo acusa las largas caminatas, el poco descanso, las ampollas y el esfuerzo. Sin embargo, «la alegría permanece».«Es sorprendente ver la sonrisa en el rostro de los peregrinos, reflejo de la alegría del corazón, que hace que ninguno queramos que el Camino termine. Por ello, «ya estamos pensando en el próximo año».
El último día, recuerda el coordinador, vivimos otro de los momentos más esperados. Todos los peregrinos estrenan la camiseta conmemorativa del Camino y cantan el himno de San Benito Menni.
«No somos una peña»
Quienes los encuentran durante la peregrinación suelen sorprenderse y preguntar si son una peña. «Pero no, somos de una parroquia, y están felices porque tienen el tesoro más grande que se puede poseer y que es de una riqueza inagotable: «Jesucristo».
Después de 10 años, si algo destaca de nuestro Camino es «el profundo y arraigado sentimiento de familia que se respira y que se transmite entre todos los peregrinos, los que vienen por primera vez y los que llevan muchos años haciéndolo», concluye.
