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Lunes, 09 mayo 2022 14:06

La Virgen de Valverde vuelve a procesionar por Fuencarral y a recibir el calor de los fieles

La Virgen de Valverde vuelve a procesionar por Fuencarral y a recibir el calor de los fieles

Cuando Nuestra Señora de Valverde procesiona por Fuencarral, nunca lo hace sola. Por todos los que la acompañan en las calles y porque «nunca falta gente que vaya agarrada a la carroza», cuenta Francisco Rojas. El presidente de la Real Hermandad de Nuestra Señora de Valverde añade que tampoco falta ningún año gente que diga «le tengo que agradecer mucho porque me ha hecho un gran milagro». Asegura que, si hay algo que defina a Santa María en esta advocación es que es «muy milagrosa».

Este año, tras dos de pandemia recogida, la Virgen ha vuelto a salir en procesión el día 3 de mayo, junto al Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la fiesta grande de esta advocación que había estado precedida de una solemne novena. «Estábamos deseosos», reconoce Rojas, de recuperar «una tradición heredada de tiempo inmemorial». Presidió la Misa solemne el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, que durante la homilía trasladó a los presentes la idea de la unión con la comunidad parroquial, y el perdón y la misericordia como puntales en la vida de un cristiano.

Valverde fuencarral misa

Amiga de la Virgen de Atocha y de la Almudena

Que es muy milagrosa lo ha demostrado la Virgen de Valverde desde el mismo momento en que se dio a conocer. Cuenta la tradición que unos pastores descubrieron, el 25 de abril de 1242, la talla de la Virgen en una rama de una retama. Por tres veces la llevaron a la parroquia de la antigua villa de Fuencarral, y por tres veces la talla desapareció y volvió a aparecer en su retama. Los lugareños interpretaron este hecho extraordinario como un deseo expreso de la Virgen de tener una ermita en ese paraje.

En el mismo sitio donde estaba la retama se cavó un pozo para construir la basílica. Los hombres de la época no las tenían todas consigo, más bien desconfiaban de unos terrenos en los que no había agua. Pero siguiendo las indicaciones de la Virgen, comenzaron a trabajar la tierra y, contra todo pronóstico, brotó agua. El pozo tuvo reservas durante el tiempo que duró la construcción del templo. Nada más concluir, se secó. Hoy en día aún existe, ya sin brocal. Allí, la gente echa monedas y también papeles con sus peticiones.

Con culto ininterrumpido desde hace ocho siglos, se puede decir que la de Valverde es una de las advocaciones con mayor arraigo popular en Madrid. Lo comparte con las vírgenes de Atocha y de la Almudena, a quienes por cierto le una estrecha relación que viene de lejos. Considerada, como ellas, Virgen de campaña, Felipe II se las llevaba a las tres con la Armada Invencible. Volvieron a estar juntas otra vez en 2016, cuando se celebraron los 25 años de la coronación canónica de la de Fuencarral.

Valverde Fuencarral santuario

Santuario BIC

La talla actual de Nuestra Señora de Valverde es un reproducción de la original, que se perdió en la guerra civil. Casi una réplica porque la de ahora mide un poco más de los 40 centímetros de la antigua. Se conserva en el santuario de Valverde, que el año pasado fue declarado bien de interés cultural (BIC). Una gran alegría para la hermandad, que es quien custodia y cuida el templo, porque daba respuesta a una petición que se había hecho hacía ya bastantes años, en 1977.

A Francisco Rojas le gusta empezar sus explicaciones del complejo diciendo que «es un lugar que ha estado siempre en mente de nuestros antepasados los reyes, tanto de los Austrias como de los Borbones». De hecho, subraya, «en época de Felipe II se conocía como el segundo Escorial». En la actualidad, el santuario es diocesano, lo que implica que es un lugar reconocido de peregrinación y de especial relevancia dentro de la diócesis de Madrid.

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